El rastro de un mortero histórico ligado al ataque del Barón de Pointis a Cartagena de Indias condujo inesperadamente a Bogotá. Hasta allí llevaron las pistas que siguieron un historiador y un docente cartageneros para ubicar una pieza de artillería que forma parte del patrimonio de la ciudad.
Si toca empezar por el inicio, todo surge por la inquietud que despertó una fotografía que vio por casualidad el docente Juan Manuel Torres Castro en Facebook. “En esa fotografía se observaba un mortero igual al que está en el Parque de Bolívar”. Esa imagen también apareció en la revista del Banco de Occidente, en un artículo de la doctora Adelaida Sourdis Nájera, miembro de la Academia Colombiana de la Historia, contó.
Estas imágenes despertaron rápidamente muchas preguntas. “Nosotros nos preguntamos: conocemos que en 1697 el corsario francés Jean Bernard Desjeans, Barón de Pointis, desembarcó dos morteros como arma de asedio o de sitio. Entonces empezamos así nuestra búsqueda para conocer dónde estaba el otro mortero, que no es igual a un cañón, porque el mortero tiene una trayectoria que es parabólica”, explicó, por su parte, el historiador Josué Guillermo Vargas Ortiz.
Así comenzaron la búsqueda del mortero “gemelo”...
La historia del primer mortero
Según quedó consignado en una de las páginas del extinto periódico El Mercurio (1930), que circulaba en Cartagena, el jefe del Resguardo de la ciudad entregó detalles de cómo recuperaron un mortero en Bocachica, pieza que hoy reposa en una de las esquinas del emblemático Parque de Bolívar, en el Centro Histórico.
“Allá, en el año veintisiete, el entonces Jefe del Resguardo, en un paseo que tuvo por esos castillos acompañado por un hijo suyo, encontró por casualidad esta gloriosa reliquia y se la obsequió al que en ese tiempo era Ministro de Obras Públicas para el Museo Nacional. Enterado de ello, nos dice el señor Vega, hice de mi parte todo lo posible por conseguirla para nustro (sic) Museo, con tanto empeño que bien pronto pude ver coronados por el éxito mis esfuerzos. El señor Ministro aceptó mi proposición de dejarla para el Museo de esta ciudad, debido a que otra reliquia, de no menos valor, encontrada por esos mismos lugares, había sido enviada a Bogotá”, se lee en el artículo titulado ‘El célebre mortero hallado en Bocachica ha sido traído por fin a nuestra ciudad’.
De acuerdo con el testimonio descrito en la noticia, la traída de esta pieza de artillería a la ciudad fue calificada como toda una “odisea”.
“La traída fue un trabajo de titán, una odisea. Por el excesivo peso del mortero, cuatro toneladas y media, fue menestres (sic) ensayar todos los recursos, acudir al ingenio y hasta arriesgar en más de una ocasión la vida. Ya en la bahía, gracias a la ayuda desinteresada y patriota de varios hijos de esta ciudad, tales como Ildefonso Martínez, quien facilitó los hombres para ser transportado el mortero de las dos canoas en que venía remolcado al vehículo que prestó Enrique Rojo Fabián, fue posible trasladarlo del Arcenal (sic) al Comando. Aquí, y de ello estoy mil veces agradecidos (sic), el Coronel Frohard ordenó que fuesen vestidos de gala un batallón del Regimiento para que acompañase a la gloriosa reliquia en su trayectoria por varias calles de la ciudad al Museo”.
Con esta información, los investigadores cartageneros se dieron a la tarea de iniciar una constante correspondencia con el Museo Nacional de Colombia, en la que descubrieron cómo esta y otras piezas de artillería terminaron en la capital del país. “En medio de esa correspondencia logramos identificar que el segundo, su ‘gemelo’ por origen, contexto histórico y valor patrimonial, fue trasladado en 1913 al Museo Nacional, donde se preserva con el debido cuidado”, indicó Vargas Ortiz.

El hallazgo del segundo mortero en Bogotá
El historiador Josué Guillermo Vargas explicó que en una de las respuestas entregadas por el Museo Nacional de Colombia se expone que, en la actualidad, el mortero identificado con el registro 3568 “se encuentra debidamente inventariado como bien de propiedad perteneciente a las colecciones del Museo Nacional de Colombia, unidad administrativa especial del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes”.
La dirección del museo aclara además, en el mismo documento, que “al ser un bien mueble de interés cultural de la Nación bajo custodia estatal, su baja de inventarios para una entrega definitiva tendría como requisito un sustento legal y probatorio riguroso que, a la fecha, no se ha consolidado”.

Sobre su traslado a Bogotá, los documentos dejan ver que todo obedeció a una operación oficial coordinada en ese entonces por los ministerios de Instrucción Pública, de Guerra y de Obras Públicas. “Estos documentos, como el oficio No. 1768 de 1911 y el No. 2215 de 1912, demuestran que el traslado del mortero (identificado en la época como uno de los ‘cañones históricos’) no fue un acto irregular, sino una operación oficial coordinada entre los Ministerios de Instrucción Pública, de Guerra y de Obras Públicas”, se lee en el documento.
La solicitud para que el mortero regrese a Cartagena
Así las cosas, Josué Guillermo Vargas y Juan Manuel Torres, autores de la Enciclopedia sobre la historia de Cartagena de Indias, elevaron una solicitud ante el Ministerio de las Culturas, la Alcaldía de Cartagena y la Presidencia de la República para que el mortero histórico retorne a la ciudad y haga parte de los bienes materiales de Cartagena.
“Ya hemos enviado toda la documentación histórica contenida de estos dos morteros que el Barón de Pointis dejó aquí, en Cartagena, y necesitamos que el que está en el Museo Nacional lo repatríen acá”, subrayó Vargas.
Para estos investigadores, el retorno de esta pieza a su contexto territorial original en Cartagena permitiría “fortalecer la integridad y la narrativa museográfica del patrimonio material colonial en su escenario histórico preciso y facilitar la exhibición conjunta de ambos morteros como ‘gemelos’ inseparables en el Parque de Bolívar, enriqueciendo la experiencia cultural para la ciudadanía y los turistas”.
Ya hemos enviado toda la documentación histórica contenida de estos dos morteros que el Barón de Pointis dejó aquí, en Cartagena (...)“.
Josué Guillermo Vargas
De momento, el Museo Nacional de Colombia dejó claro que, ante la ausencia de pruebas de ilicitud en el proceso de traslado del mortero, no es viable un posible retorno. “Dado que existe una adquisición legal por parte de la Nación hace más de un siglo, el Ministerio no cuenta con sustento legal para dar de baja el bien de sus inventarios y proceder a una transferencia de propiedad”, se lee en la respuesta del museo firmada por Katia Cecilia González, directora (e) del Museo Nacional de Colombia.

No obstante, los autores cartageneros creen firmemente en el propósito de recuperar esta pieza con voluntad política y participación ciudadana. “Hay una palabra muy diciente, que es patrimonio. Cuando se habla de patrimonio, se habla de un legado, de una herencia, y consecuentemente el acervo histórico de nuestra ciudad tiene que estar con nosotros. Pertenece a nosotros”, expresó entusiasta Josué Guillermo Vargas.
¿Por qué este mortero se asocia al Barón de Pointis?
El historiador Josué Guillermo Vargas envió a la directora (e) del Museo Nacional, Dra. Katia González, un informe con las características y la morfología de los morteros franceses, que los diferencian de los morteros españoles, ingleses y holandeses, además del contexto histórico en el que se desarrollaron las incursiones en la ciudad.
