Basta con ver las imponentes escaleras de mármol blanco, iluminadas por los rayos del sol que se cuelan a través de la cubierta de vidrio, para quedar verdaderamente atrapado. ¿Quién habría pensado que este lugar, escenario de fiestas y encuentros de la Cartagena de antaño, volvería a recibir al público esta manera?
La entrada del antiguo Club Cartagena luce esplendorosa y nos recibe con el nombre de Atrio. Un amable camarero ofrece una toalla fría para limpiar las manos o el rostro, seguida de un cóctel refrescante sin licor. La bienvenida invita a detenerse y disfrutar. ¡De verdad!
Annie Monnier, gerente general del Four Seasons Hotel and Residences Cartagena, ha visto entrar a personas que apenas consiguen hablar cuando reconocen el lugar. Un visitante regresó con fotografías de los quince años de su abuela, celebrados aquí, en otra época. En la imagen estaba la joven sobre la escalera; frente a Annie, alguien de otra generación buscando ese mismo escenario. “Hay una conexión real entre este proyecto y la ciudad”, dice.
Y Atrio es el ‘corazón social’ de este encuentro y, también, del hotel en sí. Abierto desde el 2 de abril de 2026, después de varios años de construcción, y de recuperación y restauración de tres espacios distintos, el Four Seasons permite acercarse a lugares por los que pasamos durante años, como el Club Cartagena, el Claustro de San Francisco y teatros que nuestros padres, abuelos o nosotros mismos conocimos de otra manera en la ciudad.
Café Rialto y Bar Lelarge: del café colombiano a los cócteles
A un costado de Atrio entramos a Café Rialto, abierto también –como otros espacios del hotel– para quienes no se hospedan. El mejor café colombiano puede descubrirse en preparaciones como Chemex, prensa francesa o sifón. Yo encuentro otro motivo para disfrutarlo: las tostadas de aguacate. Para mí, un acierto.
El nombre del café rememora al Teatro Rialto, que recibió espectáculos musicales y bailes populares durante las fiestas novembrinas.

A pocos pasos, también está otro de los espacios de esta sede de la cadena hotelera: el Bar Lelarge, llamado así en homenaje al arquitecto francés Gastón Lelarge, diseñador del antiguo Club Cartagena. Aquí: coctelería, tapas y entretenimiento en vivo acompañan un ambiente que Annie describe así: “Parece que estamos en otra vida, en Cuba, 1950”.
En un mismo recorrido, el café y el bar nos llevan por ambientes distintos. Esa es parte de la intención del hotel: que cada espacio tenga su identidad y una razón para volver.
El Palmar y la vista panorámica del Centro Histórico de Cartagena
Es fácil y divertido “perderse” entre los jardines del Four Seasons. Hay cierta magia en atravesar los senderos verdes camino a las habitaciones o estancias: el recorrido se vuelve parte del descanso. La propiedad tiene 131 habitaciones y suites confortables, entre ellas 27 alojamientos de estilo colonial.
“Pensábamos ser un hotel de ciudad”, cuenta Annie. Pero los huéspedes comenzaron a quedarse para disfrutar de los espacios, las piscinas, el gimnasio y la gastronomía, tomando incluso un toque de ressort.
Siguiendo el recorrido por el hotel, en la azotea llegamos a El Palmar, otro restaurante con deliciosos sabores colombianos, caribeños y latinoamericanos.
Aquí la mirada encuentra otra forma de deslumbrarse: el espectáculo de la hora dorada sobre el Centro Histórico, con una vista panoramica 360º, con el Caribe de fondo. Dan ganas de que ese instante, del atardecer, sea eterno.

Luego, la noche nos lleva a otro espacio: The Grand Grill. Por su ambiente, yo, particularmente, nunca me sentí tan en Nueva York como aquí, y eso que nunca he estado en Nueva York. Fue mi primera impresión al entrar y, pues, provocar esa sensación era precisamente la intención de sus creadores: recrear en Cartagena el ambiente de una parrilla neoyorquina.
Es un restaurante -abierto al público con reservas- bajo concepto de Major Food Group, con una propuesta gastronómica liderada por el chef Mario Carbone, reúne cortes estadounidenses e ingredientes colombianos. La carne es espléndida y el pastel de chocolate, preparado con un 70 % de cacao, no se queda atrás.
Muy cerca, también está El Patio del Limonar que propone otro ritmo para las mañanas. Entre vegetación, frutas, panes y jugos colombianos, la mañana tiene algo del patio de una casa para desayunar. Annie habla de una “energía tranquila en la mañana”.
El pan de yuca puede ser un descubrimiento para el extranjero; para nosotros, un sabor para sentirnos en casa.

El claustro de San Francisco: la suite Catroux y Umari Spa
En el claustro de San Francisco habita una energía distinta. Basta entrar ahí para sentir paz. Es un ritmo distinto.
El conjunto ha sido convento, casa de beneficencia, fábrica de sombreros, universidad y escenario de espectáculos. Durante la restauración se recuperaron elementos como un fresco y una cúpula, cuenta Annie. También se conservó un fragmento de muro de la antigua iglesia de la Veracruz.
En el Claustro está la impresionante suite presidencial Catroux, llamada así en homenaje sus diseñador, François Catroux. dejó en ella su huella y su manera de entender la elegancia y el confort, combinado con el estilo colonial propio del edificio.

Tiene dos dormitorios y 295 metros cuadrados entre espacios interiores y exteriores, con sala, comedor, acceso privado por ascensor y una terraza con pequeña piscina. Las ventanas históricas y los techos altos conservan la relación con el edificio que la alberga.
Y en este mismo claustro está Umari Spa, que ocupa una edificación vinculada a las antiguas cocinas y áreas de servicio del conjunto. Salir de un masaje ahí es volver a la vida, aunque uno no haya muerto. El lugar, que durante siglos sostuvo la vida cotidiana del convento, recibe hoy a quienes buscan un rato de descanso.
Pizzería Della Chiesa: pizza napolitana en el antiguo Teatro Cartagena
El olor a leña mezclado con el aroma de la masa en cocción anuncia Pizzería Della Chiesa. Su entrada desde la calle, frente al Camellón de los Mártires, permite llegar directamente desde el movimiento de la ciudad y también está abierta al público. La pizza napolitana (con ingredientes originales de Nápoles), los antipasti y las albóndigas sostienen una propuesta familiar, pensada para compartir.
Además, el lugar guarda una historia que muchos cartageneros reconocerán. Ocupa parte del antiguo Teatro Cartagena, levantado en el terreno de la capilla de la Veracruz. Su inauguración fue el 8 de marzo de 1941 y atribuye su diseño al arquitecto cubano Manuel Carrerá.
Por aquí pasaron espectadores de cine, asistentes a espectáculos, estudiantes que recibieron sus grados y parejas que encontraron en una matiné una oportunidad para acercarse.
Annie cuenta que entre los empleados del hotel también hay personas que conocieron los antiguos espacios de cine como espectadores. Algunos de quienes hoy reciben a los visitantes tienen, por tanto, sus propios recuerdos de estos lugares. Según la gerente, el 95 % de los empleados del hotel son cartageneros.

El Aljibe, el bar ‘bajo tierra’ del Four Seasons Cartagena
Otro lugar que complementa la oferta de restaurantes y bares en el hotel es El Aljibe, literalmente nació de un hallazgo durante las obras de restauración.
La antigua cisterna descubierta en este espacio, durante la construcción del hotel, abrió la posibilidad de crear un bar que no estaba previsto, pero que nació con una propuesta de coctelería inspirada en el agua y sus conexiones con Colombia, desde los páramos, los ríos y mares. Es un lugar íntimo y discreto, al que también se puede visitar con reserva.
Al final de la entrevista, le pregunto a Annie qué hace especial al hotel. Responde sin demorarse: “Es la gente”. La belleza del lugar está ahí-en los edificios-, dice, pero son las personas quienes crean la experiencia.
Antes de despedirnos comento le pregunto sobre el efecto envejecido de algunos de los espejos del sitio, que me hacen sentir en otra época. Annie bromea: “eso ocurre después de pasar demasiado tiempo en El Aljibe y luego en Lelarge”.
Nos reímos. Después de hablar del pasado y del presente, la conversación termina con un recuerdo nuevo.
Pienso en las fotografías de aquella abuela en sus quince años. A los cartageneros y visitantes del mundo nos queda esa posibilidad: cruzar la puerta y descubrir qué historia nos encuentra adentro.
*Contenido elaborado en colaboración con Four Seasons Hotel and Residences Cartagena.

