Para nadie es un secreto que los barrios ubicados en las faldas de La Popa han estado impregnados por la violencia. Que es común ver en los titulares de prensa noticias relacionadas a riñas, homicidios y atracos. Que, en realidad, estos barrios solo aparecen en las noticias cuando se trata de eventos negativos.
Y es ese panorama el que quieren cambiar sus habitantes, que si bien no niegan estos hechos creen que de igual forma son el resultado del olvido y de la falta de oportunidades, pero a pesar de eso, resaltan que hay jóvenes que han logrado salir adelante en medio de las adversidades y que ahora se forjan como líderes para seguir aportando a su comunidad.
De eso trata ‘La Popa Cuenta’, una iniciativa que salió beneficiada dentro de la convocatoria de estímulos del Ministerio de Cultura de este año y que busca visibilizar la memoria histórica de barrios como Pablo VI, República del Caribe, Petare, Loma Fresca, Pedro Salazar y otros más de este sector apuntándole a mostrar todo el talento que hay dentro de la comunidad y a eliminar los estigmas que existen sobre ellos.
“Ya es hora de que se le dé otro enfoque a estos barrios, y eso nos corresponde a los sectores sociales y culturales. Más allá de las problemáticas hay que resaltar que aquí hay personas trabajadoras que también hacen parte de la ciudad”, dice Harold Herrera, gestor cultural del barrio Pablo VI.
He allí la doble connotación de ‘La Popa Cuenta’, por un lado, en el sentido de también tomarla como parte del territorio y rescatarla del abandono que históricamente ha sufrido, y también por la responsabilidad que recae en los mismos habitantes de contar su historia desde sus propias vivencias y perspectivas, pues nadie más conoce a estos barrios mejor que ellos.
Es en el marco de este proyecto que desde hace tres meses, los jóvenes de estos barrios pertenecientes a los grupos artísticos ‘Kimbala’ y ‘Llamarada’, vienen organizando una puesta en escena que busca narrar su historia a través de la expresión del cuerpo.
Una obra que en cuatro momentos: búsqueda y exploración del territorio; surgimiento de la comunidad; conflictos y disputas sociales; y reconciliación y expresión del amor; muestra todo el camino que han tenido que recorrer los habitantes de las faldas de La Popa en su lucha por hacer una vida en este lugar.
“La propuesta representa el territorio porque cuenta cuál es el camino que se marcó desde el nacimiento hasta la actualidad, momentos específicos que nos han afectado como las peleas entre pandillas, las divisiones del territorio y todo ese tipo de manifestaciones que afectan directamente a la comunidad, pero el mensaje es que al final hay un momento de reconciliación y una esperanza de paz para darle solución a un problema de tantos años”, expresa Jhon Jairo Delgado, coreógrafo.

Y es que además de contar esta historia, la puesta en escena en sí misma es una muestra del talento de los jóvenes de estos barrios, que en medio de las adversidades han hallado su camino. La idea es mostrar esta puesta en escena en los barrios mencionados.
“Esto es para que la gente sepa que estamos vivos y también para mostrar el talento y la calidad de estos muchachos que se están forjando en un entorno bastante difícil. Esto va hilvanado con lo que queremos contar y es que el Cerro de La Popa ha resistido a muchos embates, a la indiferencia, al desalojo, al olvido y a la falta de educación. La problemática de estos jóvenes tiene que ver con la falta de oportunidades que a veces les perjudica para que tomen caminos equivocados”, dice Harold Herrera, líder de la iniciativa.
“Este proyecto busca visibilizar y concientizar de que acá hay gente que merece ser valorada y que este espacio necesita inyectarse de oportunidades, es una manera de decir que aquí estamos a pesar de que estigmaticen y digan que aquí solo hay delincuentes. No hay derecho a que se generalice, cada vez que se generaliza hay una afrenta a todos estos chicos que se están esforzando. La ciudad debe dar un giro en ese sentido porque aquí falta inversión social y recursos”, añade.

Efectivamente la necesidad reside en un macroproyecto de desarrollo social, porque la motivación, por parte de los jóvenes, existe. Y la prueba está en la gran cantidad de ellos que hacen parte de este tipo de iniciativas de expresión cultural. “A mí me da mucha alegría montarme en unos zancos, es algo que no puedo describir con palabras y que sin duda no es igual a lo que sienten mis compañeros, porque cada uno transmite algo propio al actuar”, dice Hernán, uno de los jóvenes que hace parte de la puesta en escena.
El ‘Barrio Fino’
Jóvenes que quieren salir adelante es lo que hay en las faldas de La Popa, y Ariel Valdés es viva muestra de eso. Ya son seis años los que lleva con su proyecto ‘Barrio Fino’ (que significa algo como ‘barrio bueno’) con el que ha motivado a más de 300 jóvenes de esos barrios a seguir su vena artística y a apostarle a la composición y producción de canciones sobre su realidad.

“Los pelaos del barrio en realidad no son lo que piensan allá afuera, nosotros acá sabemos cuál es el corazón de ellos, lo que hace falta son oportunidades para que trabajen, estudien, tengan opciones y puedan hacer otras cosas”, dice Ariel, quien desde el sello discográfico ‘Barrio Fino’ ya prepara un álbum producido en cuarentena en el que participaron 45 jóvenes de este sector.
Asegura que gracias a esto, muchos jóvenes han dejado de atracar y de andar en malos pasos porque allí se sienten incluidos, y afirma que ‘La Popa Cuenta’ es una posibilidad para poder mostrarse tal y como son. “La idea siempre es visibilizar lo que somos y lo que hacemos para seguir creyendo en el barrio, porque a pesar de todo no guardamos rencor y seguimos trabajando”, afirma.
Desarrollo, paralizado
Pero si bien la comunidad está poniendo de su parte, ha hecho falta que el Estado ponga su grano de arena. Muchos líderes comunales de estos sectores coinciden en que lo que ha truncado el desarrollo de estos barrios es que a todos los tengan como ‘zonas de alto riesgo’ en las que no se puede invertir.
“Los jóvenes y los niños son los que más sufren con las consecuencias de que no hay desarrollo en estos barrios. Aquí no hay sitios donde recrearse, no hay parques ni canchas, por eso es tan difícil”, dice Juan León, líder del barrio Petare.
Juan Carlos Chiquillo, quien también vive en este barrio, dice que también es necesario crear más oportunidades para que los jóvenes puedan ingresar a la educación superior. “Ellos quieren mostrarse pero a veces no hallan espacios”, dice.
De igual manera, en República del Caribe, zona que al igual que todos los barrios aledaños ha luchado históricamente por la cobertura integral de los servicios públicos, aseguran que en el sector hay mucho talento pero que ha faltado apoyo. “Hay que organizar a los jóvenes para que tengan un proyecto de vida, hay mucho potencial pero se necesitan mejoras”, expresa Amaury Correa, líder del sector.
Así son muchas las personas las que coinciden en que si bien desde las faldas de La Popa se ha avanzado mucho en los últimos años, aun hay mucho camino que recorrer, pues ya no quieren ser reconocidos como barrios violentos en Cartagena sino como barrios de paz, donde el talento abunde y las oportunidades existan.
