Cartagena


El drama de una madre con una hija enferma, su esposo ciego y su casa cayéndose

La mujer reside en Ciudadela 2000 y se ganaba la vida vendiendo fritos, pero por la pandemia no tiene a quién venderle. Pide a la Alcaldía ayuda para que su vivienda no se desplome.

NÉSTOR CASTELLAR ACOSTA

09 de mayo de 2020 12:00 AM

La vida para la señora Nelcy Saltarín León no ha sido fácil, especialmente en los últimos años, en los que le ha tocado estar al frente de la salud de su hija mayor, que hoy tiene 17 años y quien desde los 3 fue diagnosticada con anemia de células falciformes. Aparte de eso, su esposo Alfredo Díaz, de solo 52 años, poco a poco fue perdiendo la vista por culpa de una retinopatía diabética (complicación de la diabetes que afecta los ojos) y actualmente su visión es apenas del 20 por ciento. (Lea: 101 casos nuevos y 4 muertos por COVID-19 en Cartagena y Bolívar).

A Nelcy le ha tocado duro sobrevivir ante esa situación. Como podía se las ingeniaba para vender fritos en el frente de su casa en el barrio Ciudadela 2000, donde los estudiantes que cruzaban para el colegio del barrio eran sus principales clientes, pero a raíz del aislamiento obligatorio por el COVID-19 las clases se suspendieron y su negocio se fue a pique.

Eso la desanimó pero no la hizo desistir. Sabía que necesitaba darle de comer a su familia y por eso, en plena cuarentena, empezó a vender sus fritos en las tardes, desafortunadamente las ventas no fueron las esperadas porque desde las 3 p. m. dejaba de transitar gente por la calle y no había a quién venderle. Peor aún, afirma que dos veces la Policía en sus patrullajes la mandó a recoger su mesa y caldero, y la hizo entrar a la vivienda.

Ahora vende bolis

El espíritu luchador de esta mujer no la ha dejado caer. Tras cada golpe que la vida le ha dado, ha logrado levantarse y sobreponerse. Hace un par de semanas dejó atrás su emprendimiento de fritos y pasó a comercializar bolis que ella misma hace y vende en su casa. También empezó a comprar canastas de gaseosas para revenderlas por unidad. Con eso, dice, ha podido obtener recursos para “así sea tener mi poquito de arroz con huevo”.

Asegura que a su barrio aún no han llegado las ayudas humanitarias de la Alcaldía, aunque desde la Fundación Esperanza de Vida (Fundevida), donde su hija recibe tratamiento, le han tendido la mano con un par de mercaditos.

Imagen LO SEÑORA22
Se le cae la casa

El poco dinero que Nelcy gana a duras penas le alcanza para la alimentación. Por eso su mirada se torna desconsolada cuando mira las paredes de su vivienda agrietadas y a punto de dejar a los suyos en la calle. Las rajas en la estructura son evidentes y el temor en estos días ha crecido, pues las lluvias están a punto de llegar y las brisas pueden empujar la tragedia. “Hoy extiendo un llamado a las autoridades, a la Alcaldía, a la Gobernación, a alguien que me ayude. Lo que yo consigo apenas es para el sustento del día, no tengo para meterle la mano a la casa. Lo único que pido son bolsas de cemento y ladrillos para reconstruir”, fueron las palabras de auxilio que lanzó la señora.

El temor de ella es que ocurra un desplome y su familia resulte herida, o que las paredes caigan del lado de la calle y lesionen a alguien que vaya pasando.

Si usted desea ponerse en contacto con esta señora para ayudarla con su vivienda, puede llamarla al celular 3128678798.

Esto dice
la Alcaldía
Desde Corvivienda señalaron que en Ciudadela 2000 hay un problema con varias casas que tienen falencias en la cimentación porque al parecer se construyeron sin tener en cuenta las características del terreno. De igual forma, expresaron que tomarán atenta nota al caso particular de Nancy, por eso le sugieren hacer una petición formal a la entidad para que pueda ser favorecida cuando se realice el próximo contrato de mejoramiento de viviendas.