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Juan José Nieto: la fascinante historia del único presidente negro de Colombia

El viejo matarratón que vio nacer a Juan José Nieto en aquel 24 de junio de 1804, ya no está.

Solo una placa que recuerda que allí, en la carretera que va de Sibarco a Baranoa, en la Loma del Muerto, le empezaron los dolores de parto a Benedicta Gil, que iba en burro con su esposo Tomás, por el camino de Tubará rumbo a Cartagena, a vender mechas de algodón para las lámparas con la que los nativos alumbraban sus oscuranas.

Y no alcanzó a llegar a ninguna parte, solo a guarecerse bajo la sombra del matarratón, y parir a la intemperie, al que fuera el único presidente negro que ha tenido Colombia.

En la Loma del Muerto lo que zumba ahora es un viento caliente que levanta piedras y arena suelta. Pero tampoco hay matarratones. Solo una pequeña casa de campesinos que hasta hace poco se enteraron que al pie de la carretera, nació Nieto.

En la plaza de Sibarco veo niños y niñas de rostros moldeados en una arcilla indígena, saliendo de la escuela que está a punto de llamarse Juan José Nieto, el primer presidente del Caribe colombiano, reconocido ciento cincuenta años después. Colombia escondió durante casi dos siglos a su único presidente negro, dice la prensa de Londres.

Y no solo le borró sus rasgos de origen indígena y africano, su cabello negrísimo, sus cejas enfáticas y arqueadas, blanqueándolo como si fuera europeo, sino que además, lo hizo invisible como estadista, presidente, escritor, humanista, el artífice del decreto que abolió la esclavitud en el país, y lo siguió borrando de la memoria colectiva, hasta el único retrato que había en el mausoleo donde reposan sus restos en el Cementerio de Manga, en Cartagena.

También la enorme valla con su imagen erigida en Sibarco hace poco, desapareció misteriosamente.

Los niños de Sibarco y Baranoa ya saben quién es este gigante invisible, y cuando uno le pregunta qué saben de Juan José Nieto, le recuerdan a uno que el segundo apellido es Gil. En la pequeña plaza de Sibarco al igual que en la plaza de Baranoa, le erigirán un busto.

Un museo de la memoria
El Museo Histórico de Baranoa abrió sus puertas a la memoria de Juan José Nieto, en un viejo caserón alquilado de la carrera 20 con 19, y es impulsado por la Fundación Pro Baranoa, luego de una cruzada que busca reconstruir los pasos de Nieto en una ruta sensibilizadora y pedagógica en la que han participado miles de niños del Atlántico, Bolívar y el Caribe colombiano.

En la entrada del museo hay una réplica del célebre y polémico retrato encontrado por el investigador Orlando Fals Borda en la penumbra olvidada de una mazmorra del Palacio de la Inquisición, en Cartagena.

El museo tiene una sala arqueológica con cerámicas precolombinas halladas entre Sibarco y Baranoa, y un mapa que reconstruye la intensa existencia de Nieto en 62 años de vigilias. Los insomnes y guardianes de esta memoria del museo Juan José Nieto, son Enmanuel de la Cruz, Alberto Sarmiento, Julio Pantoja Maldonado y Tatiana González, entre otros. Además de una cartilla sobre la vida de Nieto, varias instituciones se unieron para publicar una antología que recopila la obra del presiente Nieto como el primer Caribe integral, según la visión de Gustavo Bell Lemus. En ese libro se destaca una carta de Nieto enviada al general Francisco de Paula Santander en 1835, en la que le reclama con orgullo regional y visión de nación, por los conflictos de intereses que se suscitan entre las provincias de la Costa y el centro del país.

Esas ideas aún vigentes revelan la claridad política de Nieto, quien le reclamaba a Santander porque de los cientos de proyectos que se remitían a los congresos desde la Costa, solo siete u ocho tenían eco después de tres años de espera.

Un doble de Nieto
Muy cerca del museo está la iglesia Santa Ana, de Baranoa, donde Nieto fue monaguillo y aprendió a leer por su propia cuenta en la biblioteca parroquial. Los sacerdotes españoles se conmovieron ante el niño que quería aprender a leer y escribir y no había podido ir a la escuela, porque sus padres eran muy pobres: el padre albañil, curandero y partero; y su madre, vendedora de las mechas de algodón, de pueblo en pueblo. Nada de eso le impidió aprender a leer y escribir, y aprender francés.

Muy cerca de la iglesia está la enorme casa donde vivió el joven Nieto hasta los quince años. La casa fue Escuela de Artes y Oficios, Colegio de Bachillerato y Escuela Industrial. Un pariente de Nieto vendió la casa en 1910. Hoy es sede de oficinas administrativas de la Alcaldía de Baranoa.

En la media torta del parque Espejo de Agua, en el corazón de Baranoa, se teatralizan escenas de la vida de Nieto, y siempre aparece un muchacho estudiante que se ofrece para encarnar a Nieto joven, pero no tiene que hacer mucho esfuerzo para parecérsele, porque lo único que le falta es el bigote.

En Baranoa aún pervive el apellido Nieto en descendientes de Juan José Nieto, pero aún no lo saben. Y en Sibarco nada se llama aún Juan José Nieto, pero muy pronto, todo empezará a llamarse como el héroe olvidado.

Epílogo
Ahora, cerca a la Loma del Muerto, José Barrios Yaya me señala el lugar probable donde pudo haber nacido Juan José Nieto. Señala el aire y dice: “Aquí debió estar el matarratón”. José dirige en Sibarco, el Festival del Guandul, desde hace 26 años. El festival preserva el plato ancestral del sancocho de guandul con tres carnes: carne salada, costilla y chicharrón. Y la chicha de millo que debió probar el mismo Nieto. Quien llegue a Sibarco no puede irse sin probar esa chicha. José me dice con picardía que “el millo es el viagra de los pobres”. En la carretera el viento arrastra una arena caliente. Juan José Nieto tiene el rostro sonreído y los bigotes al viento, en la placa de la memoria.



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