Indicadores económicos
2017-04-24

Dólar (TRM)
$2.868,89
Dólar, Venta
$2.835,00
Dólar, Compra
$2.570,00
Café (Libra)
US$1,52
Euro
$3.069,13
UVR, Ayer
$248,80
UVR, Hoy
$248,84
Petróleo
US$49,62

Estado del tiempo
2017-04-22

marea

Marea min.: -12 cms.

Hora: 14:09

Marea max.: 11 cms.

Hora: 07:24

Dirección viento: Variable

Intensidad viento: 3 a 19 kms/h

Temp. superficial del mar: 27 ºC

oleaje

Cartagena-Islas del Rosario: 0.5 a 1.0 metro(s) de altura

Estado

estado
Mín. 26 ºC
Máx. 33 ºC

Pico y placa
2017-04-24

Hoy no salen los vehículos con placa:

Vehículos Particulares

De lunes a viernes 7 a.m a 7 p.m

5 - 6
Taxis
3 - 4
Motos
1 - 3 - 5 - 7 - 9

Alfredo Guerrero o la saga de la luz sin sombra

Independientemente de su connotación narrativa tradicional, una saga es ante todo una vicisitud poética, algo que la imaginación forja y tiene la virtud de maravillarnos. Los episodios y los hechos ligados a un evento dado se encadenan a contrapelo de lo esperado o deseado, adquiriendo la dimensión que los sitúa en otra esfera, en otra realidad.

A propósito del manejo de la luz en la pintura, el Caribe le introdujo un sesgo de personalidad único en la historia, cuando el venezolano Armando Reverón pintó paisajes de playas absolutamente sintéticos, en los que la luz era blanca. El importante aporte se produjo hace casi cien años. Claro continuador del impresionismo que le tocó vivir inmerso en el trópico nuestro, no en las afueras de París, el venezolano le supo incorporar a su obra la luz sin sombra de Piero Della Francesca.

Hablar de Reverón sirve para entender el planteamiento cromático de otro caribeño, el cartagenero Alfredo Guerrero, un pintor que le ha dado la espalda a los temas y lenguajes derivados de la modernidad vanguardista, para poder centrarse en una cuestión específica: la representación del volumen en el espacio bidimensional, teniendo en cuenta que las dos dimensiones de un plano, siendo reales y tangibles, pueden sugerir y hacer creer en una presencia tridimensional que, físicamente hablando, es ilusoria. A propósito entonces de lo ilusorio, eje fundamental de las preocupaciones pictóricas de Guerrero, ¿qué tipo de juegos plásticos se pueden derivar de la luz que baña un cuerpo y construye sus formas, inexistentes para la retina en la oscuridad total?

Después de verla y pintarla blanca durante muchos años, Reverón empezó a plasmar la luz de color sepia. Su aporte amplió nuestro modo de asumir y entender el entorno tropical. Esta valiosa lección que antecede a Guerrero y él, a su turno, amplía. Lo comprobamos en obras como las de esta exposición, en las que poco importa que se trate de imágenes relacionadas con exteriores o interiores porque, cualquiera sea el caso, lo cierto es que de su mano van saliendo volúmenes y formas cuya impronta lumínica puede ser sepia, o siena, o verde, desvaneciendo el color que usa en un determinado cuadro, incluso en un determinado detalle, color que resalta siempre etéreo, siempre leve y casi incorpóreo.

Antes que Piero, los pintores pompeyanos trabajaron sin sombras. Las tonalidades se yuxtaponían cortándose o fundiéndose, sin la mediación de líneas ni la creación de zonas oscuras que resultaran demasiado acentuadas. Recordemos que los pintores medievales europeos también hacían caso omiso de las sombras y entenderemos que Alfredo Guerrero se acoge, en definitiva, a una tradición que le permite, cuando trata el desnudo femenino de modo ortodoxo y pulcro, pintas masas ligeras en busca de una plástica verdaderamente pura.

Toca admitir entonces, que la preocupación esencial del pintor ha sido la pureza visual. A través de los años, con  tenaz insistencia, este cartagenero ha trasegado, no exactamente la perfección de la belleza de una forma dada, sino su presencia pura. De allí que el espacio tienda a ser despojado, con visos de desolación. Por eso los salones que pinta son vacíos y, en los cuadros panorámicos en los que nos deja vislumbrar la presencia del aire libre, el paisaje como tal no asoma. Las atmósferas carecen, en consecuencia, de ambientación  específica y los muebles están allí, en el cuadro, tan desnudos como las modelos que se ofrecen a la vista. Presenciamos, en fin, pinturas con aires de apuntes cuidadosamente pensados y compuestos.

Un apunte cuidadosamente pensado es, en el fondo, algo contradictorio. Plantearlo me obliga a considerar ahora, tratando de asir lo inasible, que estamos ante dibujos que pasan por pinturas sin adentrarse de lleno en la gama de los recursos tonales de la pintura. podríamos hablar también de fotos ligeramente veladas con la certeza, esta vez, de que no se trata de fotos. Pero ojo, Alfredo Guerrero dibujó en sus inicios numerosas fotografías. Recordar este antecedente me permite corrobar que estamos ante un constructor de imágenes que ha estado trabajando, como los fotógrafos, con la luz. En su concepto, la luz tiene color y él se la asigna a su antojo, no caprichosamente, sino artísticamente. Las sucesivas experimentaciones ensayadas por el cartagenero, al pasar de un color a otro a lo largo de años, constituyen la saga de la luz en la sombra que plantea el título de esta breve nota.



   * Texto crítico de Álvaro Medina en el catálogo de esta exposición de Alfredo Guerrero, promovida por la Fundación Arte es Colombia, que preside Francia Escobar de Zárate.

DE INTERÉS

Exprese su opinión, participe enviando sus comentarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los usuarios y no reflejan la opinión de www.eluniversal.com.co. Nos reservamos el derecho de eliminar aquellos que se consideren no pertinentes. Consulte los términos y condiciones de uso.

Para enviar comentarios Inicie sesión o regístrese