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Cartagena

A un año del bicentenario: Universidad de Cartagena celebra 199 años de historia

Este 6 de octubre, la Universidad de Cartagena cumple 199 años de historia, una conmemoración marcada por una lucha que merece ser recordada.

A un año del bicentenario: Universidad de Cartagena celebra 199 años de historia

Una celebración para la historia de la Universidad de Cartagena. //Foto: Archivo.

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El 6 de octubre de 1827 es un referente simbólico para la actual Universidad de Cartagena, fue la fecha de su fundación y la que se conmemora, año tras año, en honor al cumpleaños del Alma Mater. De hecho, el 11 de noviembre de 1828, día de la instalación de la universidad en el Convento de los Agustinos Calzados -llamado hoy Claustro de San Agustín-, se iniciaron los actos oficiales con la lectura de los 10 artículos del decreto del poder ejecutivo que dio vida a la institución.

Este hecho, sin precedentes en la historia educativa de la región, constituyó el punto de partida de muchas celebraciones y del inicio de una rica tradición que se fue inventando y redefiniendo a lo largo de sus casi doscientos años de existencia. Hace cien años, por ejemplo, sus autoridades educativas también estaban interesadas en celebrar y dejar un recuerdo a la posteridad sobre los desarrollos de la institución, sus necesidades y el impacto de la misma en la transformación de los estudiantes, los egresados y los profesores, dado que la memoria colectiva -como bien lo planteó Maurice Halbwachs- nace y depende de la interacción con el entorno social.

Universidad de Cartagena: así fue la celebración de 1927

Desde luego, en el año de 1927, también marcado por el entusiasmo festivo de la comunidad universitaria, se plantearon varios proyectos para conmemorar los primeros cien años de existencia de la Universidad de Cartagena. En ese momento, bajo la rectoría de Luis Patrón R. y en compañía de su vicerrector José Vicente Hernández, uno de los sueños que se tenían para el centenario era construir el tercer piso del Claustro de San Agustín. Esto obedecía, básicamente, a varias razones.

La primera, según sus autoridades, radicaba en el hecho de que no se habían podido comprar los inmuebles a los vecinos para ampliarlo; mientras que la segunda era que se necesitaba una “transformación general para que aparezca a los ávidos ojos del extranjero bajo un aspecto completamente moderno” y, finalmente, “para colocar en él los dormitorios, estudio, roperías, etc.” de los alumnos.

No hay que olvidar que en ese año la universidad había logrado aumentar el número de alumnos a 378 (90 internos y 288 externos), lo cual resultaba significativo para la época, pero sembraba también la dificultad de contar con espacios aptos para el desarrollo de la educación.

En fin, la memoria del “antiguo e histórico instituto” debía transformarse y mostrarse al público proveniente del extranjero y, al mismo tiempo, satisfacer algunas necesidades de los cursantes. En palabras del rector, la ilusión de remodelar el claustro era “para darle la capacidad requerida por el creciente número de alumnos […], para aumentar el número de aulas para bibliotecas y laboratorios, salones de estudios externos y elementos de utilería que reclama la enseñanza práctica moderna, a fin de que los estudios no se limiten a una teoría estéril”. Es decir, el Claustro de San Agustín, en el marco del centenario, encarnaba el principal símbolo y patrimonio universitario que desde su presente convocaba al pasado y sembraba la expectativa del progreso educativo a la altura de los tiempos.

Naturalmente, se utilizaban también figuras simbólicas de personajes que habían estudiado en las aulas del claustro para justificar o lograr la canalización de recursos, puesto que como se informaba en 1927 “De estas aulas salió aquel genio que dio estabilidad a las instituciones patrias, consolidó la paz religiosa y engrandeció el nombre de Colombia: Rafael Núñez”. Toda esa narrativa, entonces, era instrumentalizada no solo para remodelar el claustro, sino para otras exigencias con las que se soñaba, como por ejemplo el mejoramiento del sueldo y las pensiones de los profesores, la reorganización y creación de más facultades, y el estímulo a la producción intelectual en el Litoral Atlántico, entre otras.

199 años de memoria en la Universidad de Cartagena. //Fotos: Cortesía UdeC.
199 años de memoria en la Universidad de Cartagena. //Fotos: Cortesía UdeC.

Así pues, el momento del centenario despertó, tal vez, cierta conciencia entre sus actores para seguir construyendo la memoria educativa y para saberla utilizar con fines precisos; fue el momento en que el 6 de octubre de 1827 se potenció y utilizó para reclamarle al país, y sobre todo al gobierno tanto local como nacional, los compromisos históricos que tenían con una de sus dos instituciones centenarias.

De hecho, en 1927, el director general de instrucción pública, Francisco Castilla G., concluía su informe al señor gobernador comprometiéndose a presentar a la Honorable Asamblea un proyecto de Ordenanza por el cual se dispondría la celebración del centenario de la universidad, puesto que: “así se honra a aquellos varones excelsos que contribuyeron a darle existencia y a los que lo han dirigido; a los profesores que se desvivieron porque de allí salieran hombres que hicieran honor al país, y de esos mismos alumnos que supieron poner muy en alto el nombre glorioso de este Instituto en la Magistratura, en las Ciencias Médicas y en las Naturales, en el Foro, en el Profesorado, en el Comercio, en las Artes y las Industrias”.

En ese mismo año, el gobierno nacional destinó $ 5.000 para mandar a hacer y colocar los bustos del libertador Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander en el patio de la universidad, y se comprometió también a destinar $12.000 como auxilio para el “fomento de las varias facultades de las mismas, a juicio de su Consejo Directivo”.

Una celebración para la historia de la Universidad de Cartagena. //Foto: Archivo.
Una celebración para la historia de la Universidad de Cartagena. //Foto: Archivo.

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Hoy la Universidad de Cartagena se encuentra ad portas de la conmemoración de sus doscientos años de existencia. Nuevamente aflora el referente simbólico del 6 de octubre de 1827 y es, sin duda, el momento preciso para evocar, recordar, evaluar y proyectar nuevas expectativas sobre la base de las experiencias construidas. De los 378 alumnos registrados en 1927, es decir, hace cien años, se pasó en la actualidad a más de 30.000, otras facultades se han edificado y se cuenta con varios grupos de investigación y centros tutoriales en los departamentos de Córdoba y Bolívar, entre otros logros.

Es una universidad acreditada en la que cantar el cumpleaños, año tras año, nos recuerda su momento fundacional, los cambios generacionales, la movilidad social de sus sectores y todo lo aportado en materia académica e investigativa al país en estos doscientos años de existencia; en fin, el capital simbólico desde donde se debe seguir edificando la primera institución de educación superior de la región. Después de todo, la memoria, como bien lo recuerda Halbwachs, no solo se localiza, sino que debe servir para producir una impresión distinta y novedosa en el tiempo. ¡Feliz Cumpleaños, Alma Mater!

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