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Padres estresados… ¡Niños estresados!

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Si papá y mamá andan todo el día acelerados, alterados y nerviosos, seguro contagiarán a sus hijos, originando una verdadera “epidemia” en toda la familia.
 

El psicoeducador y pedagogo Germain Duclos ha escrito varios estudios sobre educación, desarrollo y autoestima de los niños. En uno de sus más recientes libros, titulado ¡Atención,  niño estresado! (Panamericana Editorial), hace un interesante análisis de esta condición, explicándoles a los padres cuáles son los signos de estrés infantil causado por las exigencias de rendimiento escolar, cómo saber que el colegio representa una fuente de estrés para los chicos, las consecuencias del estrés en la vida de sus hijos, y por supuesto, la forma de combatirlo.

Recogemos aquí algunas de las situaciones que el doctor Duclos advierte como desencadenantes del estrés en los niños; la más común: ¡el propio estrés de los padres! Él explica que es usual que los niños se estresen “al enfrentar una situación nueva o imprevisible, es decir, cuando se alteran sus costumbres. Es como si no tuvieran tiempo y recursos suficientes para enfrentar la novedad. Hay varios acontecimientos que pueden desencadenar el estrés, especialmente la separación de los padres, la llegada a la familia de un bebé, un cambio de colegio o la presión por el rendimiento académico”.

MADRES… ¡DEMASIADO DEDICADAS!
De acuerdo con el autor, “el estrés tiene una naturaleza contagiosa en el seno de la familia y ataca fácilmente al niño, pues con frecuencia este se siente falto de fuerzas frente a las manifestaciones de estrés de sus padres o de alguno de sus hermanos. El estrés del padre de familia puede deberse a sus numerosas obligaciones familiares, profesionales u hogareñas. Cuando su fatiga física es constante no puede estar realmente a disposición de sus hijos, a menudo está estresado y su humor se vuelve inestable.

Las madres –continúa–, que son generalmente las que más trabajan (aunque los papás modernos participan hoy más activamente en la crianza de sus niños) buscan con demasiada frecuencia la perfección en todo: en la educación de los hijos, en las tareas del hogar y en su empleo”. En otras palabras, una dedicación excesiva que tarde o temprano les enfrentará a manejar altísimos niveles de estrés.

“He conocido madres agotadas porque carecían de límites en los cuidados que prodigaban a los miembros de su familia. Mostraban tener una dedicación excesiva, a veces inclusive en detrimento de su salud mental y física”, explica el doctor Duclos. Y para clarificar esta problemática, enumera las principales características de lo que se ha llamado “una dedicación excesiva”.

  •   Sentirse responsable de la felicidad de los demás.
  •   Identificarse con los sentimientos de los demás como si fueran propios.
  •   Sentir una necesidad constante de ocuparse de los demás.
  •   Descuidar las propias necesidades para ocuparse de las de los demás.
  •   Tomar la vida con demasiada seriedad y tener dificultades para relajarse.
  •   A menudo no tener tiempo para sí misma.
  •   Tener muchas veces la impresión de vivir una crisis o una urgencia.
  •   Culpar muchas veces a los demás de ingratitud.
  •   Sentir a menudo la necesidad de controlar la vida familiar.
  •   Sentirse a menudo cansada.

 

PADRES MUY ANGUSTIADOS
Otra causa de estrés en los padres es, quién lo creyera, el ruido (claro, este también eleva los niveles de estrés de cualquier persona). “Recuerdo haber visitado a algunas familias en las que los niños hacían un ruido tan infernal que apenas lograba oírse algo de lo que se decía. Con el tiempo ese ruido produce un desgaste nervioso y hace que los padres se vuelvan vulnerables… Es comprensible que un padre con un hijo hiperactivo se encuentre agotado, impaciente e inclusive agresivo”, explica el autor.

A los padres también les estresan esas discusiones que parecen eternas con sus hijos, originadas por los motivos más diversos: permisos para salir de rumba, los deberes que tienen y que ignoran olímpicamente, la exigencia excesiva de los chicos por obtener privilegios que no se han ganado, etc., etc. ¿Y qué tal las peleas entre hermanos? Eso de hacer de árbitro constantemente, exaspera a cualquiera.

Los papás y mamás de recién nacidos –peor aún, si son primíparos– también manejan altísimas cuotas de tensión, activadas –entre otras situaciones– por el llanto de cuyo origen no tienen ni idea, de enfermedades que a sus ojos parecen gravísimas y de las trasnochadas, por solo nombrar algunas.

Estas y otras fuentes de estrés hacen que éste se contagie a los demás miembros de la familia casi en forma inevitable. “El estrés no es nefasto en sí mismo, pero puede producir efectos muy negativos y perturbar la armonía familiar si los padres no logran evitarlo o combatirlo con buenas estrategias de adaptación”, indica el doctor Duclos. ¿Y cuáles serían esas estrategias que podemos comenzar a implementar desde ya para evitar una epidemia en casa? El experto las comparte:

  • Identificar el problema sin dramatizarlo pero tampoco sin minimizarlo. Consultar con las personas que nos rodean ayuda a relativizar el problema o a percibirlo de una manera realista.
  • Evocar el recuerdo de problemas parecidos, resueltos en el pasado.
  • Dar descanso al espíritu durante un determinado tiempo. Algunos padres de familia tienen dificultades para hacerlo porque están impacientes por encontrar la solución correcta. La creatividad necesita, por lo tanto, de un periodo de incubación que permita tomar cierta distancia del problema y ser más objetivo.
  • Determinar la solución que aparece con más frecuencia después de haber evaluado todas las posibles.
  • Aplicar esa solución.

DELES MUCHA SEGURIDAD
“Durante las entrevistas que he tenido con niños, con frecuencia me he dado cuenta de que estaban estresados porque vivían en la inseguridad. La sensación de seguridad tiene una función preventiva del estrés. Estas son las principales actitudes paternales que dan una sensación de seguridad al niño:

  •   Garantizarle estabilidad gracias a un horario regular.
  •   Garantizarle seguridad física al eliminar los riesgos de peligro.
  •   Ofrecerle seguridad por el hecho de entender y aceptar sus emociones (tristeza, miedo, cólera, etc.).
  •   Establecer rutinas y rituales fijos.
  •   Mantener las promesas que se hacen.
  •   Evitar las fluctuaciones excesivas en el estado de ánimo.
  •   Establecer reglas de conducta que ofrezcan seguridad.
  •   Ser constante en la aplicación de las reglas de conducta”.

 

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