Por talar árboles y mangles en el caño Casimiro, en la vía Mamonal, sin autorización de la autoridad competente y con una metodología que genera impactos negativos al ambiente, el Establecimiento Público Ambiental (EPA), suspendió las actividades que venía ejecutando la empresa Zona Franca Argos en ese entorno.
La medida preventiva fue impuesta luego de que un ciudadano se percatara de la situación y la denunciara al grupo de protección ambiental y ecológica de la Policía Metropolitana de Cartagena.
El intendente Jaider Aguilar Rodríguez, jefe de esa división, precisó que la queja fue instaurada el pasado 26 de mayo. Para atenderla, el 31 del mismo mes se realizó una visita de inspección ocular en el caño.
En esa diligencia verificaron que sobre la margen derecha e izquierda del cuerpo de agua se están talando árboles y mangles con una retroexcavadora. No obstante, al día siguiente se realizó una segunda visita en compañía de personal del EPA y en presencia de ingenieros de la empresa.
El registro fotográfico recopilado determina que la utilización de maquinaria pesada dimensiona la magnitud del impacto negativo al ambiente, ocasionando daños irreversibles a los sistemas boscosos.
Así mismo revela la compactación del suelo y la destrucción del hábitat, lo cual genera su deterioro y pérdida de la biodiversidad. Y añade que Zona Franca Argos -que ejecuta el proyecto Rectificación y limpieza del caño Casimiro-, alberga y provee áreas de anidaje a un número considerable de especies de aves residentes y migratorias, vulnerables o en peligro de extinción.
CAUSAS DE LA MEDIDALa autoridad ambiental puntualizó que la empresa está incumpliendo lo dispuesto en la Resolución 179 de mayo de 2014, en relación con la metodología aplicada (el apeo de árboles debía realizarse con motosierra), la disposición final inadecuada de los residuos vegetales y de material de rellenos extraídos de la actividad que se desarrolla, pues el material sobrante lo están depositando al interior de la empresa, y tala de mangle no autorizada.
Además sostiene que intervenir irracionalmente a un ecosistema de manglar constituye un grave atentado contra la biodiversidad y produce un desequilibrio en la dinámica del entorno biofísico del área.

