De lunes a viernes, Zenith Benítez despierta y se resiste a levantarse por unos minutos. Cuando por fin lo hace, levanta también a sus tres hijas y empieza a arreglarlas para ir a la escuela. Tras ella, su tercer hijo, José Gabriel, se baña, se viste y agarra su bolso; pero sus hermanitas se van y él se queda en casa, llorando porque pasará otro día sin estudiar; y Zenith llora, un día más, porque no puede hacer nada para consolarlo.
EL CASOJosé Gabriel tiene 9 años y sufre discapacidad auditiva, pero desde hace 7 años lleva puesto un implante coclear que debería facilitarle la audición. Así pasó durante los primeros años, pero luego, las piezas se fueron deteriorando y la parte externa dejó de funcionar.
Antes de que esto ocurriera, Zenith estuvo luchando con la Eps a la que estaba afiliada -Caprecom- para los controles y la revisión del implante, pero al parecer por los problemas administrativos de la entidad, esto no fue posible.
“Este año, cuando nos pasaron para Nueva Eps empecé los trámites otra vez y creí que por fin serviría, pero no”, dice Zenith y añade que aunque en la Eps le autorizaron la cita con la especialista de otorrinolaringología, lo que esta ordenó nunca fue autorizado y tuvo que volver a apartar la cita en dos ocasiones más. “La tercera vez ya era otro médico y me dijo que no podía autorizar lo mismo que la doctora, porque se ganaba un problema, que hablara con la Eps, pero allá me decían que las órdenes médicas eran de autonomía del doctor, quien volvió a negarme la orden”.
SE ATRASA SU PROCESOMientras tanto, José Gabriel lleva desde enero sin estudiar y varios años sin recibir las terapias que necesita para su rehabilitación, aunque eso no es responsabilidad directa de Nueva Eps sino de la entidad a la que estaba afiliado antes.
“Él alcanzó a pronunciar unas 60 palabras durante la rehabilitación, pero en la medida en que se las fueron quitando o cuando Caprecom no autorizaba, se fue perdiendo el avance y ahora solo dice unas cinco cuando lo obligo. Esa también es la razón por la que no puede estudiar”.
ESTARÍA EN TERCEROEl bolso de José Gabriel siempre está listo, como si todos los días fuera a la escuela; hace unos meses, mientras resolvía el problema con la Eps, Zenith lo envió a su pueblo, Achí (Bolívar), para que sus hermanas le ayudaran a cuidarlo porque ella se enfermó y durante ese tiempo iba como asistente a un colegio de allá, donde se integró con niños que están en tercero de primaria, el curso que él haría si sus implantes funcionaran y escuchara bien.
Las tareas que hizo durante esos meses están en el cuaderno que siempre carga en el morral y es ahí donde escribe cuando su mamá le pide que refuerce lo que sabe o cuando quiere entretenerse, pero es verlo intentando aprender lo que más tortura a Zenith, quien se ve de manos atadas ante su caso: “aunque mi hijo no está en una cama, yo siento que esto nos está matando porque él llora y yo también lloro, yo me vine de mi pueblo a buscar una mejor atención para él aquí y no es justo que ya teniendo el implante, el niño siga sin estudiar solo porque no saben qué autorizar en su caso”, puntualizó Zenith.
PROGRAMADA LA PRIMERA CITATras ser consultados, voceros de la Nueva Eps aseguraron que en el caso de José Gabriel habían tenido que resolver un problema de proveedores, ya que en Cartagena no tenían contrato con nadie que pudiera hacerlo. El procedimiento que le deben hacer al niño requiere una evaluación previa y una adaptación, para lo cual tuvo su primera cita ayer sábado 10 de septiembre, pero el proceso no acaba allí ya que será el médico quien defina cuál es el camino a seguir.
“La madre debe tener claro que si el médico dice que hay que hacerle otros procedimientos o evaluaciones antes de aplicar el implante, debe hacerse así. La Nueva Eps no se mete en las decisiones de los médicos, nosotros solo autorizamos”, comentó el vocero, quien resaltó que se hará todo lo necesario para garantizar los derechos del niño.
