Con una muestra artística, un concierto, baile, actuación, diseño, modelaje y gastronomía, culminó ayer la segunda fase del proyecto Barú: Ritmo, sazón y creación, que busca el rescate de la identidad y las tradiciones a través del aprovechamiento del tiempo libre de las comunidades de Barú, Ararca y Santa Ana.
El proyecto es una iniciativa del Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (Fonade), entidad industrial y comercial del Estado; la Fundación Leonor Espinosa y la Corporación Sonidos de la Tierra. Tuvo una inversión de $700 millones y benefició a 831 familias.
El proyecto se adelanta en cuatro fases: la primera, Descubrimientos, se hizo el año pasado; la segunda, Los encuentros; la tercera, el próximo año, es Resonancias y la cuarta en el 2016, consiste en Compartir lo aprendido.
A través de Barú: Ritmo, sazón y creación la comunidad asistió a talleres o laboratorios creativos de danza, diseño, gastronomía, memoria y patrimonio, música y ora-literatura. Estos talleres fueron aprovechados en especial por los adultos mayores y los niños, quienes no tienen suficientes escenarios para el deporte, la recreación y el aprendizaje. En los laboratorios los participantes usaron su creatividad e innovaron y exploraron sus aptitudes y talentos. Algunos usaron lo aprendido como un mecanismo para obtener ingresos.
Muestra culturalAyer, los niños, jóvenes y adultos de Barú se dirigieron a Ararca y esperaron pacientemente a los líderes de este proyecto, quienes acudieron para ver con una muestra cultural lo que aprendieron los habitantes, en la segunda etapa que ya finalizó.
En la Casa de la Cultura se exhibieron los trabajos y productos que los estudiantes del laboratorio de diseño hicieron. Con manualidades, fotografías y pintura, los participantes plasmaron su cotidianidad. Baile de picó, pesca y fiestas patronales, la espera de los habitantes en una esquina con pimpinas para que se les suministre agua, hombres tocando tambor, la sonrisa de sus pobladores, los tipos de casa de las tres poblaciones de la Isla de Barú, entre otros se vieron en los trabajos.
Para que los niños y jóvenes de las tres poblaciones se conocieran, estos se tomaron fotos y le escribieron cartas a los habitantes de los demás corregimientos sin siquiera saber quienes eran. Las cartas se llevaron a los destinatarios con el nombre y una fotografía de quien la escribía, de igual forma le era respondida y enviada al remitente junto con una fotografía. Con las cartas, además de entablar nuevas amistades, los participantes mejoraban y practicaban su redacción, su ortografía y lectura.
Las muestras continuaron en la iglesia de Ararca, a pocos metros de la Casa de la Cultura, en donde los niños y jóvenes proyectaron una película hecha a mano y actuaron.
En un amplio espacio del mismo corregimiento, usado por muchos como cancha para jugar fútbol, un grupo cantó y tocó instrumentos musicales a los asistentes presentes, otros amenizaron con bailes de música folclórica y caribeña, hip hop, y además hubo un desfile de modas.
La jornada culminó en un restaurante en la recién pavimentada vía principal, en donde los participantes del laboratorio de gastronomía y con la presencia de la reconocida chef Leonor Espinosa, cocinaron platos con ingredientes locales, más naturales y enfocados en la nutrición, que los asistentes degustaron en el almuerzo.
Allí también tuvieron una muestra de productos que ellos mismos hicieron, tales como mermeladas.
Según José Alejandro Ballona, gerente encargado de Fonade, el próximo año se pretende aumentar los cupos e incluir otras actividades atractivas para los jóvenes.
Con la segunda etapa del proyecto se generaron 250 empleos directos e indirectos, se vincularon como monitores a 30 personas de la isla con acompañamiento de otros monitores del país, y se facilitó el emprendimiento de los habitantes, pues algunos montaron su propio negocio.
“La idea es que de aquí surja una red de capacitadores y con la Alcaldía busquemos otras zonas y completemos la oferta que hay”, dijo Ballona, quien agregó que "Barú además de la riqueza natural de sus playas tiene un patrimonio histórico y cultural. Es importante que el turismo no sólo vea las playas como único atractivo de Barú sino también a su gente y sus expresiones artísticas”.
Opine







