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Gerald Martin, biógrafo de monstruos

Tardó diecinueve años en la biografía de Gabo y quince años en el estudio de Miguel Ángel Asturias.

Tiene que ser algo monstruoso escribir una biografía como la que hizo el inglés Gerald Martin a García Márquez.

Una biografía  que abarca ochenta años de vida del escritor, trabajadas a lo largo de diecinueve años. Es una tarea abrumadora, demencial y triste.  Él me dice que él no sabía lo que era hacer una biografía antes de hacer la de García Márquez. Tampoco cree que será igual hacer la biografía de Mario Vargas Llosa.

Me cuenta que Vargas Llosa además ha sido un hombre riguroso y ordenado en la sistematización de todo lo que hace y escribe, incluyendo las cartas que ya están en la Universidad de Princeton. Tiene cuatro secretarias y guarda e absolutamente todo lo que escribe y no hay nada que deje suelto. En el caso de García Márquez  fue complicado para Gerald Martin iniciar su biografía, porque no contaba con estos archivos.

Pero los tiempos han cambiado. Cuando empezó con la biografía de Gabo no contaba con el apoyo de Internet ni de Wikipedia. “Yo era un desconocido”. Y le hace gracia que el mismo Gabo dijera en mamadera de gallo que escritor que se respete debe tener un biógrafo inglés.

Para Gerald las nuevas tecnologías son una herramienta maravillosa. Pero un biógrafo tiene que comprobarlo todo. Le pregunto cómo hizo con la vida secreta de Gabo. Y cómo se atrevió a contar algo que pudo haber afectado a la familia: el amor secreto de Tachia Quintanar en el París de sus veintiséis años. Y Gerald me responde que más allá de la admiración y el respeto a su biografiado y a su familia, él va en busca de la verdad de una vida y de las verdades que han sido esenciales en la vida de ese escritor. Para él Tachia es importante en la vida de Gabo, y si no lo fuera no aparecía en Cien años de soledad, en sus memorias y en algunas de sus columnas periodísticas.

Cuando conoció personalmente a Gabo en su casa de la Habana en un festival de cine, le propuso hacer su biografía, y él confió en todo momento en que Gerald era el hombre que asumiría esa misión. Siempre confié antes de hablar y conocer personalmente a García Márquez, que él aceptaría que yo escribiera su biografía. Él siempre creyó que yo lo haría. Confiaba en que cumpliría mi tarea. Alguna vez me dedicó uno de sus libros escribiendo: “Para Gerald, el loco que me persigue”.



Lo único que me pidió: No me pongas a trabajar. Cuando el libro salió hubo cierto malestar en la familia de García Márquez por las alusiones a la vida secreta de los padres del escritor, e incluso hubo cierta reacción no del todo efusiva del biografiado, que en todo momento y para siempre consideró a Gerald un hombre serio al escribir su biografía. Gerald no se considera amigo de Gabo, pero a lo largo de casi veinte años, las cercanías con el escritor y la familias fueron cordiales, cálidas e inolvidables, hasta el punto que el inglés terminó siendo reconocido como el Tío Gerald. Y para algunos familiares de Gabo, “Un tío del carajo”. Pero Gerald se ríe de esta anécdota y me atraviesa con sus ojos azules: “Mira, qué piensas hacer con todo esto que estoy contando?”, me advierte que no todo puedo contarlo, por supuesto. Y Jaime García Márquez que está a mi lado dice que no hay cosa más peligrosa que hablar delante de un periodista. Pero yo le advierto que jamás seré infidente. Demasiado respetuoso de las confesiones.

Me cuenta que al enterarse Mario Vargas Llosa de su propósito de hacer la biografía, esto lo tomó como una sorpresa. Gerald conoce a Vargas Llosa desde 1970. En 1978 le escribió para anticiparle que algún día haría su biografía. En 1980 Vargas Llosa le prologó uno de sus libros. Ahora ha puesto a su servicio, archivos y espacios de su vida para escribir su biografía. Hace poco se vieron y Vargas Llosa le preguntó por qué momento de su vida estaba en su investigación y Gerald le dijo: “Ahora tienes 19 años”. Gerald dice que fue a Cochabamba a estudiar los diez años que vivió Vargas Llosa y se encontró con la sorpresa de que él había vivido en Cochabamba a cuatro cuadras y media del escritor. No sé por qué Gerald cree que yo voy a preguntarle el asunto tan repetitivo y manoseado del puñetazo que propinó Vargas Llosa a Gabo, porque Gerald ha levantado de pronto el puño al aire frente a mí, y lo que va a decirme es que Vargas Llosa es un hombre que ha enfrentado muchas crisis en su vida y  ha salido airoso, gracias a su enorme imaginación, creatividad y laboriosidad. Siempre he creído que allí hubo un gran malentendido que Vargas Llosa asumió de manera impulsiva y precipitada. Me duele que en el otoño de los escritores, los dos no hayan dado el ejemplo al mundo de una alianza más allá de sus egos monstruosos.

Gerald dice algo sabio en esta tarde: las vidas de Gabo y Vargas Llosa son vidas distintas y paralelas. Es como el libro de Plutarco, me dice Gerald Martin: “Vidas paralelas”.

Mientras Gabo es el griego, el dionisíaco, un genio clarividente, Vargas Llosa es el romano, el rigor académico, el escritor infatigable y laborioso que a lo largo de su vida ha escrito en tres tomos de más de mil páginas cada uno, su obra periodística, y ha escrito una obra ensayística y académica gigantesca paralela a su obra de ficción. 

Gerald Martin dice que la sola obra académica de Vargas Llosa ha rebasado la obra de seres que consagraron su vida a la academia. Y él ha ido más lejos aún: haciendo ensayos, novelas y opinando en los periódicos. Es impresionante. Gerald se sonríe con picardía y dice que si se gastó quince años en la investigación del guatemalteco Miguel Ángel Asturias y diecinueve en García Márquez, ya no tendrá vida para escribir la genealogía total del realismo mágico. Eso que lo haga alguien. Un genio del Caribe, dice burlonamente.

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