Alejandro de La Hoz se desata en elogios al hablar de su esposa Rosario Liliana Morris, no le reconoce defectos e incita a los demás a que reconozcan y reafirmen sus virtudes.
Su amor hacia ella es infinito aún hoy, 9 meses después de su muerte. Es el mismo hombre que sorprendió a más de uno al encadenarse el 1 de febrero de 2012 a las afueras de la sede de la Entidad Promotora de Salud Nueva EPS, para exigir asistencia médica para su esposa, enferma de cáncer.
La ciudadanía había visto hasta ese momento la solidaridad y amor de los padres por sus hijos, la de las mujeres por sus esposos a través de este tipo de manifestaciones, pero fue inusual verlo a él, leal e incondicional, dispuesto a todo por su esposa hace 27 años.
“Este apartamento es de dos habitaciones pero parece un palacio con 60 desde que ella no está aquí”, manifestó el hombre durante nuestra visita a la vivienda de dos pisos en San Diego, donde vivían.
Así trató de explicarnos cuánto la extraña, sin embargo, más tarde, durante la entrevista de casi dos horas, revelaría más detalles.
El duelo
“Durante estos 9 meses me adelgacé 14 kilos, aluciné, veía imágenes que no existían y decidí ir al psiquiatra, quien me recetó pastillas. Sufrí hipertensión y depresión, yo no sabía qué era esto último, me lo dijeron luego de contar que al despertarme podía durar dos horas sentado en la cama incapaz de levantarme, bañarme y continuar mi vida normal. En ocasiones me despertaba a la 1 a.m. buscando a mi mujer”, detalló.
¿Qué habría llevado a este hombre a amarla tanto? No se sabe, pero al preguntarle qué le gustaba de ella afirma: “Era lo más lindo de esta vida, era una mujer muy chévere y activa, femenina y fina”.
Así se conocieron
Hace aproximadamente 40 años, Rosario y Alejandro se conocieron. “Ella tenía 17 y yo 26. Yo tenía un restaurante y la veía pasar todos los días con el uniforme del colegio, un día le hablé y luego nos hicimos amigos”.
Para entonces, Alejandro estaba casado con la madre de sus 5 hijos, de los 4 que le quedan porque uno murió en un accidente. Y aunque De La Hoz reconoce esta relación extramatrimonial sin ninguna actitud en particular, pareciera justificarse al decir: “yo seguía con mi esposa y mis hijos, pero en el 85 ella me dejó y me fui a vivir con Rosario”. Después se casaron.
“Fueron 27 años de dicha”, dijo Alejandro, quien asegura que nunca pelearon. - Alguna vez tuvieron que haberlo hecho, le dijimos incrédulos. Él se quedó pensativo y dijo: “Hace 26 años tuvimos un intento de pelea, ella me alzó la mano con la intención de pegarme, entonces yo la agarré y le dije: “Para pelear se necesitan dos y tú y yo somos uno”.
La miel y la hiel
Según Alejandro esa armonía reinó en el hogar aún en situaciones inusuales. “Rosario era amiga incluso de las mujeres con las que ella sabía que yo había salido. Teresa, la mamá de mis hijos, vive en Estados Unidos, cuando venía a Cartagena se quedaba en este apartamento, ella en un cuarto y Rosario y yo en el otro”.
“No sé si era ingenuidad, o por frescura pero recuerdo que a veces Rosario salía a trabajar y nos dejaba aquí, en la sala, a Teresa y a mí hablando y no pasaba nada”. Según el hombre, Rosario tenía buena relación con su primera esposa y también con sus hijos.
Sin embargo, no todo fue color de rosa, avanza la entrevista y en un momento Alejandro nos revela que aunque intentaron tener hijos, no pudieron. “Fuimos a Bogotá y buscamos los mejores especialistas, llevamos un tratamiento de fertilización in vitro que nos costó 11 millones de pesos. El médico nos dijo que si el 28 de ese mes no le llegaba la regla, podíamos contar con que estaba embarazada, y justo el 28 de diciembre le llegó - afirmó entre risas, tal vez, tratando de no revivir o de ignorar el dolor que esto les pudo haber causado -. Dios no quiso que fuese así”.
Lo escuchamos sin ánimo de juzgarlo ni cuestionarlo, solo para conocer la historia de ese hombre incondicional y comprometido con su esposa. El mismo que demostró que no fueron solo palabras lo que 8 años antes le dijo a Sharo, como le gustaba llamarla, cuando le detectaron el cáncer: ese cáncer es de los 2. Por eso lo sufrió, lo luchó, lo vivió.





