Era la 1:00 de la tarde en un día de aquel 2010. Yo tendría unos 8 años. A lo lejos escuché un grito entre las voces y risas de mis compañeritos de clase. Recuerdo que la profesora se acercó y me dijo: “Génesis, te vinieron a buscar”. Yo agarré mi bolso del colegio y salí corriendo.
Justo ahí estaba mi abuelo Pibe: un señor moreno, no muy alto, de bigote y buena postura. Siempre atlético porque en su juventud boxeaba. Todas las mañanas hacía ejercicio en la terraza de su casa, yo creo que sí le gustaba entrenar, pero más que eso, disfrutaba saludar a todos los vecinos que pasaban o se asomaban a la puerta.
El sol de esa hora era infernal y, aunque la casa quedaba a unas cuadras del colegio, yo no podía soportarlo. O bueno, sí podía, pero era necesario hacerle un pequeño berrinche a mi abuelo para que me comprara un raspao de cola, delicioso y perfecto para el calor que hacía en ese momento.
No recuerdo nunca a mi abuelo diciéndome que no a uno de mis berrinches por un raspao. Él sabía que ese vaso con hielo y colorante rojo me hacía feliz.
Y fue así durante muchos años. Mi abuelito siempre me recogía en el colegio porque mis papás estaban trabajando. Luego me mudé y, aun así, él cruzaba gran parte de la ciudad para ir a buscarme. Pero el punto no es ese, aunque agradezco profundamente todo lo que ha hecho por mí.
El punto es que hace poco me hicieron esta pregunta: “Ser cartagenero: ¿qué significa hoy?”. Y aunque está enfocada en la actualidad, lo primero que vino a mi mente fueron recuerdos de mi niñez, por eso la historia del raspao. Y porque identificarme y aceptarme como cartagenera no es algo que nació ahora que tengo 24 años; viene desde que crecí en el barrio más popular de la ciudad, Olaya Herrera. Allí viví hasta mis 11 años.
Con los años entendí que esos recuerdos no eran solo momentos de infancia. Eran, sin saberlo, mi primera forma de entender Cartagena.
Porque ser cartagenero no empieza en los discursos sobre historia o turismo. Empieza en los barrios, en la manera de hablar duro, de saludar al vecino, de resolver incluso cuando no alcanza. Empieza en la gente que aprende a convivir con el calor, las dificultades y hasta, en ocasiones, con el abandono de las autoridades.
Ser cartagenero: ¿qué significa hoy?
Hoy, más madura, profesional y consciente de la realidad, podría responder esa pregunta diciendo que para mí, ser cartagenero significa despertarme todos los días con la convicción de que nací en una de las ciudades más hermosas del mundo, tan bella como su gente. Pero también significa reconocer que es una ciudad con mucho por mejorar, marcada por una enorme brecha de desigualdad.
Según Cartagena Cómo Vamos, la pobreza monetaria en la ciudad alcanza el 41 % y la pobreza extrema, el 13 %, cifras considerablemente altas que obligan a reflexionar sobre la realidad que viven miles de personas más allá de las murallas y las postales turísticas.
Y no quiero hablar de la autoridad de la ciudad. Quiero hablar de su gente. De esa gente que sale a las calles a protestar por sus derechos, que no se queda callada y levanta la voz para exigir lo que merece. Porque así somos muchos cartageneros: resilientes, frenteros y capaces de resistir incluso cortes de agua y de luz un mismo día.
Ahora bien, si le preguntáramos a un vendedor ambulante qué significa ser cartagenero, probablemente su respuesta no coincidiría con la mía, y estaría totalmente de acuerdo con él. Tal vez hablaría de sobrevivir el día a día bajo el sol, de trabajar sin descanso o de luchar por sacar adelante a su familia.
Si se lo preguntamos a un niño, seguramente respondería algo distinto. Y si la pregunta llega a un abuelo, quizás hablaría de la Cartagena del pasado, esa que muchos extrañan y que las nuevas generaciones nunca conocieron, pero que permanece viva en los recuerdos de miles de cartageneros.
Hay algo en la manera de hablar, caminar y hasta sobrevivir en Cartagena que solo entiende quien ha crecido bajo este sol intenso y entre calles llenas de historia, música y tradición. Por eso creo que no existe una única manera de definir qué significa ser cartagenero, en el fondo, ese significado depende de lo vivido por cada ciudadano.
Aun así, si tuviera que resumirlo en una frase, diría esta: “Ser cartagenero hoy es aprender a convivir con una ciudad hermosa y difícil al mismo tiempo”.
Y para ti, ¿qué significa ser cartagenero? Que hoy, en el cumpleaños 493 de Cartagena, sea un buen momento para hacerse esa pregunta.

