En Cartagena hay aproximadamente 1.800 pandilleros. La mayoría oscilan entre los 14 y los 17 años de edad, pero también se encuentran niños vinculados desde los 7 años. Igual se ubican jóvenes de hasta 28 años, que a juicio de las autoridades son los que incentivan a los más pequeños.
La cifra de cuántos niños y muchachos pertenecen a estos grupos es fluctuante porque cada día, los promotores de los clanes exponen razones a los jóvenes de sus comunidades para reclutarlos.
“El problema con las pandillas es que se hacen atractivas para los niños y adolescentes de los barrios vulnerados por estos grupos, porque los integrantes alardean del supuesto poder que adquieren, del dinero que empiezan a manejar, de las cosas materiales que consiguen y de las armas que manejan. Más que todo convencen a muchachos de familias desestructuradas emocionalmente”, comenta Javier Doria, secretario distrital de Interior.
La situación se ha agravado con la presencia de los grupos armados en las zonas urbanas, especialmente las Bacrim, que se han encargado de proveer a los pandilleros de armas de fuego e involucrarlos en asuntos de droga.
El asunto no es sólo de Cartagena, es un tema nacional que afecta a varias ciudades del país y del cual el Gobierno Central se ha pronunciado para darle directrices a los alcaldes sobre la ruta que deben seguir para hacerle frente.
La recomendación es abordar el tema desde la academia para aprovechar los resultados de diversas investigaciones realizadas que puedan dar luces sobre soluciones eficientes para fomentar un cambio de pensamiento y actitud en los jóvenes.
“Hay varios puntos que hacen que el problema se robustezca, entre ellas la crisis de valores que tenemos hoy día en las familias, la descolarización, el embarazo en adolescentes, la falta de ingreso de los muchachos al sistema de seguridad social. Estos puntos hay que tratarlos mediante una política pública que de resultados contundentes a mediano y largo plazo”, precisó Doria.
RESULTADOS INMEDIATOS
El primer paso, según explicó Doria, es crear una mesa de trabajo en la que se cree un comité que estudié las posibles soluciones y hacer un abordaje a los padres de los jóvenes en riesgo para concientizarlos de la importancia de conocer las amistades de sus hijos, integrarlos al sistema educativo, hacerles seguimiento de su rendimiento escolar, del aprovechamiento que hacen de su tiempo libre y de las amistades que frecuentan; así como la tolerancia y la solución de conflictos mediante el diálogo.
“Esta es una parte de la estrategia, la otra es ejecutar acciones que den resultados inmediatos los cuales se necesitan debido a los hechos lamentables que han ocurrido recientemente en diferentes barrios de la ciudad. La medida más contundente que tenemos es la Ley Zanahoria ya que la circulación de menores de edad a altas horas de la noche y la oportunidad a su alcance de injerir bebidas alcohólicas los hace más vulnerables”, precisó Doria.
La Ley Zanahoria se creó en principio para reducir los riesgos de abuso sexual a menores de edad, pero la medida es también viable para contrarrestar las reyertas de pandilleros.
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