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Cartagena

El rebusque que subsiste en la pandemia

Poco a poco el espacio público ha vuelto a ser ocupado por los vendedores que viven del día a día. Ellos también piden ser escuchados por el Distrito.

El rebusque que subsiste en la pandemia

Detrás de la invasión al espacio público se encuentran las historias de cientos de personas que intentan subsistir en medio de la crisis sanitaria. // Aroldo Mestre - El Universal.

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Atrás quedaron las épocas de cuarentena estricta en Cartagena en las que los andenes de las principales avenidas de la ciudad permanecían desocupados, como en una utopía en la que por fin se podía pensar en la recuperación del espacio público históricamente perdido.

Sin embargo los meses pasaron y poco a poco las ventas estacionarias en estos sitios fueron regresando, hasta el punto que transitar por la avenida Pedro de Heredia en sectores como Bazurto o La Castellana resulta el mismo ajetreo que antes de la cuarentena por cuenta de estos comerciantes.

Sobre ello, Daniel Barrios, quien lleva aproximadamente 20 años vendiendo gafas sobre la avenida en Bazurto asegura que como todos, acató el confinamiento durante los primeros meses, pero llegó un momento en que sus deudas se empezaron a acumular y sus ahorros a escasear, por lo que decidió volver a la calle.

“Los servicios los debo todos. Debo seis meses de luz. Nosotros solo esperamos que las cosas se compongan y que nos dejen trabajar, eso sería un problema menos porque vivimos del día a día”, explicó. El hombre, que vive en Canapote, y todos los días se desplaza hasta Bazurto para vender, dice que de igual forma las ventas no son lo de antes, pero al ser esta su fuente de ingresos, se siente obligado a salir a trabajar. Eso sí, aplicando sus propias medidas de bioseguridad porque tampoco quiere enfermarse ni contagiar a nadie.

Como él son cientos de comerciantes que de igual forma salen a las calles con sus tapabocas puestos y su alcohol en el bolsillo con el fin de hacer su día, y así poder tener un ingreso con el cual subsistir en medio de la pandemia, la cual afirman que incluso ha elevado las condiciones de pobreza en la ciudad.

“Nosotros ya pasamos de ser pobres a miserables con la pandemia. Vivimos en miseria. Yo vivo en San Pedro Mártir y pago 400 mil pesos de arriendo, debo cinco meses a la señora, me está echando y me dice que consiga la plata, pero ¿cómo hago? Si yo vivo es de esto”, dice Antonio Hernández, otro vendedor de este sector.

Hernández hace parte de la Unión General de Trabajadores Independientes de la Economía Informal Subdirectiva de Bolívar, una organización a través de la cual recibió un bono para reclamar un mercado y también un kit de bioseguridad. Sin embargo insiste en que es necesaria una mesa de concertación entre las personas que trabajan en estas zonas y el Distrito para evitar que sigan existiendo problemas principalmente en lo que tiene que ver con la ocupación del espacio público.

“La represión no es la solución, la idea es que hablemos, porque si nos ataca Espacio Público lo que van es a aumentar esa pobreza y esa miseria. Nosotros queremos trabajar pero con los protocolos de bioseguridad, lo estamos haciendo. Sabemos que tapamos, sabemos que bloqueamos, pero es por el hambre, eso es lo que hace que salgamos a la calle”, explica.

‘Ahora hay más’

Daniel Barrios y Antonio Hernández, como vendedores veteranos en este sector de Bazurto, también aseguran que en este tiempo de pandemia ha aumentado el número de vendedores en estas zonas de la ciudad, debido al cierre del Centro Histórico y de toda la zona turística.

De esta manera la mayoría de los vendedores que solía trabajar allá, mudó provisionalmente sus ventas hacia otros sectores, con el fin de continuar generando ingresos.

Es el caso de Diana López, quien solía vender vestidos y turbantes en el Centro Histórico y desde hace un mes, tras permanecer en confinamiento obligatorio, decidió salir a vender sus productos en la avenida Pedro de Heredia.

López afirma que intentó vender sus productos por internet pero aun así decidió salir porque no le estaba yendo tan bien como antes. Al mismo tiempo, incursionó en el negocio de vender tapabocas para intentar generar un mayor ingreso por estas épocas.

Es de esta manera como ella se ‘reinventa’ en cuarentena, pero dice estar esperanzada con poder volver al Centro una vez se normalice la situación en la ciudad.

En condiciones similares se encuentra Saiduvit Castillo, otra mujer que solía vender sus productos en el Centro Histórico y que ahora se encuentra en el mercado. “Yo no puedo dejar de trabajar porque tengo dos hijas y tengo que pagar arriendo y servicios”, manifiesta.

Ella hace parte de ese porcentaje de habitantes en Cartagena que vive de la informalidad, y que según el Dane, resulta ser más de la mitad de la población que se encuentra ocupada.

Pero aún así la entidad alerta que este porcentaje puede ir aumentando ante las condiciones que impuso la pandemia, en la que más de 83 mil empleos se han perdido y los cartageneros han encontrado en el rebusque una manera de seguir sosteniendo sus hogares.

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