Existe un debate jurídico de alto peso molecular en la Alcaldía de Cartagena, ante la solicitud de un privado de querer hacer un Congreso Internacional de Brujería, Hechicería y Espanto. Es cierto, en la ciudad se hacen congresos todos los días, eso lo sabemos todos, pero no siempre se pide un permiso en el Centro Histórico para hacer una carrera de escobas conducidas por brujas venidas de todas partes del mundo. Según los organizadores, a la ciudad llegarían unas quinientas brujas, sin contar los hechiceros, fantasmas, zombis, vampiros, jinetes sin cabeza y hasta “lloronas sindicalizadas” que están confirmados para tan especial evento.
Para el alcalde Turbay, la ciudad debe estar preparada para recibir a cualquiera, sin importar la temática, mientras paguen sus cuentas y no afecten al prójimo. Sin embargo, para el área jurídica no es muy claro la reacción de la población, en especial cuando también se tiene programada una cabalgata de jinetes sin cabezas. “Las demandas podrían ser millonarias”, dicen los abogados, “ante la cantidad de desmayados por espanto puro. No es un juego”. “Además”, prosiguió el jurista, “no me imagino una aseguradora expidiendo las pólizas de garantías a un señor descabezado que llegue a esa oficina”, remató.
El suscrito pudo conversar con el organizador y este me aseguró que el evento traería recursos multimillonarios a Cartagena. “Vea usted, estimado Rumié”, me dijo, “las brujas y los zombis jamás han escatimado en gastos, les encanta el whisky de 18 años y solo se hospedan en hoteles 5 estrellas”. Cuando le pregunté por la reacción de los otros huéspedes al ver llegar un zombi medio muerto o muerto entero a la recepción del hotel, el señor me cambió el tema y agregó: “¿Te imaginas un concurso internacional de ‘llanto tendido’ en pleno cementerio de Manga por parte del Sindicato de Lloronas? Sería tendencia mundial en redes y te aseguro que no quedará muerto enterrado en la ciudad. ¡Todos saldrán a divertirse! ¡Por fin podremos ver unidos a los de aquí y los del más allá!”.
La emoción del organizador era contagiosa y hasta me confesó que necesitarían voluntarios muy bien pagos para probar las últimas tendencias mundiales en brebajes y pócimas encantadas, incluyendo shows especiales abiertos al público para convertir a la gente en “ranas”, pero claro, con la promesa de revertir el menjurje con las famosas “contras”. Cuando le pregunté si vendría algún hechicero capaz de prepararle algo al presidente Petro para tranquilizarle el alma y reposarlo, me prometió que lo investigaría.
