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Cartagena

Los emboladores del Palito de Caucho de Cartagena no quieren caer en el olvido

Emboladores que por décadas han ejercido esta labor a la sombra del Palito de Caucho, en el Centro Histórico, hoy viven con zozobra por la falta de clientes. Piden apoyo al Distrito.

Los emboladores del Palito de Caucho de Cartagena no quieren caer en el olvido

Emboladores del Palito de Caucho, en el Centro Histórico de Cartagena. // Julio Castaño - El Universal

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Las jornadas de Julio Erazo Cásseres a la sombra del Palito de Caucho, suelen parecerse mucho. Todos los días sale de su casa en el barrio Olaya Herrera y llega puntual a las 7 de la mañana al icónico árbol del Centro Histórico de Cartagena a organizar su puesto de trabajo. Alista su caja, los cepillos, los betunes y se sienta a esperar que algún cliente aparezca, pero es raro que eso suceda. Pasan las horas y de repente ya son las 6 de la tarde y debe irse a su casa sin un peso. Esa ha sido su realidad y la de muchos de sus compañeros en los últimos años, quienes han visto con sus propios ojos, y con dolor, la decadencia del oficio que en otra época les daba para vivir sin preocupaciones: embolar zapatos.

Cuenta Erazo Cásseres, que la situación ya viene desde hace tiempo, pero sigue agravándose, pues de más de 20 emboladores que alguna vez llegaron al Palito de Caucho a ganarse la vida hoy solo quedan 11. Unos han fallecido, otros enfermado y algunos simplemente se han cansado de esperar lo que no llega. Él los entiende, porque en ocasiones también se pregunta qué lo lleva a seguir manteniendo su rutina a pesar de que su oficio ya no es el mismo de antes. Sin embargo, considera que un legado de más de 50 años embolando zapatos en este sitio tradicional de la ciudad es algo que no deber ser olvidado, por el contrario, debe ser reconocido y dignificado.

Lea aquí: El líder de la última generación de emboladores

Esta es una labor que no ha tenido un relevo generacional. Los que la han mantenido a flote son un grupo de hombres, ya todos adultos mayores, que han dedicado su vida a este oficio y no lo han abandonado por amor a lo que hacen, por ser un patrimonio vivo de la ciudad que no quieren dejar perder y que hoy, necesita apoyo para no morir.

Julio Erazo Cásseres esperando clientes a la sombra del Palito de Caucho. // Julio Castaño - El Universal
Julio Erazo Cásseres esperando clientes a la sombra del Palito de Caucho. // Julio Castaño - El Universal

El Palito de Caucho, un centro de embolado en Cartagena

Julio Erazo Cásseres comenzó, como muchos de sus compañeros, a lustrar zapatos desde que era un niño, en una ciudad donde dedicarse a esta labor aún era rentable para vivir. “Yo tenía un cuñado, que en paz descanse, que trabajaba en una empresa de embotellados y siendo yo muchachito, me ponía a que le lustrara sus zapatos en el barrio Nariño. Luego vinieron sus amigos, los vecinos y tuve la necesidad de salir al Centro Histórico porque prácticamente me dediqué fue a esto”, cuenta.

En un principio, los emboladores se ganaban la vida de forma ambulante, recorriendo las calles de la Ciudad Amurallada con sus herramientas de trabajo, hasta que por fin se establecieron en el Palito de Caucho, donde permanecen hasta hoy. “Antes de fundar el Palito de Caucho como centro de embolado, nosotros caminábamos por todo el Centro de Cartagena y pasábamos por acá. Aquí antes había una estación de taxis, llegamos a tener problemas porque nos echaban la Policía y teníamos que salir corriendo, pero en ese ir y venir, nos fuimos amañando, las cosas se fueron calmando y logramos quedarnos aquí”, explica.

En ese entonces, conseguir los clientes no era un problema y la labor de lustrar zapatos, aunque no los hacía millonarios, al menos les daba para vivir bien y que no les faltara nada en su hogar. Hoy en día, todos los emboladores del Palito de Caucho cuentan con confianza legítima por parte de las autoridades para ejercer su oficio en el espacio público, aunque ya no tengan la demanda que solían tener en un pasado.

Estos son los emboladores del Palito de Caucho del Centro Histórico de Cartagena. // Julio Castaño - El Universal
Estos son los emboladores del Palito de Caucho del Centro Histórico de Cartagena. // Julio Castaño - El Universal

La decadencia de un oficio tradicional de Cartagena

Para Erazo Cásseres, la decadencia del oficio no es reciente, de hecho, se remonta a hace unos 20 años atrás cuando comenzaron a cambiar las dinámicas de la ciudad. “Antes el Centro era un epicentro comercial, hoy en día es epicentro turístico y nosotros sentimos que no encajamos ahí porque el turista no viene a embolarse los zapatos”, indica.

Para esas épocas, recuerda, comenzó la planeación de lo que sería el sistema de transporte masivo de la ciudad, Transcaribe, por lo cual miles de vendedores que antes estaban en el Centro fueron reubicados. “En ese momento también vino el auge de los centros comerciales y eso conllevó a que la gente se alejara y que los clientes, que eran nuestro sustento, dejaran de venir acá”, comenta.

Así se pasan los días los emboladores del Palito de Caucho. // Julio Castaño - El Universal
Así se pasan los días los emboladores del Palito de Caucho. // Julio Castaño - El Universal

Muchas empresas también cambiaron sus sedes a otras localidades y los buses que dejaban a los trabajadores en el Centro, y que tenían en el Palito de Caucho su lugar de tertulia por las tardes, también se fueron. “Ahora la mayoría de los edificios aquí son hoteles, bares y cosas por el estilo, y nosotros hemos recibido los golpes porque no vivimos del turismo”, apunta.

La situación terminó de agravarse con la llegada de la pandemia, cuando por motivos de bioseguridad tuvieron que dejar su lugar tradicional y al regresar, se encontraron con un panorama aún más desolador. “Esa es la razón por la que hoy en día estamos sufriendo, porque no estamos llevando nuestro sustento a la casa”, dice.

Los emboladores han logrado sobrevivir gracias a aquellos clientes que con el paso de los años se convirtieron en amigos y que aunque no van todos los días o todas las semanas por una embolada, cuando se acercan al Palito de Caucho siempre los tienen en cuenta. “De eso estamos viviendo, de la anuencia de los amigos, porque con el trabajo que de vez en cuando logramos hacer, no nos alcanza”, puntualiza.

De vez en cuando llegan clientes al Palito de Caucho. // Julio Castaño - El Universal
De vez en cuando llegan clientes al Palito de Caucho. // Julio Castaño - El Universal

El llamado de los emboladores al Distrito de Cartagena

El año pasado, los emboladores del Palito de Caucho recibieron la visita del alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, quien les aseguró que tenía un proyecto para ellos y así dignificar su labor. Al sitio llegaron varias dependencias e hicieron censos, pero aún no se ha concretado nada.

El grupo, aunque valora la buena intención del mandatario, insiste en que es necesario hacer una mesa de trabajo en la cual ellos puedan exponer sus necesidades y presentar sus propuestas, de tal manera que el proyecto a implementar realmente pueda responder a sus problemáticas y sea acorde a su realidad.

“A nosotros nos satisface su buena intención para con nosotros, pero sí queremos que mire bien qué va a hacer, porque ya embolada no hay. Él nos puede colaborar con material, pero eso se nos seca porque no tenemos en qué utilizarlo, por eso nos gustaría que nos concediera un espacio de diálogo, para ver qué opciones tenemos. Nosotros somos personas mayores de 60 años, ciudadanos que nos hemos ganado la vida desde niños en este oficio. Prácticamente somos la última generación de emboladores”, sentencia.

Los emboladores buscan una mesa de trabajo con la Alcaldía. // Julio Castaño - El Universal
Los emboladores buscan una mesa de trabajo con la Alcaldía. // Julio Castaño - El Universal

La propuesta de los emboladores a la Alcaldía de Cartagena

Kevin Reyes Miranda, gestor social de Cartagena y quien ha acompañado a los emboladores del Palito de Caucho en la búsqueda de soluciones a sus problemáticas, explicó la propuesta que buscan presentarle al Distrito. “Esta labor tiene más de 50 años y eso debe ser reconocido. Muchos de ellos no cuentan con ninguna pensión ni tienen un respaldo. Por eso hacemos el llamado al Distrito, para dar a conocer esta problemática viviente. Embolar ha sido la labor de toda su vida, pero ellos quieren tener garantías para una vejez tranquila y digna”, explica.

Por este motivo, la propuesta consiste en que se pueda buscar la manera de mantener vivo el oficio, pero que los emboladores puedan contar con su sustento. “La idea es que ellos puedan tener ese respaldo administrativo y que sepan que pueden contar con él, que incluso puedan ser vinculados al turismo y se demuestre que Cartagena apoya la cultura y la tradición, pero para que eso se pueda llevar a cabo es necesario primero una mesa de trabajo”, subraya.

Gerencia de Espacio Público habla de la situación de los emboladores

El Universal consultó a la Gerencia de Espacio Público sobre la situación que padecen los emboladores del Palito de Caucho. Al respecto, indicaron que efecto se está impulsando un proyecto de renovación del entorno “que va más allá de la transformación física del lugar”.

“Esta intervención reconoce que los espacios públicos del Centro Histórico no solo se construyen con infraestructura, sino también con las personas que les dan vida, como nuestros emboladores, quienes por décadas han sido parte del paisaje humano y cultural de la ciudad. Por eso son protagonistas de uno de los nodos de este proceso, en reconocimiento a su aporte a la identidad, la memoria y la economía popular de Cartagena”, dijeron.

La entidad manifestó que ya tiene en la agenda espacios de socialización para que puedan conocer la propuesta de primera mano y participar de manera activa. “Con este proyecto buscamos crear valor desde lo público, entendiendo que las intervenciones urbanas no solo deben mejorar la infraestructura, sino también fortalecer las dinámicas sociales, culturales y económicas que sostienen la vida de la ciudad”, indicaron.

Desde Espacio Público también reconocieron la problemática que tienen los emboladores para su sustento, por lo cual afirmaron que están trabajando en soluciones de la mano de otras entidades. “Somos conscientes de que muchos de estos gremios tradicionales están conformados principalmente por adultos mayores que durante décadas han sostenido estos oficios y que hoy enfrentan importantes necesidades en materia prestacional y asistencial. Por ello, este proceso también contempla la articulación con otras dependencias, para acompañar a esta comunidad y reconocer que, ante el riesgo de que estos oficios desaparezcan por falta de relevo generacional, tenemos la posibilidad de dignificar su labor y preservar el legado cultural que representan para Cartagena”, manifestaron.

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