La Asociación de Vecinos del barrio El Cabrero (Asocabrero) dice que el barrio sufre de tres problemas fundamentales:
El primero tiene que ver con la construcción de nuevos edificios, los cuales están colapsando las redes del alcantarillado y de energía eléctrica, las cuales fueron instaladas para viviendas familiares y no para estructuras multifamiliares.
De manera que cuando llueve los manjoles se desbordan y, en conjunto con el mal sistema de evacuaciones pluviales, lo que se registra es una inundación de calles que dura varias horas para reducirse.
José Guevara Lora, uno de los integrantes de Asocabrero, agrega que algunas de esas nuevas construcciones exhiben en sus exteriores unas tablillas a guisa de licencia de construcción, “pero en realidad son la constancia de que radicaron la solicitud de la licencia. Es decir, se está construyendo de manera ilegal, anomalía que ya hemos expuesto en la Secretaría de Planeación del Distrito y Curaduría Urbana, pero nadie se apersona del caso”.
El segundo problema apunta hacia la inseguridad, pese a que El Cabrero es uno de los primeros barrios que fueron favorecidos con la restricción de motos con parrilleros, “pero el carácter turístico que tiene hace que los delincuentes y los habitantes de la calle estén siempre pendientes de qué se pueden llevar”. Respecto al mismo tópico los residentes se quejan de la zona de manglares que bordea la Laguna del Cabrero, donde, según ellos, no solo se esconden los forajidos sino también homosexuales que ejercen la prostitución entre el follaje o a veces intentan guarecerse en el Parque Apolo.
“La Policía -dice Guevara Lora- nos ha venido colaborando, pero también es cierto que tanto los habitantes de la calle como los vendedores de alucinógenos ya saben cuando se aproximan los agentes y se desaparecen. Después vuelven a aparecer y eso se vuelve un círculo vicioso que es bastante difícil de controlar”.
La tercera inquietud está relacionada con el medio ambiente, que está siendo perjudicado con rellenos en los cuerpos de agua, aparición de cambuches, obstrucción de caños de aguas pluviales y matanza de las especies que tienen el mangle y la laguna como se hábitat primigenio.
“En el Parque Apolo -añaden- muchas especies vegetales no están siendo conservadas. La planta parásita llamada ‘pajarita’ las está acabando y el sitio empieza a verse desolado. Los vecinos intentamos proteger el parque, pero no contamos con los recursos suficientes”.


El Cabrero es una de las zonas históricas con que cuentan los primeros extramuros de la ciudad.
Las viejas casonas se han ido transformando en imponentes edificios, lo que hace difícil determinar el número de predios.
Tiene unos 30 mil habitantes. Está clasificado como estrato cinco y pertenece a la Localidad 1.
Asocabrero lidera una huerta comunitaria en el Parque Apolo, para enseñar a los niños la protección a la naturaleza.
Los únicos espacios recreativos son el Parque Apolo y la playa. No hay canchas deportivas.
En la carretera marginal de El Cabrero quedaron unas áreas que se estaban contemplando para hacer canchas, pero Edurbe las vendió.
Tiene un colegio privado y dos centros médicos.




