Hace unas semanas, la Gobernación de Bolívar promocionó la entrega de unos puentes metálicos como un logro de la administración de Yamil Arana. “Lo prometimos y lo estamos logrando. Con estos puentes metálicos solucionamos rápidamente problemas de conectividad vial en veredas y corregimientos”, citaron varios medios como declaración del mandatario.
Lo que quedó por fuera de la reproducción generalizada del comunicado es que se trató de otra herencia atrasada del gobierno de Vicente Blel Scaff.
Resulta que ese gobierno contrató, por $87.331 millones, 29 estructuras que debían instalarse, en 18 meses, en las zonas rurales de Bolívar.
El Consorcio Puentes de Bolívar (Ingenierías y Construcciones del Cesar SAS y Lena Engenharia e Construções Sucursal Colombia) inició obras en octubre de 2021 y debía terminarlas en mayo de 2023. Ningún puente estuvo instalado para esa fecha y, en diciembre de 2023, antes de dejar su silla en Turbaco, Blel sólo alcanzó a inaugurar dos.
Desde entonces, el contrato ha tenido al menos ocho prórrogas y dos suspensiones. Para justificar sus incumplimientos, el contratista argumenta lluvias y crecientes que le impiden trabajar a buen ritmo, y problemas de orden público que golpean con fuerza el sur bolivarense.
La mayoría de esas prórrogas se han firmado bajo el gobierno de Arana, que le adicionó casi $1.000 millones al contrato. Ahora su valor total es de $88.317 millones. Aún así, faltan puentes y no todos se instalarán: el gobierno de Arana ya anunció que tres no serán construidos “debido a su localización”. Al final, el departamento recibirá 26, pero tras una ejecución retrasada y más plata que la inicialmente anunciada.
Lo que pasa con los puentes responde a un patrón que marcó la gestión de Blel: proyectos con retrasos reiterados y adiciones en tiempo y recursos. Lo mismo pasó con 11 megacolegios que adjudicó en 2021 y debían estar listos en un año. No lo estuvieron y ha sido Arana quien los ha inaugurado, promocionándolos como si fueran iniciativa suya y fruto de una ejecución expedita.
Y Arana logra imponer ese relato, en buena medida, por su inversión en pauta, redes sociales e imagen. Sólo el año pasado firmó con la empresa barranquillera Puerta de Oro, $3.700 millones para tal fin, una millonada que el gobernador defiende por tratarse de la comunicación de su gestión pública.
La comunicación es clave como parte de la rendición de cuentas, sin duda, pero esa tarea no incluye hacer pasar como noticias los publirreportajes, ni promocionar premios como si fueran decisiones independientes y no de uno de sus contratistas, como pasó por segundo año consecutivo con el galardón que le otorgó Publicidad Toro SAS.
La verdadera rendición de cuentas empieza por no maquillar obras heredadas ni intentar espectaculizarlo todo. Por mucho relato ‘cool’, el brillo de las redes no mejora la calidad de vida de la gente; vías, puentes y colegios entregados a tiempo, sí.
