Acabábamos de desayunar y estábamos hablando, de repente escuchamos un ruido. Primero colapsó un pedazo de la pared, llamamos al vecino y nos vinimos para la parte de adelante. Después sentimos que se vino toda esa pared y prácticamente nos cayó encima. Gracias a Dios que mis nietos estaban en la otra cama y no hubo ninguna persona herida”.
Ese es el recuerdo que tiene Joselina González del domingo 1 de noviembre, cuando en medio de las fuertes lluvias, producto del paso de la tormenta Eta, un derrumbe afectó la parte trasera de la pequeña casa donde ella convive con otros cuatro adultos y cuatro menores de edad. Sí, en hacinamiento.
Contó que su esposo compró esa casa, en Loma Fresca, hace 25 años. Es de material y con una amplia vista al mar Caribe, de esas panorámicas realmente privilegiadas y que no hay en ninguna otra parte de la ciudad, pero que cuestan el inminente riesgo de perderlo todo por un desastre natural.
“Siempre hemos vivido con ese miedo. No es la primera vez que sucede esto, en otros lados ha pasado peor. Pedimos que ayuden a los vecinos de arriba para que hagan un muro de contención bastante fuerte y a nosotros que nos colaboren con un mejoramiento, aunque estamos en Corvivienda esperando una reubicación”.
Esa última palabra es quizás el común denominador entre las personas que viven en zonas de alto riesgo, y que, pese a ser conscientes de eso, no tienen más opción que encomendarse a Dios.
“Llevo 22 años de estar viviendo aquí y he visto muchos derrumbes porque la primera hilera de casas del otro lado se cayó hace años, entonces uno pide una reubicación porque qué más; pueden hacer el muro de contención pero uno no sabe si otra vez la tierra se va a mover. Con el tiempo, a todo el mundo deben reubicar porque esto se está cayendo, la gente no se está dando cuenta pero esto se está cayendo”, expresó Sixta Moreno Saenz, otra víctima de los deslizamientos del fin de semana en el sector Panorama de San Bernardo.
En su caso, era algo que veía venir, pues fueron varias acciones que se convirtieron en una bomba de tiempo. “El vecino construyó y yo me cansé de decirle que no lo hiciera porque íbamos a tener un derrumbe y él decía que no. Eso comenzó de ese lado y ya va por aquí. Ya tengo la casa en el aire. Con las últimas aguas que cayeron se terminó de derrumbar, pero antes, con los primeros aguaceros, se cayeron las casas de esa hilera”.
La hilera que señala la señora Sixta está nuevamente llena de casas, sin importar las advertencias y la difícil situación que atraviesan los vecinos por los deslizamientos.
De acuerdo con Fernando Abello Rubiano, director de la Oficina Asesora para la Gestión de Riesgo, durante el pasado fin de semana de manera mancomunada la Policía, Cruz Roja, Defensa Civil, Bomberos y CRUE atendieron alrededor de 70 casos entre deslizamientos, caída de árboles e inundaciones, que impactaron a más de 645 personas.
Para el funcionario, la desidia estatal de los últimos años ha permitido que miles de familias habiten en zonas de riesgo sin ningún tipo de garantía, pues las leyes establecen que si alguien vive en una zona irregular e ilegal, y es víctima de un desastre natural, no podrá recibir ayudas como tejas o mejoramiento de vivienda, pues se estaría promoviendo la formalización de estos asentamientos. Como mucho, desde estas oficinas se les podría apoyar con colchonetas y mercados.
“La tala de árboles es parte de ese proceso de deslizamientos. Son lugares que se han vuelto tradicionales, donde se están construyendo casas de forma ilegal en espacios que son irregulares, pero que no tenemos ningún cuidado con la naturaleza ni nada. Una de las cosas que observábamos al subir al cerro de La Popa es que cortan las montañas sin importar las medidas de precaución. Cortan y empiezan a construir sin tener en cuenta que es una zona de alto riesgo”.
Según cifras entregadas por el Establecimiento Público Ambiental, EPA, el cerro tiene 66 hectáreas de suelo invadido por asentamientos precarios, hay más de 2 mil viviendas y 9 mil personas que viven con bajos índices de calidad de vida. Sin embargo, estos son números aproximados pues la ciudad aún no cuenta con un censo que muestre con exactitud la realidad.
“La zona verde está siendo ocupada, no hay suelos para hacer siembra o reforestación sostenible y hay mucha construcción ilegal por la pobreza extrema y la falta de oportunidades”, afirmó Javier Mouthon, director del EPA.
La Bendición de Dios, Kennedy, Lomas del Rosario, El Hueco o El Hoyo son algunas de las zonas que por ordenes judiciales deben ser intervenidas y que están contempladas dentro del Plan Maestro Ambiental del Cerro de La Popa. Así mismo, en otros puntos de la ciudad las alertas por posibles deslizamientos están encendidas en sectores como La mano de Dios, Cerros de Albornoz y Loma del Marión, teniendo en cuenta que según el IDEAM las probabilidad de ocurrencia del fenómeno de La Niña en las actuales condiciones ya alcanza el 90%, y sus efectos podrían extenderse hasta abril de 2021. Además, durante noviembre habrá lluvias un 60% por encima del promedio, mientras que en diciembre el aumento en las precipitaciones alcanzaría un 50%.
De igual manera, de acuerdo con el Observatorio Ambiental, el 6,69% del suelo urbano tiene riesgos por fenómeno de remoción de masas. Se considera de susceptibilidad alta los barrios El Cielo, Nariño, Las Colinas, Manzanares y Cerro de Albornoz; de susceptibilidad moderada a San Francisco, La María y sus alrededores, Nariño, Kennedy, Andalucía, 9 de Abril, Las Brisas, Henequén, y el sector sur oriental de Albornoz; en riesgo bajo está la parte trasera del cerro de La Popa, El Carmelo, San Pedro Mártir, Amberes, La Conquista, Armenia, Zaragocilla y Piedra de Bolívar.
¿En qué trabajar?
De acuerdo con Abello Rubiano además de los procesos y protocolos instaurados para la atención de este tipo de emergencias, se debe trabajar en la generación de conciencia y prevención.
“Hay que decirle a las comunidades que donde están construyendo es un peligro, que no se dejen meter el dedo en la boca cuando les están vendiendo unos lotes que son robados y que se están metiendo en otro problema adicional (...) Aquí tenemos que empezar a atacar desde diferentes puntos, no solo los procesos sino desde la participación ciudadana; empezar a darle un nuevo enfoque a lo que debería ser la Cartagena de Indias que todos queremos, la del siglo XXI. Necesitamos que las personas denuncien a todos los que están vendiendo lotes de forma irregular, para eso existe una línea anticorrupción por si no quieren dar el nombre, solo le solicitamos a la gente que nos den las herramientas para poder mejorar”.
A través de ese proceso de denuncia las autoridades le apuntan a “desarticular todas estas bandas que están vendiendo lotes baldíos o lotes que no son de su propiedad y engañando a la gente”.
“No solo hacemos la mitigación del caso que se presente sino que automáticamente damos información a los diferentes alcaldes locales para que tomen las acciones preventivas y correctivas en los lugares”.

De acuerdo con la OAGRD un deslizamiento de terreno, suelo o roca puede presentarse en zonas de ladera y se activa por lluvia o sismos, pero en la mayoría de los casos por la actividad humana. Acciones como quemas, talas, deforestación, cortes inadecuados en el terreno, rellenos, explotación minera, mal manejo de aguas servidas y excavaciones influyen en el debilitamiento del terreno dejándolo listo para que se mueva.
¿Cómo reducir el riesgo?
La primero medida es no comprar ni alquilar lotes o viviendas en zonas de ladera, en caso de que ya esté en una debe hacer un manejo adecuado de las aguas lluvia y servidas, reforestar con especies nativas las zonas de ladera inestables, realiza mantenimiento periódico de drenajes, canales y filtros, evitar acumulación de escombros y basuras, y si observa fugas de agua informar oportunamente a las autoridades.
