Basta un descuido para que una maniobra sobre una red eléctrica termine en una emergencia. La electricidad puede provocar lesiones graves en fracciones de segundo, incluso antes de que una persona alcance a reaccionar. Una descarga puede afectar el corazón, los músculos y el sistema nervioso, además de generar caídas, incendios o explosiones.
El riesgo aumenta cuando alguien intenta intervenir una red sin autorización o sin los conocimientos y elementos de protección necesarios. Entre los accidentes más comunes están el contacto directo con conductores energizados, el acercamiento peligroso a líneas aéreas y el uso de herramientas u objetos metálicos cerca de la infraestructura.
A esto se suman las quemaduras, la electrocución, los daños en equipos y los incendios que pueden producirse por maniobras indebidas o sobrecargas. (También te puede interesar: “Gente Bacana”, una apuesta por el desarrollo sostenible de Cartagena)
Una red apagada no siempre está desenergizada
Uno de los principales peligros es confiarse porque una red parece estar apagada. Que no haya actividad visible o que el servicio esté suspendido no significa necesariamente que los cables estén libres de energía.
Una red puede continuar energizada por una reconexión automática, la alimentación desde otro circuito, inducción eléctrica, errores de maniobra o retornos de energía desde otras fuentes.
Por eso, nunca se debe asumir que un cable está desenergizado y mucho menos tocarlo o intervenirlo sin autorización, advierte Leonardo Rodríguez, experto de Afinia.
Las consecuencias de una descarga pueden ser graves. Además de quemaduras externas e internas, puede ocasionar alteraciones del ritmo cardíaco, paro cardiorrespiratorio, lesiones neurológicas, daño muscular severo y falla renal por destrucción de tejido.
También puede provocar pérdida de conciencia, traumatismos por caídas y lesiones permanentes en las manos, los ojos o la piel.
Intervenciones que ponen vidas en riesgo
Entre las prácticas más peligrosas están el hurto de energía, las conexiones fraudulentas, el puenteo de medidores y la apertura de cajas o gabinetes sin autorización.
También representan un riesgo el uso de escaleras, varillas o alambres cerca de las líneas eléctricas, así como la poda de árboles próximos a las redes sin personal especializado.
Estas acciones pueden generar contacto directo con partes energizadas, sobrecargas, cortocircuitos e incendios y, además, poner en peligro a otras personas de la comunidad.
Solo personal autorizado debe intervenir
Las redes eléctricas deben ser intervenidas únicamente por profesionales o cuadrillas autorizadas y capacitadas. Estos equipos cuentan con los conocimientos técnicos, los elementos de protección personal y los procedimientos necesarios para identificar los riesgos y realizar maniobras seguras.
En estos casos, la improvisación puede tener consecuencias irreversibles. Por eso, ante cualquier daño o anomalía en la infraestructura eléctrica, Rodríguez recomienda mantenerse alejado y reportar la situación a la empresa de energía.
¿Cómo prevenir accidentes?
De acuerdo con Leonardo Rodríguez, experto de Afinia, algunas de las principales recomendaciones para prevenir accidentes son:
- No tocar cables caídos ni acercarse a postes, transformadores o gabinetes dañados.
- Reportar inmediatamente cualquier anomalía a la empresa de energía.
- No utilizar varillas, alambres, escaleras metálicas u otros objetos conductores cerca de las redes.
- Respetar siempre las distancias de seguridad frente a las líneas eléctricas.
- No podar árboles próximos a las redes sin la intervención de personal especializado.
- Enseñar a niños y jóvenes a no jugar ni trepar estructuras cercanas a la infraestructura eléctrica.
- Ante tormentas o daños visibles, desconectar equipos y evitar cualquier contacto con instalaciones que puedan representar un peligro.
La electricidad hace parte de la vida cotidiana, pero su manejo requiere conocimiento y responsabilidad. Una red eléctrica no debe ser manipulada por curiosidad, necesidad o improvisación. Alejarse, reportar y dejar la intervención en manos de personal autorizado puede marcar la diferencia entre una situación de riesgo y una tragedia.
