Gloria Ester Sánchez Anaya es la representante legal del Consejo Comunitario de la vereda Villa Gloria del corregimiento de La Boquilla y una de las mujeres que ha trabajado por la restauración del manglar de la zona. Es, naturalmente, una líder: apasionada, soñadora y esperanzadora.
Todo comenzó en el 2018, cuando la Concesión Costera citó a los consejos comunitarios del corregimiento para trabajar de manera conjunta en el plan de compensación por pérdida de biodiversidad a raíz de la construcción del Viaducto del Gran Manglar, ubicado sobre la Ciénaga de la Virgen. En ese momento Gloria supo que era la ocasión oportuna y atendió el llamado junto a 32 mujeres de su comunidad, quienes emprendieron la siembra de 10 mil plántulas de mangle con el fin de aportar a la restauración de un ecosistema afectado por la construcción del anillo vial, que une a Cartagena con Barranquilla, así como a las megaobras realizadas en el sector.
“Muy a pesar de que nacimos a orillas de esta ciénaga y a orillas del manglar, no conocíamos tanto de él, así es que fue para nosotros un proceso súper importante cultivarlo y luego devolverlo al ecosistema”, mencionó Gloria, quien hace parte de la Asociación de Mujeres Negras Rurales conformada por quince personas más. Poco a poco empezaron a sensibilizar a más personas: niños, jóvenes y pescadores fueron contagiándose del espíritu de las guardianas del manglar, sucumbiendo ante el llamado colectivo que les hizo la ciénaga. Lea aquí: Periodista cartagenera se convierte en recolectora de basuras por una noche
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A finales del 2020 el proyecto culminó pero varias mujeres decidieron seguir adelante por cuenta propia. Para eso convirtieron el patio de una casa en un vivero y regaron la noticia de que en Villa Gloria se vendía el mejor manglar de Cartagena. Fue en ese momento que descubrieron el impacto de su trabajo en el mejoramiento de las condiciones ambientales de las ciénagas de Juan Polo y de la Virgen, situadas en inmediaciones de los corregimientos de La Boquilla, Manzanillo del Mar, Puerto Rey y Tierra Baja.
“Para nadie es un secreto que debido al vertimiento que tiene la ciénaga, el cuerpo de agua tiene una alta contaminación, tanto que hay sectores de la Ciénaga de la Virgen de los que nosotros no podemos consumir el pescado”, enfatizó.
Para eso han realizado tres viveros en los que siembran las semillas y cuando ya han crecido lo suficiente las trasplantan directamente en la ciénaga: “Cuando el mangle se nos crece nosotros lo llevamos, buscamos una zona y restauramos ahí por nuestra cuenta”.
Las mujeres que conforman la comunidad han encontrado en esta labor una ayuda económica, ya que durante muchos años se han dedicado a distintas actividades relacionadas con el turismo. Algunas son artesanas, otras ofrecen masajes a los turistas en las playas y el resto se dedican a la cocina tradicional; sin embargo, todas son conscientes de la importancia que tiene el ecosistema para su vida diaria: “si no hay manglar no hay camarones, chucha larga, chipichipi, no hay nada para cocinar”.
Es así como la creación de los viveros representa ingresos monetarios para
estas comunidades que viven de la ciénaga, pues los turistas suelen “donar” plántulas de mangle, lo que quiere decir que pagan el valor de la planta y “cualquiera de las mujeres se va con ellos en la canoa, allá les enseña sobre cómo sembrar la mata, la importancia que tiene, por qué la necesitamos, o sea, le hacemos educación ambiental”. Lea aquí: ¡Orgullo! Inemita cartagenero brilla en la Orquesta Filarmónica de Bogotá
Por tanto, su trabajo no se limita solo a la restauración ambiental, sino que también incluye sensibilización comunitaria. Han trabajado activamente para concientizar sobre la importancia de preservar los manglares y mantener la calidad del agua en la ciénaga. Asimismo, han establecido acuerdos con la comunidad y las autoridades locales para proteger estas áreas vitales.
“Nosotros tenemos la necesidad de recuperar nuestra ciénaga, esa es nuestra despensa, la riqueza de este pueblo, sin embargo hoy está agonizando”, contó Gloria. Por eso, junto al grupo de mujeres de la comunidad, también realiza jornadas de limpieza de las playas y genera conciencia entre los habitantes acerca del debido cuidado que merece el ecosistema.
Para Gloria, la creación de los viveros es un proyecto ambicioso que a largo plazo cosechará frutos, permitiéndoles crear oportunidades económicas mientras aprovechan los recursos naturales de manera responsable.
“Queremos hacer una cocina y preparar los platos de nuestras ancestras”, contó. Para ella, es importante que las mujeres puedan generar ingresos económicos por sí mismas, ya que muchas dependen de sus esposos, quienes sostienen la economía del hogar. “Queremos empoderar a las mujeres, quienes a veces son violentadas por sus parejas y eso no debe ser así”, afirmó Gloria, quien al presenciar el mínimo acto de violencia por parte de un hombre instruye a la mujer en el valor que tiene y visita al implicado, llamándole la atención por lo cometido y pidiéndole que no vuelva a suceder jamás. Lea aquí: Un sanjuanero quiere revolucionar el modelo educativo
Ella mira hacia el futuro con ojos esperanzados, sabe que en Cartagena algunas personas han puesto la mirada en la labor que realizan y espera recibir el apoyo de las diferentes entidades que puedan sumarse al proyecto. Para Gloria, el manglar es, más que un valioso ecosistema, el significado completo de la palabra vida.