“Por ahora, no se muera”. Ese titular, en la página 7A de la edición del 29 de junio de 2000 de El Universal, alertaba de manera insólita sobre la crisis que vivía en los lugares destinados para los muertos: más bien: para los muertos de escasos recursos de Cartagena de Indias.
Los cementerios públicos de la ciudad estaban a punto de morir, perdón… a punto de colapsar, debido a un problema jurídico entre el Distrito y la empresa administradora de los camposantos por una millonaria deuda. Le puede interesar también: ¿Es tan aterrador como la gente dice? Ross Ariza habla sobre el cementerio de Manga
La nota anunciaba que, en pleno lío jurídico, el Concejo Distrital haría una sesión destinada a debatir el problema y la había programado para el 7 de julio de ese mismo año… “A ella, ya prometieron asistir los asesores jurídicos de la Alcaldía y algunos secretarios del despacho para aclarar, de una vez por todas, si los cartageneros podrán morirse con la esperanza de ser enterrados en paz o no”.

El lío de los cementerios públicos que agonizaban en Cartagena
La Alcaldía Distrital, a través de sus asesores jurídicos, había cuestionado la legalidad del contrato vigente con la firma Prodesn (la administradora), pero el problemón pasaba, de acuerdo con la nota, por irregularidades como la falta de respaldo presupuestal y la ausencia de autorización del Concejo para comprometer vigencias futuras.
Y por si con todo ello fuese poco, desde el Distrito informaban que el contrato ya estaba vencido y que la empresa se negaba a conciliar una deuda acumulada, que ya era cercana a los 300 millones de pesos.
La empresa Prodesn, por su parte, defendió su gestión y anunció que presentaría las estadísticas que respaldaban su compromiso con la comunidad, pero, eso sí: advirtió que los ingresos no cubrían los costos operativos, lo que ponía en riesgo la continuidad del servicio.
Incluso, el gerente alertó sobre una posible crisis sanitaria si no se tomaban decisiones rápidas. La Alcaldía propuso una conciliación presupuestal y una liquidación del contrato por mutuo acuerdo, pero reconoció que las posturas encontradas dificultaban el avance hacia una solución definitiva.
Toda una agonía
En otra nota, publicada en la edición del 8 de julio, después de la sesión del Concejo, se calificó como “tétrico” el panorama presentado por Prodesn: “Los campos santos donde entierran a los pobres tienen un déficit acumulado progresivo que al finalizar el año llegará a 405 bóvedas”.

Según el informe que rindió el gerente de la firma administradora, Juan Julio Polo, la falta de pago del Distrito había ocasionado que se dejaran de construir bóvedas; era un problema social que amenazaba incluso a la salud pública: “El 73% de los cartageneros pobres utilizan los servicios que se prestan en los cementerios periféricos”.
La situación era tan crítica que habían tenido que apoyarse en la exhumación de los cadáveres que habían cumplido dos años sepultados para rebuscar cupos para los recién muertos, pero los cementerios vivían alcanzados, agonizando. Lea además: Cementerio de Manga hace parte de la Red Nacional de Cementerios
“Por ejemplo, en el cementerio de Olaya exhumó en junio 21 cadáveres, pero en ese campo santo se sepultan 30 personas mensualmente, es decir que se presenta un déficit de nueve bóvedas, solo en el mes de julio. Igual situación se presenta en los cementerios de Ternera y Albornoz”, dice la nota y agrega:
“Todos los meses deben cruzar los dedos para que el Dadis apruebe la exhumación de la lista de los cadáveres que cumplen los dos años”.
Así, calculaban que, a diciembre de ese año, habría un déficit de 405 bóvedas y advertían que el problema de los cementerios periféricos estaba saturando al Cementerio Santa Cruz de Manga, donde se estaban sepultando 60 muertos mensuales, cuando el promedio era de 47.
¿Cómo está la situación de los cementerios públicos en Cartagena?
En la actualidad, la administración de los cementerios públicos de Cartagena recae directamente en la Alcaldía Distrital, a través de la Oficina Administrativa de Apoyo Logístico -dependiente de la Secretaría de Infraestructura-. Esta dependencia gestiona el mantenimiento, la construcción de nuevas bóvedas/nichos y la intervención de los camposantos en Manga, Olaya Herrera, Ternera y Albornoz.
La información disponible sobre las más recientes mejoras e inversiones data desde la pasada Alcaldía, cuando, en marzo de 2023, el Distrito anunció que “durante el 2022 se realizaron obras de mantenimiento preventivo y correctivo con el objetivo de mejorar la prestación de sus servicios, y en el 2023 ya están a disposición de los cartageneros más nichos, bóvedas, senderos peatonales, entre otras adecuaciones”.
En concreto, construyeron 90 nichos, 60 bóvedas, más de mil metros cuadrados de senderos peatonales, bancas, rampas de acceso para discapacitados y el mejoramiento de la iluminación periférica de los cementerios de Santa Cruz de Manga, Olaya Herrera, Albornoz y Ternera.
Recordar esta historia no es solo mirar al pasado, sino preguntarnos si como ciudad estamos cuidando con dignidad no solo a los vivos, sino también a nuestros muertos.

