Para miles de cartageneros conseguir una gota de agua potable se ha convertido en una travesía. Desde el sábado pasado, ni en las tiendas de más de cien barrios de Cartagena es fácil encontrar aunque sea un poco de ese líquido.
La situación es desesperante para muchas familias, que suman tres días sin el servicio de acueducto por un daño en una tubería en un sector del barrio Ceballos. Eso dejó sin acceso a agua potable a casi toda la zona suroccidental de la ciudad.
Aunque la comunidad fue avisada horas antes del corte, la recolecta solo sirvió para sobrellevar el primer día. Luego, la escasez y el desespero se tomó a cada uno de los barrios, en los que las personas con baldes y ollas en mano se aglomeraron en las calles a esperar la llegada de carrotanques y camiones de bomberos con suministros de agua, los que han sido insuficientes para mitigar la emergencia, pues son muchos los sectores que aún no reciben ayuda.
Uno de esos barrios es Huellas de Alberto Uribe, de donde algunos residentes tuvieron que salir en la mañana del lunes en busca de algún afluente para saciar la sed y proveerse de líquido para los quehaceres domésticos del hogar.
Sobre las 10:00 de la mañana llegaron a uno de los arroyos que bajan desde las lomas de Turbaco y pasan cerca de la carretera que comunica a ese municipio. Allí han asistido desde que se quedaron sin acueducto el sábado.
En ese lugar se encontraron con un grupo de personas que arribaron desde Nelson Mandela, Villagrande de Indias, San José de los Campanos, El Pozón, Ciudadela 2000, entre otros ba-rrios.
Todos ellos se dirigen al riachuelo como turistas en busca de un atractivo balneario y aunque el lugar es adornado por frondosos árboles y un aire natural inigualable en Cartagena, el color panela del agua deja dudar de su pureza.
Sin embargo, la mayoría de las personas no dudan en consumirlo a sorbos como atletas fatigados después de competencias.
Al preguntarles sobre el riesgo que pueden estar corriendo al ingerir el agua, sustentan que son conscientes de que puede estar contaminada, pero aseguran que la necesidad y la falta de recursos para obtenerla por otro medio es mayor.
“Tenemos que tomar de esta agua porque no nos podemos morir de sed. Al barrio Huellas de Alberto Uribe han enviado carrotanques y no alcanzan a llegar porque otros los paran”, comenta Víctor Cassiani, residente de ese barrio, mientras la consume del arroyo.
PRIMEROS EFECTOS
Mientras recoge todo el líquido que puede en pimpinas, consume hasta agotar la sed y se baña, Mario Tapia, otro habitante de Huellas de Alberto Uribe, se muestra preocupado por los efectos que el agua pueda generar a su salud.
“Esta agua nos tiene con rasquiña en varias partes del cuerpo y la verdad es que no sabemos qué nos va a pasar porque si da rasquiña, qué nos hará en el estómago”, comenta.
“La situación está crítica y en el barrio hay gente en camillas y silla de ruedas que no puede venir a estos lugares y nos toca llevarles agua porque los carros no lo han hecho todavía”, agrega.
Según otras personas, algunos niños están empezando a sufrir brotes y rasquiñas por bañarse en aguas de los caños.
Varios metros más adelante, en los llamados “chorros de la subida a Turbaco”, en el sector de las Tres Marías, cuatro personas, con más de 20 baldes llegaron desde El Pozón a abastecerse y a bañarse. Cuentan que parte de esta agua será hervida para luego consumirla y otra para lavar los baños y hacer los aseos.
OTROS SECTORES
La escasez de agua ha llevado a límites de higiene a varias personas de barrios como Villagrande y San José de los Campanos. Con el desespero de no tener con qué vaciar los retretes de sus casas, niños y adultos recogen agua de una corriente que, desde hace seis años, se desplaza sobre una calle en el límite entre los dos barrios.
Allí mismo, propietarios de motos llegan para lavarlas, mientras otros se bañan.
“A muchas personas les toca coger de esa agua porque el carro de los bomberos no llega hasta acá. Ayer (domingo) nos hicieron hacer una fila hasta media noche y no llegaron”, sustenta Liliana Fontalvo, residente de San José de los Campanos.
RECURSIVIDAD
Cerca al sector Revivir de los Campanos, una gran fila de personas se forma cada día en busca de una pequeña dotación de agua. En ese lugar, se habilitó una tubería madre para abastecer a los habitantes del sector.
En otros sectores de ese barrio, varias personas alegan que algunos ocupantes de carrotanques, que deberían entregar el líquido gratis, cobran entre mil y dos mil pesos por cada balde.
UN DÍA MÁS
Según el último reporte de Aguas de Cartagena, las labores de reparación del tubo, a seis metros de profundidad, se han retrasado debido a la inestabilidad del terreno. Esas labores podrían culminarse a altas horas de la noche del lunes o la madrugada del martes, por lo que el servicio se estaría restableciendo en la mañana o medio día del martes.
Mientras se reanuda el acueducto en los más de cien barrios, el jefe de bomberos de Cartagena, Joel Barrios, señala que tienen a disposición de la comunidad, dos carros con capacidad de tres mil galones.
“Nosotros tenemos toda las disposición de ayudar, pero por la cantidad de barrios no hemos dado abasto. Por eso invitamos a la Policía, la Armada, a Aguas de Cartagena, para unirnos y abarcar toda la ciudad”, dijo Barrios.
El jefe de bomberos dijo que las personas pueden acercarse a cualquiera de las estaciones de Bocagrande, Martínez Martelo o Santa Lucía, para abastecerse. Asimismo indicó que las personas que están cobrando en carrotanques por el agua, no pertenecen al cuerpo de bomberos.
“Son personas que se están aprovechando de la situación. Pero nuestros hombres saben que no deben hacerlo y en eso somos estrictos”, apuntó Joel Barrios.
“También se presentó que algunas personas evitaban que los carros llegaran a sus destinos, porque necesitaban el agua y ante la necesidad no permitían que se pudiera ayudar a otros sectores”, acotó.











