Cartagena


En Villa Gloria al mangle le dicen “El oro verde”

Un grupo de mujeres aprovechó una consulta previa para crear dos viveros donde se cultiva el mangle desde su semilla, hasta que está en condiciones de sembrarse en la ciénaga de La Virgen.

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

15 de diciembre de 2019 12:00 AM

Mientras la Alcaldía de Cartagena decide el lugar y la fecha para trasladar a los habitantes de la vereda Villa Gloria, las mujeres del Consejo Comunitario, de ese mismo territorio, hacen todo lo posible para que el mangle no desaparezca de la ciénaga de La Virgen.

De hecho, Villa Gloria está al fondo del corregimiento de La Boquilla, a orillas de un cuerpo de agua que llaman la boca de Cana Mosquito, donde se encuentra el Mar Caribe con la ciénaga de La Virgen.

Se dice que son terrenos de bajamar y que, por lo mismo, no deberían estar ocupados por ninguna comunidad, lo cual ha generado una serie de discusiones de tipo jurídico y un fallo que ordena la reubicación del pueblo, pero el Distrito aún no decide dónde ni cuándo.

Mientras tanto, la mujeres se inventaron la iniciativa “Mangle verde, salvemos a Villa Gloria”, apoyada por la empresa Concesión Costera, mediante una consulta previa, donde la propuesta de la vereda afrodescendiente resultó la más aceptada.

El proyecto, amparado por 26 familias de Villa Gloria, ya cumplió dos años en los que se han hecho varias siembras en la ciénaga, pero antes se estableció que dichas siembras serían precedidas por la instalación de un vivero en donde se cultivara el mangle.

“La idea --dice Gloria Sánchez Anaya, la representante legal del Consejo Comunitario-- no era que arrancáramos mangle de un lado y lo sembráramos en otro. Primero había que practicar el viverismo, y eso comenzó el año pasado”.

Con Gloria comparten labores ecológicas Gladis Guerrero, Adriana Ibáñez, Edilma Rubio, Milena y Estefanía Faneyte, Mileidys Simancas, Gladis Guerrero y Yesenia Rodríguez, entre otras.

Los dos primeros y únicos viveros dedicados al mangle están en la calle La Iglesia, de Villa Gloria. En esos pocos meses se han ido atiborrando de plántulas sembradas en bolsas plásticas, recipientes del mismo material, pero rígidos; y trojas de madera protegidas por polisombras de color negro que se extienden en todo el espacio de esos recintos.

En ambos se cultiva el mangle negro, el mangle rojo, el mangle bobo, el mangle piñuelo, algunos de los cuales se han sembrado en las veredas Caño Meza y Zapatero. El primero de los dos viveros está al lado de la casa de Gloria Sánchez, mientras que el segundo quedó en la hilera de viviendas de enfrente.

En el primer vivero se inicia el proceso de selección de semillas, siembras y germinación. Posteriormente, se traslada el material al segundo vivero y se deposita en bolsas y otros recipientes, utilizando las técnicas que las mujeres han aprendido de la mano del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), como la preparación de insecticidas y nutrientes con elementos naturales, para evitar una mortandad de peces en la ciénaga.

“El mangle es como un niño chiquito --creen las mujeres--. Da la impresión de que es muy rústico, pero en realidad es muy delicado, cuando está pequeño. El primer cuidado consiste en regarlo diariamente en la mañana y revisarlo para quitarle las hojitas quemadas o amarillas, que podrían restarle energía a la planta”.

Esa revisión también incluye el evitar que al mangle negro lo ataquen los gusanos, ya que es la única especie de mangle susceptible de ser atacada por tales organismos.

“En esa parte se nos va toda la mañana. Por eso, desde bien temprano en la mañana nos dividimos en dos grupos y cada uno asume un vivero. En la tarde, si ya hay producción para sembrar, nos dedicamos a ubicar las pequeñas plántulas en bolsas negras con su tierra y sus nutrientes”.

La tierra que se deposita en las bolsas negras donde se sembrarán las plántulas se llama “sustrato”, una combinación de tierra negra, tierra de la playa y barro de la ciénaga, elementos que guardan el equilibrio ecológico que necesita el mangle para subsistir.

“Si lo miramos de otra forma --afirma Gloria Sánchez-- estos viveros son especies de laboratorios, donde también estamos experimentando con el mangle albino y el mangle piñuelo. Este último está en vías de extinción, pero ya nos dijeron que en la bocana del barrio Crespo hay algunas plántulas. La próxima semana haremos una expedición para obtenerlo, reproducirlo y sembrarlo en la ciénaga”.

“El oro verde”, le dicen al mangle en Villa Gloria; y a los tallos (o tronquitos) desde los cuales empiezan a brotar las plántulas les dicen “lapiceros”, pero en realidad son las semillas que dan vida primigenia a la mata.

Por lo demás, los pescadores piensan en el mangle como una barrera protectora contra los huracanes, las oleadas de arena, es descontaminante de las aguas, estimula la aparición de aves y sirve de cuna a peces, crustáceos y reptiles. “Y de paso, beneficia la vida de las comunidades que están en sus contornos”, indican los expertos.

En los dos años de existencia que tiene el proyecto son más de diez mil plántulas las que han sembrado, hasta el momento, las mujeres de Villa Gloria, quienes dicen estar en capacidad de, además, vender mangle primigenio a las comunidades vecinas, las cuales ya han recibido unas 400 mil muestras.

“Al mismo tiempo --cuentan las damas--, el cultivo del mangle nos permite desarrollar educación ambiental en la ciénaga y sus alrededores, porque es de allí donde recogemos los tarros, las botellas, las bolsas y demás recipientes de plástico para echarles tierra y sembrar las plántulas. No tenemos que comprar macetas ni nada de eso, porque el plástico desecho nos sirve para la preservación”.

El Consejo Comunitario cree que si el proyecto contara con la compañía de las autoridades ambientales de Cartagena, la misión sería menos dispendiosa y lenta, aunque de todas maneras está dando frutos.