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Fenómeno de El Niño: ¿por qué aumenta el consumo y puede encarecer la energía?

Las altas temperaturas aumentan el uso de electrodomésticos, mientras la falta de lluvias reduce la generación hidroeléctrica y eleva los costos. Un experto explica cómo estos factores impactan el mercado eléctrico y pueden reflejarse en las tarifas.

Fenómeno de El Niño: ¿por qué aumenta el consumo y puede encarecer la energía?

Redes de energía. // Julio Castaño - El Universal

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Cuando disminuyen las lluvias y aumentan las temperaturas, el impacto del fenómeno de El Niño no se limita al clima. Sus efectos también llegan al sistema eléctrico colombiano: mientras los hogares consumen más energía para enfrentar el calor, el país puede disponer de menos agua para producirla mediante sus centrales hidroeléctricas.

Esta combinación —mayor demanda y generación más costosa— ejerce presión sobre el precio de la energía. Para entender por qué ocurre, primero es necesario conocer cómo se produce, se transporta, se comercializa y se cobra la electricidad en Colombia.

Mauro Antonio González Sierra, ingeniero electricista de la Universidad Tecnológica de Bolívar y especialista en sistemas y mercados de energía, explica que la relación entre el clima y los precios es especialmente importante en un país cuya generación eléctrica depende en buena medida de las fuentes hídricas. (También te puede interesar: Ola de calor en Cartagena: 10 tips para cuidar tu consumo de energía)

Menos lluvias, energía más costosa

En condiciones normales de lluvias, los embalses almacenan el agua utilizada por las centrales hidroeléctricas. Esta tecnología permite producir energía a un costo relativamente bajo frente a otras alternativas que necesitan comprar combustibles.

El panorama cambia cuando llega un periodo prolongado de sequía. Al reducirse los aportes de agua a los embalses, también disminuye la disponibilidad del recurso necesario para sostener la generación hidroeléctrica.

Para garantizar que el país continúe teniendo energía, deben entrar con mayor participación las centrales térmicas, que producen electricidad utilizando combustibles como gas, carbón o líquidos derivados del petróleo.

“El precio de la energía fluctúa en función de la hidrología porque nuestra matriz es predominantemente hidroeléctrica. Cuando deja de llover, la generación que complementa la hidroelectricidad es la térmica, y esta tiende a ser mucho más costosa porque utiliza hidrocarburos”, explica González.

Según el especialista, durante un fenómeno de El Niño, comprar energía producida por centrales térmicas puede resultar varias veces más costoso que hacerlo en un periodo de condiciones hidrológicas normales. Esa diferencia puede trasladarse al componente de generación incluido en la tarifa que pagan los usuarios.

Sin embargo, la generación es solo una parte de la factura. El valor final también incorpora otros componentes regulados, relacionados con la transmisión, la distribución, la comercialización, las restricciones del sistema y las pérdidas reconocidas, entre otros conceptos.

El calor también dispara el consumo

El Niño produce una presión adicional: mientras puede disminuir la disponibilidad de agua para generar electricidad, las altas temperaturas aumentan la demanda.

En regiones cálidas, como la costa Caribe, los aires acondicionados y ventiladores permanecen encendidos durante más tiempo. Incluso en ciudades del interior, donde estos equipos suelen utilizarse menos, las temperaturas elevadas pueden llevar a los hogares y comercios a incrementar su uso.

“En medio de un fenómeno de El Niño, uno tiende a consumir más energía porque no llueve y hace más calor. Los aires acondicionados están a tope e, incluso en el interior, la gente compra ventiladores o aires. Eso dispara el consumo”, señala el ingeniero.

El sistema queda entonces sometido a una doble presión: se necesita más electricidad al mismo tiempo que producirla puede ser más costoso. Si la oferta disponible se reduce frente a una demanda creciente, los precios del mercado de corto plazo tienden a aumentar.

¿Quién produce y quién vende la energía?

Aunque el usuario recibe una factura de una empresa determinada, la electricidad que llega a su vivienda no necesariamente fue producida por esa compañía ni dentro de la misma región.

La cadena comienza con los generadores, que producen la energía en centrales hidroeléctricas, térmicas, solares, eólicas o mediante otras tecnologías. Después intervienen las redes de transmisión, encargadas de transportarla a grandes distancias, y los operadores de red, que la distribuyen hasta ciudades, barrios, empresas y viviendas.

Finalmente están los comercializadores. Estas empresas compran la energía requerida para atender a sus usuarios, gestionan los contratos, realizan la medición del consumo, emiten las facturas y recaudan los pagos.

“El mercado de energía en Colombia es uno solo. No sabemos si el electrón que estamos consumiendo proviene de Putumayo, Antioquia o La Guajira, porque la red eléctrica del país funciona como un sistema interconectado”, explica González.

Sobre esa infraestructura física opera el Mercado de Energía Mayorista, en el cual se realizan y se liquidan las transacciones entre quienes producen, compran y comercializan la electricidad.

Mantenimientos de Afinia. // Foto: Julio Castaño - El Universal
Mantenimientos de Afinia. // Foto: Julio Castaño - El Universal

Bolsa de energía o contratos: así compran los comercializadores

Un comercializador dispone principalmente de dos caminos para adquirir la energía que necesitan sus usuarios: comprarla en la bolsa o asegurarla mediante contratos.

La bolsa es un mercado de corto plazo. Su precio se determina a partir de las condiciones de oferta y demanda del sistema y puede cambiar considerablemente según la disponibilidad de agua, combustibles y plantas de generación.

Cuando hay abundancia de lluvias y suficiente generación hidroeléctrica, los precios pueden ser más bajos. Durante una sequía, en cambio, aumenta la participación de las centrales térmicas y el valor de la energía en bolsa puede subir.

Si un comercializador depende en gran medida de este mercado durante un fenómeno de El Niño, queda más expuesto a esas variaciones. El costo de la energía adquirida puede trasladarse posteriormente a la tarifa, de acuerdo con las reglas regulatorias aplicables.

La segunda opción son los contratos de largo plazo. En este caso, el comercializador acuerda previamente con un generador la compra de una cantidad de energía, durante un periodo determinado y bajo unas condiciones de precio definidas.

Estos contratos reducen la exposición inmediata a los aumentos de la bolsa. No necesariamente garantizan siempre el menor precio, pero ofrecen mayor previsibilidad para organizar las compras y atender la demanda.

“Yo puedo firmar un contrato de compra de energía con un proveedor a un precio fijo por un determinado tiempo. Eso hace que el comercializador tenga mayor certeza sobre el valor de la energía que va a suministrar”, indica González.

En la práctica, las empresas pueden combinar ambas alternativas: respaldar parte de su demanda mediante contratos y comprar en bolsa la energía restante.

Del consumo a la factura

En el modelo tradicional, el usuario consume durante el mes y posteriormente recibe una factura. El problema es que solo después de finalizar el periodo conoce cuánto utilizó y cuánto deberá pagar.

Esta dinámica limita su capacidad de reaccionar a tiempo. Si el consumo aumentó por el uso intensivo del aire acondicionado, por ejemplo, la corrección solo puede hacerse durante el siguiente ciclo de facturación.

La situación cobra mayor importancia durante El Niño, cuando coinciden las altas temperaturas, un mayor uso de equipos de refrigeración y la posibilidad de precios más elevados en el mercado eléctrico.

Por eso, el experto considera necesario avanzar hacia herramientas que permitan a los usuarios conocer y administrar mejor su consumo. Una de ellas es la medición inteligente, especialmente cuando está vinculada con esquemas de energía prepago.

En el servicio prepago, el usuario compra anticipadamente una cantidad de energía y puede controlar cuántos kilovatios hora tiene disponibles. Esto le permite tomar decisiones antes de agotar el saldo y no después de recibir la factura.

“Si prepagas el consumo que estás dispuesto a realizar, debes saber qué elementos de tu hogar pueden gastar esa cantidad de energía. Buscas electrodomésticos más eficientes, formas de ahorrar y maneras de regularte”, explica González. (También te puede interesar: Estos son los electrodomésticos que más energía consumen y las horas claves para ahorrar)

Ahorrar energía también protege al sistema

Reducir el consumo durante los periodos de sequía no solamente beneficia la economía del hogar. También disminuye la presión sobre un sistema que debe responder a una demanda mayor con recursos hídricos limitados.

Acciones sencillas, como ajustar adecuadamente la temperatura del aire acondicionado, apagar equipos que no se estén utilizando, aprovechar la ventilación natural y elegir electrodomésticos eficientes, adquieren mayor importancia durante un fenómeno de El Niño.

Comprender la factura y el funcionamiento del mercado también permite dimensionar lo que ocurre detrás de cada interruptor. La energía no aparece únicamente cuando se enciende una bombilla: antes debe ser producida, comprada, transportada, distribuida, medida y finalmente pagada.

En un país interconectado, las decisiones de generadores, comercializadores y consumidores hacen parte de una misma cadena. Cuando escasea el agua y aumenta el calor, usar la energía de forma eficiente deja de ser solamente una recomendación para ahorrar dinero: se convierte en una medida necesaria para reducir la presión sobre todo el sistema eléctrico nacional.

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