Cartagena


Dones de Misericordia: un lugar para las segundas oportunidades

Menores en condición de calle, adultos mayores en abandono y muchas personas en la pobreza han hallado en la Fundación Dones de Misericordia un sitio para reencontrarse con la dignidad.

JULIE GONZÁLEZ ORTEGA

09 de marzo de 2020 12:00 AM

1. María* tenía tan solo dos años cuando fue víctima de abuso sexual en Tierrabomba. En ese entonces era una más de los tantos huérfanos de padres vivos que residen en la isla. A pesar de ello hoy tiene 19, ha estudiado y ha salido adelante. Su historia fue el punto de partida para que Arlena Hoyos, una abogada y madre de tres hijos, emprendiera un proyecto para que estos niños se sintieran menos solos y por fin tuvieran la calidad de vida que las circunstancias en que nacieron les negaron tener.

Esta es la Fundación Dones de Misericordia.

2. Luis* tiene 16 años y hace un mes vivía junto con otra veintena de niños en el parque Skate de Chambacú, donde también consumía sustancias psicoactivas y estaba a merced de la calle. Allí manifestaba que quería ser cantante, pero para ello tenía que desintoxicarse primero. Hoy vive en la Casa de los Dones donde recibe atención, amor y cuidado. Conserva el mismo sueño, solo que ahora lo ve más realizable que antes.

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3. Manolo hace rato superó los 60 años. En su juventud trabajó como guía turístico en el Centro Histórico, por lo que sus habilidades bilingües no son cuestionables. Sin embargo, el caer en la droga truncó su vida. Se alejó de su familia y vivió largo tiempo en las calles. Hace seis meses llegó al Hogar de los Dones, un sitio para abuelitos en estado de abandono. Allí, da clases de inglés a los niños que también acoge la Fundación. “Acá me siento útil”, dice.

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En el papel, la Fundación Dones de Misericordia lleva 15 años activa, pero Arlena Hoyos, fundadora y directora de esta iniciativa, dice que todo comenzó hace 21 años, cuando le colaboraba a una mujer que ayudaba a ancianos en condiciones de pobreza extrema en Las Brisas.

Dones de Misericordia: un lugar para las segundas oportunidades

Arlena Hoyos, directora de la Fundación. // Cortesía.

“En realidad yo no empecé, lo que quería era apoyar. Yo era una abogada de oficina, tenía a mis niños chiquitos, pero hay un tiempo en que te das cuenta de que el momento no es cuando tú quieras, es que simplemente ya no puedes seguir siendo cómplice de todo lo que estás viendo: pobreza, niños sin entusiasmo por la educación, en la calle, desescolarizados, susceptibles a las drogas y al maltrato”, dice Arlena.

Fue así como un día cogió una lancha y llegó a Tierrabomba, una población que en la que en ese entonces abundaban los niños en condición de vulnerabilidad. “Crucé y empecé con 30 niños hablando sobre el respeto por el cuerpo, luego esos niños se convirtieron en 500”, asegura.

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Sin embargo, tras conocer sus realidades se dio cuenta de que lo que realmente necesitaban los menores era un internado, ya que muchos provenían de familias disfuncionales. Fue así que hace cinco años abrió un internado en Ternera que posteriormente se mudó a Turbaco, donde ya lleva dos años trabajando.

Así las cosas, la Fundación Dones de Misericordia cuenta con tres programas: el Kiosko de los Dones en Tierrabomba, el Hogar de los Dones para adultos mayores, y la Casa de los Dones, un internado para menores en situación de vulnerabilidad.

El Kiosko

El Kiosko de los Dones fue la primera iniciativa de la Fundación Dones de Misericordia ante toda la pobreza y las condiciones en las que se encontraban cientos de niños en la isla de Tierrabomba. Allí más de 500 niños reciben atención integral con el fin de empoderarlos y ayudarlos a salir de sus condiciones de pobreza extrema.

“Nosotros trabajamos los sábados con una jornada complementaria para hacerles refuerzo escolar, porque allá solo el 0,2% accedía a programas técnicos y universitarios. Entonces les reforzamos en matemáticas y comprensión de lectura, porque aún cuando se graduaban no tenían las competencias. Los profesores decían que los niños no iban al colegio, los padres no les prestaban atención... Ya llevamos 15 años en esto y hemos sacado niños que están estudiando derecho, trabajo social, biología marina, etc”.

Según Arlena, estos mismos niños ya están liderando los trabajos de los sábados. Asimismo cuentan con un coro que se presenta en diferentes escenarios, cuatro categorías de béisbol con promesas de Grandes Ligas, equipos de fútbol y también de tenis.

A su vez trabajan con madres cabeza de familia y tienen un programa de “Canitas Felices” para 50 adultos mayores, con quienes hacen manualidades e incentivan el emprendimiento a través de patios productivos.

“Estamos trabajando con ellos y de alguna forma concientizándolos con el tema del cuidado de los niños para evitar los abusos, el consumo de droga y la prostitución. Hacemos escuelas de padres y sensibilizamos a las madres comunitarias para que ellas también puedan detectar cuando los niños tienen algún tipo de trastorno”, afirma Arlena.

Por último construyeron un Centro de Desarrollo Infantil con capacidad para 200 niños en Tierrabomba, sin embargo aún no se ha puesto en funcionamiento por cuenta de la falta de recursos para su dotación, a pesar de ello, esperan que pueda iniciar su operación este año.

El Hogar

Diógenes escucha al Gran Combo de Puerto Rico al tiempo que elabora traperos artesanales pacientemente en su mecedora. Lleva 1 año y 2 meses en el Hogar de los Dones después de haber pasado 8 meses viviendo en la calle. “Si me dispongo a hacerlo puedo hacer hasta 30 en un día”, dice.

Dones de Misericordia: un lugar para las segundas oportunidades

Diógenes.

De 45 adultos mayores que se encuentran allí, el 80% fueron en un pasado habitantes de calle y adictos a la droga.

“Voy a tener dos años y medio de estar aquí y no me voy a ir, de aquí me sacarán muerto. Aquí me dan amor, cariño, ropa, dormida, agua, luz. Antes no podía ni hablar y ahora tienen que coserme la boca porque hablo demasiado”, dice entre sonrisas Osvaldo Mendoza, de 66 años.

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Osvaldo Mendoza pasó más de un año viviendo en la calle. Ahora disfruta vivir en el Hogar de los Dones.

Ahora disfruta de regar las plantas que hay en el Hogar y de compartir con sus compañeros, donde tiene la oportunidad de vivir su vejez con dignidad. En el Hogar hacen ejercicio y desarrollan diferentes actividades que les mantienen ocupados durante el día. No obstante, según comenta Arlena, durante el año pasado sufrieron un revés por cuenta de que duraron cuatro meses sin recibir un peso de parte del Distrito.

La actual administración les ayudó con el pago de dos de los meses que estaban en mora, sin embargo, dice Arlena “viven trabajando con las uñas”.

“La pasión es la que nos lleva a seguir con esto”, sentencia.

La Casa

Quien llega por primera vez a la Casa de los Dones no se imagina que alguno de los 25 niños que se encuentran allí ha vivido en la calle, ha sido víctima de abuso, o adicto a sustancias psicoactivas. Allí son nuevos seres humanos, personas a las que la vida les ha dado un segundo chance para reencontrarse con la dignidad.

En la Casa todos se tratan como hermanos. Se levantan temprano, hacen actividad física, aprenden, reciben clases, talleres vocacionales y aprenden a desarrollar su creatividad. Pintan, dibujan, juegan fútbol y realizan actividades aparentemente sencillas pero que quizá años antes por cuenta de la negligencia de sus mismos entornos familiares y del Estado no eran capaces de realizar.

Son felices y no les da pena decirlo. “Acá tengo amor. ¿Qué tengo que hacer en la calle?”, dice Diego*. Ahora Arlena pretende ingresar 20 niños más, sin embargo está buscando recursos para ellos, teniendo en cuenta que la atención de cada menor, incluyendo su equipo interdisciplinario, el transporte, la recreación, el vestuario, el aseo y el estudio tiene un valor aproximado de 2 millones 200 mil pesos.

Además, asegura que una de las grandes urgencias que tiene el internado, es que la casa donde funciona en la actualidad es arrendada, y aún no cuentan con los recursos para poder adquirirla.

A pesar de ello Arlena sigue trabajando en pro del bienestar de los niños, y sigue buscando alternativas para poder brindarles lo que necesitan. “La idea es que ellos construyan familia, los estamos llevando a que sigan adelante, que aunque les hayan abandonado, ellos se conviertan en esos padres modelo. Si uno siembra, cosecha. Y mi cosecha es ver la sonrisa de estos niños, mi motivación es ver que reciban amor”, puntualiza.

*Nombres cambiados para proteger a las fuentes.

La carrera

El próximo 15 de marzo la Fundación Dones de Misericordia realizará la “Carrera Dones”, que bajo el lema de “Juntos por la niñez” busca recolectar recursos para seguir impulsando los diferentes programas de la fundación.

“Queremos invitar a la gente. Muchas personas dicen que esto le corresponde a la administración, pero si nosotros no hacemos algo, quién sabe cómo iremos a terminar también”, dice Arlena. Las inscripciones pueden realizarse a través de la página http://carrera.donesdemisericordia.org/

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