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Cuando la sangre es noticia

“Habemus muerto”, le escribió hace unas semanas, tipo 6 a.m., una reportera de Judiciales de este medio a su editor por WhatsApp. El mensaje iba acompañado, además, de varios emoticones que evidenciaban su felicidad.

Por esos mismos días, otra periodista de Sucesos hacía su acostumbrado recorrido en uno de los carros de este matutino y no encontraba nada para llenar sus páginas sensacionalistas. A lo que pensó en voz alta: “Ay, Diosito, mándanos un muertito. Uno solo, por favor”.

Situaciones como estas ocurren a diario en los medios de comunicación, en donde, por el afán de vender y producir, sus empleados se dejan absorber por la rutina e inconscientemente desnaturalizan un hecho tan fatal como es la muerte.

Según el docente e investigador Ricardo Chica Gelis, para analizar el género periodístico comúnmente conocido como judiciales, sucesos o crónica roja, hay que hablar del concepto explosión periodística, explicado por el español Lorenzo Gomis en su libro Teoría del periodismo.

“La explosión periodística o noticiosa no es más que un acontecimiento que constituye una sorpresa, un hecho insospechado e inesperado. La explosión noticiosa casi siempre está relacionada con la mala noticia, y la mala noticia casi siempre involucra una pérdida de vida o varias en circunstancias absolutamente impredecibles”.

Pero, ¿cuándo nos comenzó a parecer tan normal un muerto? ¿Por qué esa insensibilidad? ¿Es posible tratar como material de trabajo la tragedia de un semejante?

Chica Gelis explica que puede estar relacionado con que la noticia se produce en el marco de una organización, es decir, en las empresas periodísticas. Dichas organizaciones ponen a funcionar cinco niveles: el primero es el individual: el periodista está obligado a producir una noticia.

“Entonces entran otros elementos que inciden en la producción de una noticia: si es hombre o si es mujer; si es joven o una persona mayor; si el periodista salió de una universidad o es empírico; si está muy marcado por una religión o es agnóstico. Todos esos elementos marcan una impronta en la producción del hecho”.

El segundo nivel tiene que ver con las rutinas profesionales. Todos los periodistas tienen que cumplir unos ritos: un consejo de redacción, salir luego a la pesquisa. Para ello cuentan con unos recursos como un fotógrafo, un conductor, una camioneta. Este nivel hace que se profesionalice el oficio de la producción de las explosiones noticiosas.

El tercer nivel es la condición organizacional. El cuarto es el contexto, donde -dice el investigador- se está viviendo una guerra social, distinta al conflicto armado.

“La guerra social son las distintas manifestaciones de la violencia: violencia intrafamiliar, contra sí mismo, barrial, inseguridad urbana, violencia contra la mujer, los niños, la disputa por el espacio, porque sentimos que no cabemos; violencia por el estrés, por la falta de plata, por todo. Entonces ese contexto de guerra social es el material con el que trabaja ese periodista y de ahí es donde saca Lorenzo Gómis la explosión noticiosa”.

El quinto nivel es el ideológico y está relacionado con el sistema capitalista y la necesidad de vender cueste lo que cueste. Las imágenes sangrientas en primera plana es el gancho que motiva a la gente a consumir, que es lo que finalmente le interesa a los dueños de las empresas periodísticas.

SIN MUERTO, NO HAY EMOCIÓN 

Edwin Torres lleva 5 años como editor de El Teso. Pero antes estuvo 10 en la sección de Sucesos de El Universal y otros 9 trabajando en el periódico La Libertad, para un total de 24 años haciendo crónica roja.

-¿Cómo es un día sin muertos?-pregunto.

-Es un día tenso, angustiante y aburrido.

Si no hay muertos, el periódico que coordina no se vende igual. Necesita una buena foto para la portada y una historia que “cumpla con todos los ingredientes básicos, como la de hoy (martes)”.

Y saca, con orgullo, el ejemplar que tiene en la portada la foto de un joven baleado por un policía. La piel blanca del muchacho contrasta, terriblemente, con su sangre. Eso, más el enorme titular que lo acompaña: “Desgracia”, sirven de gancho para captar más lectores.

No sólo visualmente es justo lo que necesitaba para abrir, sino la historia que se teje detrás del hecho: la sensación es que se logró un excelente cierre de edición. “A este señor (el papá del muerto) se le quemó el jueves santo su local de toda la vida en el Mercado de Bazurto. El tipo perdió todo. Entonces ayer (lunes) vienen y le matan al hijo, quien, supuestamente, había salido a vender la moto para ayudarlo con la plata a recuperar parte del negocio. Me parece más noticia el drama del señor, que el mismo muerto. Aunque sí exploté la foto del cadáver”, explica.

Cree que la misma cotidianidad ha hecho que pocos acontecimientos lo sorprendan. Reconoce que con los años que se ha vuelto insensible. De todos los cubrimientos que ha realizado, el que más recuerda fue cuando trabajaba en Barranquilla, en el diario La Libertad. Le informaron sobre una masacre en el pueblo flotante de Nueva Venecia (Ciénaga Grande).

“Cuando llegamos, el único pedazo de tierra era la iglesia, que tenía una plaza enfrente. Bueno, en ese pedacito había 40 muertos tirados. Yo me quedé en la canoa y el fotógrafo tuvo que montarse sobre uno de los muertos para poder hacer la foto. Nada más el hecho de ver al reportero gráfico sobre un cadáver fue impactante”.

HAY QUE VOLVER A LA CRÓNICA DE ANTAÑO 

No es un secreto que el periodista se ve afectado por una serie de dilemas, pero al final sabe que no puede dejar de reportar, de decir la noticia. Entonces, ¿qué debe hacer?

Para Chica Gelis, el periodista debe seguir practicando los elementos mínimos del periodismo, como por ejemplo, confrontar las fuentes. Cree que se ha perdido la investigación, la expectativa y los elementos literarios propios de la crónica roja que apareció en los años 30 y 40 en Estados Unidos y en los grandes centros urbanos de América Latina.

“En la crónica roja de antaño te contextualizaban, te daban información, jugaban con la expectativa, no se quedaban solamente con la nota descarnada y la fotografía sangrienta, no. Había toda una vivencia y sensibilidad que tenía que ver con esa nueva faceta de la vida urbana, que era el crimen: la mafia, las sociedades secretas, el mundo de las prostitutas y el cabaret. Todo ese desapareció. Yo sí lamento mucho eso”.

EL MUERTO VENDE

A la entrada de este diario está Víctor Pérez. Trabaja como auxiliar de contabilidad y cajero. Es quien recibe el dinero de los voceadores. Me explica que el día que más se vendió el Q'hubo fue cuando mataron a Jesús María Villalobos, mejor conocido como “El perro”.

No sólo por la foto sanguinaria que se pudo conseguir a través de un policía que la tomó, sino porque era un personaje que representaba una tradición popular y que varias generaciones conocían.

“No era cualquier muerto: era 'El perro'. Esa foto no la tenía nadie, nada más nosotros. Me acuerdo que fueron 22 mil los ejemplares que tocó imprimir”, dice el cajero.

MÁS QUE MORBO, MIEDO

Pero, ¿por qué producen tanto morbo este tipo de publicaciones? De acuerdo con Chica Gelis, la gente que lee crónica roja más que morbo, siente miedo de que le ocurra algo parecido.

Explica que el miedo viene siendo una fuente de imaginarios sociales; es decir, un recurso colectivo que sirve para cuidarse a sí mismo.

“¿Qué te da miedo? La noche, ciertos espacios por donde no te puedes meter, ciertos barrios, ciertos lugares, ciertas situaciones, por ejemplo, las aglomeraciones. El miedo se va constituyendo en un criterio para poder habitar la ciudad”.

Afirma que el miedo es lo contrario a la confianza, y eso acaba con un patrimonio que es crucial para la buena convivencia: la buena fe.

“Me parece gravísimo que las relaciones entre nosotros estén marcadas por el miedo. Por lo que leemos en las noticias, no podemos confiar ni en la Policía. Terrible”.

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Comentarios

La crónica roja

En los diarios latinoamericanos la denominada crónica roja tiene un espacio bastante amplio y en algunos medios es dominante. La razon? La idea de que es mas facil contar una historia de una desgracia individual que aventurarse en asuntos mas complejos. Un reportero cuenta con detalle como mataron a una persona, para donde iba o de donde venia, que habia dicho unas horas antes del suceso con la finalidad de hallar algunas premoniciones. Y hasta alli. El ejemplo lo tenemos en este diario con las noticias recurrentes de homicidios en Nelson Mandela, Olaya Herrera y las otras alejadas del centro de la ciudad o de las zonas residenciales de mejor prosapia, al menos en lo economico.
El profesor Chica habla de que el capitalismo impone un determinado relato y se puede concurrir con el en que eso es cierto solo hasta un punto. Porque la verdadera razon para el entorno que nos presenta el cronista que suscita este comentario es la desconexion del narrador con su entorno. Porque ve al muerto como un elemento externo a quien escribe, esa victima no me atane emocionalmente porque no lo conozco, no vivia en mi cuadra ni siquiera en mi barrio. Era blanco yo soy negro o viceversa. Ese desprendimiento emocional del otro es lo que lleva a mucha gente a consumir el material que traen publicaciones como El Teso, Q'Hubo y otros del mismo genero.
Un ejemplo, la semana que pasó EL UNIVERSAL trajo la informacion del incendio intencional de una vivienda en una zona del barrio Arroz Barato, en esta ciudad. El fuego no fue fortuito sino provocado por un criminal de la zona despechado porque la propietaria de la vivienda no ha atendido sus requiebros amorosos. La senora cuenta que en diversas ocasiones le dijo que no habia modo ni manera que eso sucediera. Todos los dias hay mujeres que no aceptan tener una relacion con un individuo y hasta alli uno diria que todo fue rutina.
Pues el criminalito de la historia decidio vengarse y en la noche rocio combustible en las paredes de tablas de la casa y en el techo y le prendio fuego mientras la mujer y su familia dormian. Se salvaron gracias a un perro que los alerto. El segundo perrito murio porque estaba atado en la zona donde comenzo el fuego.
Si el reportero que cubrio esa informacion hubiese tenido mas tiempo o curiosidad entonces hoy sabriamos quien es la senora victima de este sujeto, como hace para sobrevivir todos los dias, en una palabra, el drama humano de una persona con tan escasos recursos economicos que ahora tiene la desgracia de perder lo unico que podia ofrecerle cierta seguridad: el techo sobre su cabeza aunque fuera tan debil como este que se quemo. Es el interes en el individuo lo que hace interesante a la cronica de sucesos, porque en cada titular hay una desgracia y ella obviamente toca a otro de nosotros, aunque no lo conozcamos.
Los reporteros que claman a Dios porque les mande un muertito sencillamente estan perdiendo el tiempo en el oficio de escribir. Se empieza por escribir en un diario para afinar las artes para un trabajo mas depurado adelante, ya sea de mnera individual o en el mismo entorno del periodismo. Un reportero que hoy le ruega a Dios que le mande un muerto, no podria imaginarlo de escritor de editoriales, porque entonces rogaria porque nos cayera un meteoro. No es el capitalismo, es que la cultura nuestra tiene poco respeto por la vida. A nosotros nada nos conmueve y cuando algo alucinante sucede como el asesinato de los cuatro menores en Caqueta, eso es flor de un dia. Es que en eso nos parecemos a la cultura islamica, ellos entierran a los muertos a pocas horas de morir; nosotros estamos pendientes del muerto mientras esta fresco. tres dias despues ni nos acordamos del asunto. Han visto uds. alguna noticia sobre las verdaderas razones del asesinato de los menores en Caqueta? No la hay porque el periodismo colombiano es como los ninos con deficit de atencion, enfocados un ratito y despues ni recordamos que alli haya sucedido nada.
Pero eso no siempre fue asi en Cartagena, porque aqui hubo una leyenda del (no digamos del crimen) delito a quien llamaban Pájaro Verde. No se si realmente exitio pero los relatos que contaban los abuelos eran fabulosos, eran material para una novela y si los britanicos tenian a Robbin Hood los cartageneros teniamos a Pájaro Verde. Es cuestion de comprender que un homicidio y su foto no es la cuota de sangre necesaria para vender la edicion del dia. Sino es que una desgracia que nos golpea a todos. Perdonen la lora.

Lora Perdonada!, perdóneme la mía!

Perdonada la lora amigo forista!... Plasmo ahora mi humilde opinión: En ciertos puntos estoy muy de acuerdo con usted y quien es el autor del articulo... en otros no tanto. Simplemente queria manifestar que desafortunadamente las frases que el autor plasma como "insensibilidad" y "falta de humanidad" de los periodistas, tambien son frases de muchos cartageneros. Es que he visto con malos ojos una y otra vez cuando en las esquinas en que se venden diarios exclaman "q hubo esta bueno", o "El Teso esta potente" y todos sabemos que eso solo ocurre cuando hay una foto de un muerto ensangrentado en primera página, indistintamente de que la historia contada sea o no mas interesante que la misma foto. Otra cosa que me llama poderosamente la atencion es que el autor critica a sus colegas como si nunca antes le hubiese rogado a Dios que le regale una buena noticia, una buena nota, un buen tema (sin intentar de ninguna manera justificarlos, solo intento entenderlos). Y es que apostaría lo que fuera, que agradeciò al cielo el bombillo que se le encendió al lado y la inmensa sonrisa y satisfacción que sintió al pensar en escribir sobre este tema que muchos critican y que en Cartagena se ha convertido en un tema de Cultura. Lo que sí creo desde la barrera, es que no debe ser nada fácil perseguir a un muerto y su historia, si fue bueno o malo, si se lo merecía por ser una “lacra” o no, entrevistar a una madre dolida, a una esposa desconsolada, o simplemente no tener a quien entrevistar (porque nadie quería al muerto) para completar lo que intentan plasmar objetivamente y encima de todo la presión de las Directivas porque el consumismo y la cultura Cartagenera nos indica “que la sangre vende” … y mucho! Por este hecho me les quito el sombrero a los Periodistas de Judiciales porque se esmeran por cumplir con las expectativas de ambas parte, arriesgando su integridad física. De lo que si estoy segura es que al caer el día, recuerdan con tristeza cada vida detrás de la muerte que han contado pero también la satisfacción de haber hecho bien su trabajo. En base a esto, los malos son quienes matan, quienes atracan, quienes violan, quienes generan tragedia, no un humilde periodista que persigue la noticia para satisfacer a quienes no la pudieron ver en vivo y en directo.
Por ultimo respetable autor... es un tema buenísimo como para ganarse un gran premio en su gremio, pero le faltó un 85% de análisis y de crítica constructiva, se limitó a reproducir comentarios que encontraríamos en las redes sociales con solo publicar el título y un pequeño abstrac de lo que usted intentó plasmar. Adicional a eso, hubiera aplicado más que otorgara la autoría del artículo al Respetado Dr Ricardo Chica a quien admiro mucho, pues particularmente al leer su artículo a mí me quedó faltando… creo que trabajó solo desde lo externo, como un observador más de una parte de la sociedad (de la cual hago parte) que tilda de “amarillismo” los sucesos contados de esa manera. Gracias y perdón por la lora!