Cartagena


Butifarreros, vendedores de arepas y chuzos dicen presente en medio de la pandemia

Este gremio de vendedores de comida ambulante piden a la alcaldía que los tengan en cuenta para ayudas, puesto que no han podido salir a trabajar.

WENDY CHIMÁ P.

21 de abril de 2020 12:00 AM

El sonido de un cuchillo junto a una porcelana de electroplata de inmediato nos traslada a un butifarrero. Esos que día a día estaban en la puertas de los colegios, estadios, o en cualquier otro lugar concurrido, vendiendo este tradicional alimento, siempre acompañado de limón, sal y pimienta. La mayoría, además, ofrecen huevos cocidos.El golpe de ese cuchillo siempre llamaba la atención de su clientela, que no esperaba mucho para llamar a estas personas e invertir algún dinero para deleitarse con su buena butifarra.

Mientras unos vendían en las mañanas, otros lo hacían en las noches caminando diferentes sectores de la ciudad. Si se preguntan por qué este artículo está redactado como si habláramos de un tiempo pasado, la respuesta es: sí, así en pasado está ahorita la descripción de los butifarreros, ya que desde que llegó el coronavirus a la ciudad, ellos se han seriamente afectados, porque les ha tocado resguardarse en sus casas esperando ayudas y tratando de sobrevivir alguna que otra venta o negocio que puedan emprender en el hogar.

A ellos se unen los vendedores de chuzos y los de arepa, esos que con solo encender el fuego de sus carros móviles llaman la atención de todo aquel que esté cerca. ¿Quién no se ha comido una de esas arepas de queso con buena mantequilla que al morderla sale el calor? O ¿aquel chuzo combinado de butifarra y chorizo con la salsa especial que solo estas personas preparan?, creo que la respuesta de todos los lectores será ‘sí, yo la he comido’.

Llenas de polvo

Desde el pasado mes de marzo, cuando a nivel nacional se decretó el aislamiento preventivo, los más de 30 vendedores de este gremio, residentes en el sector Kennedy en Paseo Bolívar, tuvieron que dejar sus palanganas y carros donde día a día llevaban su trabajo en el patio de sus casas, con la esperanza de que la pandemia pasara rápido para ellos poder salir a seguir buscando el sustento diario para sus hijos, sin embargo, la crisis se ha extendido por más tiempo del que ellos pensaban.

“Nosotros estamos aquí en casa resguardados, somos muchos los que trabajamos de esto, yo tengo más de 20 años, y estar en casa ha sido un poco duro, porque aunque tengo un negocito aquí, no es lo mismo que salir a las calles”, dice Bernardo Garay, quien desde hace muchos años se vino con su familia desde San José de Playón en Marialabaja, buscando una mejor calidad de vida.

Sus implementos de trabajo, como ellos mismo dicen, ya no están llenos de comida y abundancia, sino de polvo y tierra, esto debido a que no han podido ser utilizados por ellos.

“Nosotros respetamos las medidas y por eso estamos en casa, además porque no queremos enfermar y tampoco que alguno de nuestros familiares lo esté, pero necesitamos que la Alcaldía nos mire, que sepa que nosotros estamos aquí, existimos y necesitamos de su ayuda para poder seguir sobreviviendo a esta pandemia, pues estamos pasando hambre”, finaliza el señor Garay.