En Henequén los niños se bañan en residuos de basuras

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Son dos de los cinco pozos que se apostan en los costados de la montaña, en el barrio Henequén, al suroriente de la ciudad. La superficie de estos parece normal, con algo de tarullas y alrededor hay bastantes matorrales.

Parece un cuerpo de agua normal, pero la realidad se desvela cuando, como una prueba simple, se lanza una piedra.

El líquido que salpica parece algo más espeso de lo normal y su color es de un verde intenso. Y causa impresión lo que aseguran los vecinos de la zona. “Lo peor es que algunos niños no respetan y no saben en lo que se meten. Entran al predio porque hacen espacios en las cercas de alambre de púas y se meten a bañarse en esos lagos, que están llenos de todos esos químicos, que quien sabe qué enfermedades pueden causar”.

Los lagos son en realidad los vertederos de los líquidos que se decantan de los montones de basura que guarda en las entrañas la montaña junto a la que están. Son los llamados lixiviados, del antiguo relleno de Henequén, que no funciona desde el 2004.

Lo que denuncian ahora líderes y vecinos de la zona es que este relleno está descuidado y que varios sectores se están viendo afectados por distintos motivos.

Uno de los problemas que denuncian los vecinos de Henequén, y de sectores aledaños como Nueva Venecia, Villa Hermosa, entre otros, es que el antiguo relleno genera malos olores.

Eliana Alexandra Zúñiga, residente del sector Campo Bello, explicó su situación. “La verdad es que nos aquejan mucho los malos olores, que se vienen con las brisas, sobre todo en las tardes. Ese monte está alto y por allí se pasan delincuentes. Se meten y salen cuando hacen sus robos. Los vecinos también hemos adelantado jornadas de limpieza. A veces eso se prende solo. Preocupa que algunos niños se meten en esas pozas a bañarse”, explicó.

“El relleno emite olores y hay muchos niños expuestos a esa situación. Hay niños que los papás no están pendientes y se meten en las pozas de los lixiviados. Cada tres días llamamos a los Bomberos para que vengan a apagar los incendios, porque se prende el monte frecuentemente. Necesitamos ayuda, que nos resuelvan esta situación”, dijo por su parte Freddy Luis Olivares, residente de Nelson Mandela.

Asimismo, Laudith Avendaño, quien vive en el sector Campo Bello, se quejó por los hechos de inseguridad que ocurren en los alrededores del relleno clausurado, que no tiene vigilancia.

“Lo que he visto mucho es la delincuencia. Por ese relleno es que entran y salen los ladrones. En menos de ocho meses que tengo aquí, he visto muchos atracos. Hace unos días los muchachos limpiaron eso para hacer una cancha, pero vinieron las autoridades y los quitaron por lo peligroso del terreno. Queremos que hagan algo con eso y que busquen soluciones. A las 9 o 10 de la noche ya uno no puede estar en la puerta por la inseguridad”, explicó Laudith.

Hay una demanda

Whailer Herrón, gestor social de Nelson Mandela, indicó que el relleno afecta a distintos barrios y sectores como Albornoz, Campo Bello, 20 de Enero, 3 de Junio, Nueva Venecia, El Nazareno, y hasta el 20 de Julio. Explicó que el relleno sanitario dejó de ser utilizado desde el 2004, que tiene entre seis y siete hectáreas, y que hace cuatro años se hizo la posclausura de este.

Sin embargo, cree que el proceso no se hizo como se debía y que por ello se han generado los problemas de los que habla la comunidad. Este dijo que se invirtieron unos 5 mil millones para la posclausura, “pero no se hizo acorde al proyecto y por eso el Distrito demandó a la empresa que se encargó de eso”.

“El relleno es una bomba de tiempo, el Distrito lo sabe y el Tribunal Administrativo de Bolívar lo sabe. Inclusive, este último sancionó alguna vez al Distrito por la clausura y posclausura del relleno. Se destinaron mas de 5 mil millones para este evento, pero nunca fue posible, porque nosotros como comunidad sabemos que eso fue un mal trabajo, de hecho hay demandas. Por los gases internos del relleno, sale candela de la tierra, causando incendios. Ahora en verano la situación empeora. Hace unas tres semanas metieron una retro para remover un sector donde la candela duró varios días.

“En este relleno no se hace control de las pozas de lixiviados, los niños juegan allí. Es un impacto ambiental grande lo que está generando. Hay gente que trata de invadirlo por la falta de vivienda, pero no se dan cuenta que están sobre una bomba de tiempo. Queremos que se haga la clausura y posclausura como se debe. Que se dé un manejo adecuado a los gases, pues los tubos que pusieron allí están sellados, no funcionan”, indicó el líder.

Este medio intentó comunicarse durante más de una semana con el Establecimiento Público Ambiental (EPA) y el alcalde (e) Pedrito Pereira para obtener respuestas con respecto a esta problemática. Sin embargo, al cierre de esta edición no respondieron a los interrogantes.

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