El provinciano fenómeno del bicitaxismo está tan consentido en Manga que los residentes de este barrio no condenan su ilegitimidad, sino rechazan que les hayan aumentado la tarifa mínima por este servicio que se mueve por todas las calles de la isla.
A pesar de que es una actividad no reglamentada y por tanto no autorizada por el gobierno, para muchos residentes del barrio es realmente necesario este servicio, especialmente en horas de mucho sol y de mayor calor.
Por esas razones algunos mangueros, habituales usuarios de las bicitaxis, han desaprobado el incremento de $500 en la tarifa mínima, que antes era de $1.500 y desde enero del 2013 fue reajustada en $2.000.
Así se lo hicieron saber a este semanario varios pasajeros que se sienten afectados, pero que pidieron mantener en reserva sus nombres a cambio de exponer su inconformidad.
“DEBEN SER JUSTOS CON NOSOTROS”
Gente Bahía consultó a varios bicitaxistas de Manga, quienes en contraste rebatieron a sus clientes explicando los motivos del reajuste.
Uno de los bicitaxistas que dijo llamarse Ángel y quien completa 10 años en esta labor, manifiesta que su gremio lleva más de 3 años cobrando 1.500 pesos por la tarifa mínima y que ya son justos los $500 pesos que aumentaron este año, por el gran esfuerzo físico que ellos hacen a pedalazo puro para transportar a sus pasajeros.
“La tarifa es también opcional, porque si la persona no tiene el valor completo, pero tiene una actitud decente con nosotros, entonces uno se acomoda a la situación y lo lleva a su destino”, comenta Ángel.
En sintonía con esa apreciación, otro bicitaxista, Arturo Quiroga Ávila, con cuatro años en este oficio, remarca que a la larga la carrera mínima de $2.000 es una tarifa simbólica, puesto que en la práctica toca convenir con cada cliente el valor del servicio, dependiendo de la distancia, de la cantidad de personas (máximo dos adultos) y de si llevan carga de paquetes o bolsas.
“La gente también debe ser justa con nosotros, porque todas las cosas suben de precio a cada rato, como por ejemplo los repuestos de las bicicletas, las llantas, la alimentación para nuestras familias, y además no tenemos prestaciones sociales, ni primas, tampoco pensión ni salud, ni subsidios ni auxilios de transporte y mucho menos vacaciones, nada de eso que en cambio sí reciben otros ciudadanos”, cuenta Quiroga.
A esta enumeración de argumentos le suma el desgaste físico al que se someten reiteradas veces en el día al pedalear varias cuadras llevando un cargado carruaje que este hombre tostado por el sol y ajado por los años, recrea en una simple operación de lógica matemática: “Bajo el sol bravo de Cartagena cargamos el peso del pasajero, más el peso de sus bolsas, más el peso del conductor, que es uno mismo; más el peso de la bicitaxi”.
Sin embargo “muchos nos tranzamos con lo que el cliente tiene, aunque algunos no lo hacen porque además son atravesados y son los que dañan la imagen de nuestro gremio”, relata el veterano Arturo Quiroga.
HAY MENOS BICITAXIS
Según los entrevistados, en Manga operaban unos 30 a 35 bicitaxistas, y ahora son aproximadamente 20, pues los demás se cansaron de pulsear con sus cargas y se han retirado de esta dura actividad, dedicándose a otra cosa.
Lo cierto es que la comunidad de Manga parece amparar bajo su manto de necesidades a los bicitaxistas, y lo del reparo a la tarifa mínima es una señal inconfundible de esto, respecto a lo cual los usuarios le apuntan a ponerse de acuerdo con estos transportadores informales.

