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¿La ha visto? Esta es la historia de la ‘ventana de la denuncia’ en el Palacio de la Inquisición

Una ranura del Palacio de la Inquisición conecta a Cartagena de Indias con antiguos sistemas de denuncia anónima usados en Europa y América.

¿La ha visto? Esta es la historia de la ‘ventana de la denuncia’ en el Palacio de la Inquisición

La ventana de la denuncia en el antiguo Palacio de la Inquisición. //Foto: Zenia Valdelamar- EU.

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Si ha visitado el Palacio de la Inquisición de Cartagena (sede hoy del Museo Histórico de Cartagena), es posible que haya pasado de largo frente a una pequeña ranura abierta en uno de sus muros. Se trata de la conocida ventana de la denuncia, también llamada ventana de la ignominia, un discreto elemento arquitectónico que recuerda uno de los mecanismos más controvertidos del Tribunal del Santo Oficio.

Una placa instalada por el Concurso Nacional de Belleza resume su función en un par de líneas: “El Santo Oficio recibía por esta ventana las denuncias de aquellas prácticas consideradas apartadas de la fe católica, cuyo procedimiento le confería un carácter anónimo”. De acuerdo con los historiadores, a través de esta abertura, coronada por una cruz de piedra, los habitantes podían denunciar a personas sospechosas de herejía, brujería, prácticas consideradas supersticiosas o conductas contrarias a la doctrina católica. A partir de ese momento, el Tribunal del Santo Oficio iniciaba la investigación, un proceso que, en muchos casos, incluía interrogatorios, encarcelamientos y torturas destinadas a obtener confesiones.

La historia de la ventana de denuncias

Considerado uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil del siglo XVIII en Cartagena, el Palacio de la Inquisición fue construido hacia 1770 sobre los terrenos que desde comienzos del siglo XVII ocupaban dos viviendas arrendadas por el Tribunal del Santo Oficio, instalado en la ciudad desde 1610. Con el crecimiento de sus funciones, aquellas primeras edificaciones fueron adquiridas y demolidas para levantar una sede que respondiera a las necesidades administrativas y judiciales del tribunal. Lea también: Descubre los tesoros que se esconden en los museos de Cartagena

Detrás de su elegante fachada barroca en la que cientos de turistas se sacan fotografías, se esconde un espacio marcado por el miedo. El precioso patio central se opone a la oscuridad de los antiguos calabozos, donde permanecían recluidos los acusados mientras esperaban ser juzgados. En el museo aún se conservan algunos instrumentos asociados a los métodos de castigo empleados por el Santo Oficio, entre ellos cepos y la báscula donde eran pesados ya que el peso era un factor clave en la evidencia de brujería.

La ventana de la denuncia en el antiguo Palacio de la Inquisición. //Foto: Zenia Valdelamar- EU.
La ventana de la denuncia en el antiguo Palacio de la Inquisición. //Foto: Zenia Valdelamar- EU.

Aunque la ventana de la denuncia suele despertar la curiosidad de quienes visitan Cartagena, este tipo de mecanismos no fue exclusivo de la ciudad. Diversos tribunales e instituciones europeas desarrollaron sistemas similares para recibir denuncias anónimas. Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en Venecia, Italia, allí funcionaban las Bocche di Leone (Bocas de León), receptáculos de piedra tallados con el rostro de un león, símbolo de San Marcos, distribuidos en el Palacio Ducal y otros puntos de la ciudad.

A través de estas aberturas, los ciudadanos podían presentar denuncias relacionadas con traición al Estado, evasión de impuestos, blasfemia o asuntos de salud pública. Aunque cualquier persona podía depositar una nota, las denuncias firmadas y respaldadas por testigos tenían prioridad y eran examinadas por el Consejo de los Diez, uno de los principales órganos de gobierno veneciano. Las acusaciones anónimas solo eran admitidas en circunstancias excepcionales, especialmente cuando involucraban a funcionarios del Estado o asuntos considerados de seguridad pública. Lea también: El guardián de la Inquisición

En Roma, el entorno del Palacio del Santo Oficio también contó con mecanismos destinados a facilitar denuncias relacionadas con apostasía, luteranismo o la posesión de libros prohibidos. Fue precisamente este tribunal el que juzgó en 1633 al astrónomo Galileo Galilei. El astrónomo fue obligado a arrodillarse y retractarse públicamente de su defensa del heliocentrismo, teoría que sostenía que la Tierra giraba alrededor del Sol. Tras ser declarado “vehementemente sospechoso de herejía” por el Tribunal del Santo Oficio, su obra ‘Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo’ fue prohibida. Aunque inicialmente fue condenado a prisión perpetua, la sentencia fue sustituida por arresto domiciliario, que cumplió en Villa Arcetri, su residencia ubicada en las afueras de Florencia.

Ahora bien, otros modelos semejantes existieron en los tribunales inquisitoriales de España y, posteriormente, en los de la Nueva España y el Virreinato del Perú. En ciudades como México y Lima, las denuncias podían entregarse mediante buzones, ranuras o audiencias reservadas, garantizando la confidencialidad del denunciante.

Más allá de su función práctica, estas ranuras materializaron una lógica de vigilancia que trascendió fronteras y épocas al permitir que cualquier persona denunciara en secreto a un vecino, un familiar o un conocido, convirtieron a la propia sociedad en parte del mecanismo de control. Esa idea encuentra eco siglos después en el pensamiento del filósofo francés Michel Foucault, quien en Vigilar y castigar utilizó la figura del panóptico para explicar cómo el poder no solo se ejerce mediante la fuerza, sino también a través de la posibilidad permanente de ser observado. En ese sentido, la ventana de la denuncia no fue únicamente un elemento aislado sino la expresión material de un sistema que convirtió la vigilancia en una herramienta de disciplina social y castigo.

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