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Humberto Bayuelo: Es imposible alejarse del bate y la manilla

Con el béisbol probó la hiel de la derrota y la miel del triunfo. “Cuando yo me pongo el uniforme, me transformó. Me entra hambre de ganar”.

Humberto Bayuelo Zetién, el mejor segunda base de la selección colombiana de béisbol amateur, durante la década del 70, cumple el 18 de julio de este 2010, 63 años.
Se retiró temprano del béisbol, cuando apenas tenía 34 años. Probó suerte en la categoría profesional, se ganó el título de mejor manager de Colombia en el 1989 y se divirtió con el sóftbol hasta el 2006 cuando su corazón no resistió más el ajetreo del juego.
Cuatro arterias tapadas lo hicieron candidato inmediato para una cirugía de corazón abierto, de la cual salió victorioso.
Su vida la dedica ahora a encontrarse por las mañanas, en el Centro, con varios peloteros de antaño, en los alrededores de la avenida Venezuela, con quienes recorre los casinos de la zona, “no tanto para jugar, como para tomar un poco de fresco en el aire acondicionado”. Los fines de semana dirige un equipo de sóftbol, para no perder la maña. “Es imposible alejarse del bate y la manilla”. Yo quisiera volver a jugar, pero mis hijas no me dejan por salud, a mí también me da miedo. Muchos amigos peloteros han muerto de corazón, mi mamá también mis tres hermanos también, Soy él único que queda vivo de los hijos de doña Carlota”.
Vive arrendado en el barrio El Campestre, donde comparte su vida con Norma Domínguez, con quien lleva 40 años de casado. Los afanes económicos no lo perturban. Sus tres hijos, Humberto Junior, a quien tuvo por fuera del matrimonio; Carmen de Jesús y Lilia Bertha, son ya mayores de edad y profesionales.
La pensión de la Empresas Públicas y la pensión vitalicia que le dio Coldeportes por haber hecho parte del seleccionado que quedó sub campeón en Cuba, le alcanzan para llevar un ritmo de vida moderado, acorde a su estilo.

De niño, ¿Alguna vez le pasó por la cabeza ser un beisbolista famoso?
-¡Claro mija! No sé si de fama o no, pero siempre quise ser un pelotero. Yo nací en el barrio La Esperanza, barrio de deportistas. Era apenas un niñito como de 7 años cuando veía pasar por mi calle de Pasa Corriendo a Óscar Luis, a Armando Llerena, a Tomás Moreno; peloteros de renombre de esa época y me ponía a imitarlos. Los admiraba y quería seguir sus pasos.

¿Cuál fue el primer equipo de béisbol que integró?
-Los Tigres del Prado en la categoría infantil. El señor Jesús Escorcia, que aún vive, me enseñó las jugadas que me llevaron a ese equipo competitivo. Pasé por todas las etapas y con honores hasta llegar a la primera categoría. En la categoría infantil fui champion short de un campeonato en Santa Rita.

¿A qué edad firmó en primera categoría?
-Tenía entre 16 y 17 años. Me había retirado de los estudios porque me llamaba más la atención ganar plata. Llegué hasta segundo de bachillerato y mi papá, que era militar y jefe de los talleres en la Base Naval, en castigo a eso me llevó a trabajar con él y empecé como ayudante de soldadura. Fue en la Base donde firmé para primera categoría, precisamente para jugar con el equipo de la institución. Duré cuatro años ahí. Era compañero con Alejandro Lián, Wilson Guerrero, José Jiménez y otros.

Sus logros más exitosos los consiguió con Conastil ¿Quién lo llamó para este equipo?
-Después de la Base Naval jugué en Kola Román, ahí conocí a Abel Leal y al Ñato Ramírez. Al año, la Base creó a Conastil y esta empresa armó su propio equipo con casi los mismos peloteros que tenía en la nómina de la base.

¿Cuáles fueron sus méritos para integrar las selecciones de Bolívar y Colombia?
-Mis condiciones. Yo entré a los dos seleccionados casi al tiempo de firmar en primera categoría. En el 65 me convocaron para integrar la selección Colombia que iba a jugar en la serie que ese año se realizó en Cartagena, pero Tony Pacheco dijo que estaba muy pelao y no me escogió. La verdad no me sentí mal, apenas tenía 17 años y llevaba un añito en la Base. Ese mismo año, el “Capi” Castillo (fallecido) me llamó para la selección Bolívar.

¿Qué tal le fue?
-¡Mal! Inicié en la selección Bolívar, en la peor época. Fueron los tres años: 65, 66 y 67 en que Bolívar perdió consecutivamente los campeonatos nacionales. En el 65, en Barrancabermeja perdimos con Atlántico, al año siguiente volvimos a perder con Atlántico, pero en Barranquilla; y en el 67 fue peor porque perdimos en casa, con Antioquia y quedamos en el tercer puesto. La afición nos quería comer vivos.

¿Cómo recuperaron el honor?
-Dos años después, en el 69, en Montería, cuando Alcibiades Jaramillo se vistió de gloria. Era un pitcher excelente y puso más de 50 ceros consecutivos.

¿Cuál es el partido de un campeonato nacional que más recuerda?
-En el que le ganamos a Atlántico en Santa Marta y nos coronamos campeones, en 1972. Ese recuerdo lo tengo fresquito porque mi mamá tenía dos meses de muerta. Íbamos perdiendo el campeonato y cuando Abel Leal salió a batear le dije: compa hágalo por mi mamá, péguele un jonrón y preciso Abel dio un jonrón que empató el juego enseguida. Nos fuimos a extra inning y ganamos el partido.

¿Qué recuerdos tiene de sus salidas a otros países?
-(Risas) Muchos, pero uno de los que más risa me da, lo vivimos en Canadá. Nos invitaron a una serie y nos dijeron que era época de verano. Nadie llevó ropa para frío. Allá titiritábamos con ese hielo. Nos pasaron varias cosas graciosas. Los últimos días no salíamos de la villa ni a comer, preferíamos mandar a la mascota (al que les cargaba los bates) a traernos unos maletines llenos de manzanas, uvas y naranjas porque no dejaban trasladar comida del comedor. Lo que más nos dio risa fue con lo que salió Milciades Mejía, barranquillero, el mejor tercera base que ha dado Colombia. Le pegaron un batazo en la cabeza (risas) en un partido contra Nicaragua, en el que nosotros estabamos como congelados, estaba lloviendo granizo; y cuando llega al camerino dice con esa jocosidad: ‘vea usted donde he venido a dejar mi prestigio, en el estadio de Montreal, Canadá. Esa fue la vaciladera grande hasta que llegamos a Colombia.

¿Dónde estaba el poder de la selección Colombia de esa época?
-Logramos conformar un infield que dio de qué hablar en todos los campeonatos a los que fuimos. El infield de Colombia era Bartolo Gaviria, en primera base, mi persona, en segunda; el Ñato Ramírez, en el short; el fenómeno de Abel Leal, en tercera. Además teníamos de catcher a Marcial Del Valle y a Evaristo Martínez y de pitcher a los hermanos Orlando y Nelson García.

¿Cómo le fue en el béisbol profesional, tanto deportivamente, como monetariamente?.
-A mí me fue bien. Después de jugar 10 años en Conastil me retiré por una diferencia que tuve con un supervisor. Me ofrecieron jugar béisbol profesional con el equipo Torices y acepté. Me pagaban mensualmente más que lo que ganaba en Conastil, pero no me daban prestaciones sociales.

¿Cuántos años duró en la categoría profesional?
-Cuatro años. No tuve logros destacados. Jugué dos años en Torices y dos años en Los Indios. Después me fui a navegar durante cuatro años en un barco del dueño de Café Universal, que era el mismo dueño de Los Indios. Nos movíamos por Suramérica, Centroamérica y Norteamérica. Los viajes me sirvieron para visitar a muchos amigos que hice en distintos países donde estuve por medio del béisbol. Un diciembre me aburrí de tanta agua y tanto sol y estando en Panamá me devolví para Cartagena.

¿Cómo logró pensionarse, entonces?
-Después de navegar, trabajé dos años como entrenador de la Universidad de Cartagena y luego un amigo, Orlando Díaz Rojas, me presentó a Rafael Martínez, gerente de las Empresas Públicas y él me dio trabajo. Comencé como inspector de alcantarillado, de lo cual no sabía nada, pero gracias a Dios me encontré con unos ingenieros que me enseñaron mucho y terminé 15 años después como inspector de redes. Hay que reconocerlo, esa oportunidad fue gracias al béisbol.

¿Por qué fue manager de Bolívar un solo año?
-En el año 89. Quedamos campeones en Barranquilla y me dieron el trofeo de mejor manager, pero al regreso tuve una discusión con William Murra, presidente de la liga, y como él tenía la ‘varita’ me destituyó del cargo y hasta me vetó para seguir siendo manager en otros equipos.

¿Qué lo hizo ser grande en el béisbol?
-Yo no era el más grande bateador, aunque hice varios jonrones definitivos para la selección, pero tenía mi poder en la defensa del equipo. Tenía buenas manos para coger la pelota y la cogía, además, con elegancia, tenía sentido de la ubicación y un sexto sentido para saber hacía donde iba a batear el pelotero. El difunto Napoleón Perea me puso el remoquete “El maestro”.

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