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Columna

Cines extramuros

“El prestigio social de los teatros Cartagena y Heredia no admitía escándalo ni mal comportamiento del público, de ahí que, en tales casos, los regaños sociales eran más enconados...”.

RICARDO CHICA GELIS

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La clase letrada que publicaba en la prensa y producía documentos institucionales y de gobierno, acuñó la palabra extramuros. Pasa que el poder se manifiesta en la geografía, de manera que la palabreja tenía, al menos, dos sentidos. Un sentido técnico, se refería a la expansión urbana más allá del centro amurallado. Otro sentido era el de la vida cotidiana y eso significaba expulsión, exclusión y discriminación. De ahí sale el embuste de ‘las dos Cartagenas’, siendo que se trata de una sola ciudad, pues, unos siempre han vivido a expensas de otros.

Los teatros que aparecieron extramuros, marcaron el espacio urbano del cine en el siglo XX, a lo largo de dos ejes geográficos: la Avenida Pedro de Heredia y la Carretera del Bosque. En el primer eje estaban los cines Caribe, Atenas y Variedades en los barrios Torices y Daniel Lemaitre; Granada en el Barrio Chino; Colonial, en La Quinta; y, España en el barrio del mismo nombre. En el segundo eje se destacaban el Myriam, en el barrio El Bosque. Vale aclarar que existían más salas de cine, las cuales eran tenidas en cuenta o no, por las autoridades que regulaban este tipo de espectáculos; o tenían una existencia intermitente, es decir, los abrían o cerraban, según la dinámica del negocio de exhibición y sus ganancias. Es así, por ejemplo, que un recinto importante en el segundo eje de expansión urbana era el Cine América, también en el barrio El Bosque; y el Cine Blas de Lezo, en el barrio del mismo nombre y que aparece el 14 de julio de 1971, con el estreno de la película norteamericana ‘El muchacho y su montaña’ (1969).

El prestigio social de los teatros Cartagena y Heredia no admitía escándalo ni mal comportamiento del público, de ahí que, en tales casos, los regaños sociales eran más enconados; mientras que los desmanes que sucedían en la vida de los cines extramuros, más que regañada eran denunciados al borde de la criminalización, como cuando en El Universal aparece una nota titulada: ‘Constante amenaza se vive en los teatros de la urbe’, el 3 de junio de 1971:

“Cada día es mayor la grita que elevan los cineastas que residen en las afueras de la ciudad, por los graves hechos que a diario se registran en los mal llamados teatros, que son más bien sitios de reunión de toda clase de elementos antisociales, sin que las autoridades de policía les presten atención. En los últimos días hemos recibido quejas de personas que asisten frecuentemente a los teatros Colonial, Atenas y Myriam, quienes manifiestan que se hace casi imposible asistir a esos salones a distraerse, ya que quienes mandan la ‘parada’ son las cuadrillas de vagos, de marihuaneros y antisociales, que acuden todas las noches a ponerse ‘de ruana’ esos lugares. A todo esto la policía brilla por su ausencia”.

La clase letrada exponía a los cines extramuros al mismo bembeo de siempre.

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