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Cartagena

“Te quiero, hermano”: últimas palabras a taxista que murió por coronavirus

Arnold Ricardo murió en Cartagena el lunes pasado y se convirtió en la primera víctima mortal del coronavirus en el país. Conozca cómo el virus evitó que se reuniera con sus hijos.

“Te quiero, hermano”: últimas palabras a taxista que murió por coronavirus

El taxista Arnold Ricardo murió el 16 de marzo pasado en la clínica Cartagena del Mar. //El Universal

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Unas última palabras, un sentido “te quiero”, una despedida y una cita para celebrar la vida que una pandemia zanjó.

Liliana Ricardo aún tiene intacta en su mente esa sonrisa de su hermano mayor mientras la esperaba en las afueras de su casa, en el barrio Los Alpes.

Arnold era un hombre risueño, trabajador, con el que Liliana compaginó; pero hoy llora su partida, pues el taxista se convirtió en la primera persona que murió en Colombia tras contagiarse de coronavirus (COVID-19).

Todo pasó de forma muy rápida, tan rápida y efímera como ahora Liliana ve la vida. Recuerda que Arnold nació en Montería y que cerca de dos años después sus padres lo trajeron a Cartagena. La familia se estableció en un sector al que llamaban Playón Grande y luego se mudaron a Blas de Lezo.

“Éramos siete hermanos, Arnold era el mayor y yo la cuarta. Cuando él tenía unos ocho años, nuestra familia se fue a vivir a Barranquilla. Allá Arnold hizo su primaria y el bachillerato”, recuerda Liliana.

Cuando pisaba los 20 años, él se vino a La Heroica. Ingresó a la Universidad de Cartagena y empezó a estudiar Economía; sin embargo, no terminó la carrera y se retiró en el sexto semestre. Luego hizo una licenciatura en Ciencias Sociales, pero no la ejerció.

Tuvo varios trabajos relacionados con contabilidad y cobros. “Tuvo dos hijos con su esposa, pero enviudó. Luego conoció a otra mujer con la que convivió y tuvo una hija”, relató Liliana.

EL PRINCIPIO DE LA TRAGEDIA

Cuando estaba a punto de cumplir los 40 años, Arnold empezó a ganarse la vida como taxista. “Sus dos hijos mayores trabajan en Bogotá y su hija menor estudia Psicología en otra ciudad. Yo le preparaba sus alimentos, nunca tuvimos peleas ni problemas. Le gustaba mucho ver deportes, era fanático del Junior de Barranquilla y del Real Madrid. Nunca fumó ni estaba enfermo de los pulmones, como algunos comentaron; de lo que sí sufría era de hipertensión”, contó la hermana del taxista.

Todo indica que la tragedia tocó a la puerta del taxista el 4 de marzo, cuando transportó a dos turistas italianos dentro del perímetro urbano de la ciudad. Solo tres días después, el 7 de marzo, recuerda Liliana, empezó a sentir malestar general y le dio fiebre. Por ello se fue solo a la urgencia de Salud Total.

“Cuatro días después se fue nuevamente a la urgencia y lo remitieron a la Clínica del Mar. Me decía que estaba angustiado, que no podía respirar. Al principio mejoró, pero después fue lo mismo. Decía que el oxígeno que le colocaban no le llegaba y no podía hablar porque se agitaba y perdía la voz. Aún así, allí dejaron en manos de la fisioterapeuta el manejo pulmonar de él, pero la fisioterapeuta no es médico, hacía lo que está acostumbrada a hacer: ‘ponle esto, una nebulización’, y ya, pero nunca tuvo un neumólogo. El internista no es neumólogo, fue lo que le pusieron. Estábamos aislados en el cuarto y este tenía los avisos de peligro para que nadie entrara o se acercara. Me tocaba pelear para que los médicos lo fueran a ver. Me tocaba salir de la habitación, porque mandaban a buscar a los médicos y no venían. Si yo no salgo, se asfixia y se hubiese muerto antes”, relató Liliana.

Al taxista le hicieron la prueba del coronavirus y salió negativa, pese a tener todos los síntomas. El domingo 15 de marzo, su hermana, su cuidadora y compañía permanente, también empezó a sentirse mal. Le dio fiebre y ese mismo día la ingresaron a urgencias, en la misma clínica.

Mientras Liliana combatía con los síntomas del virus, al mismo tiempo estaba pendiente de cómo seguía su hermano. Cuenta que desde las 6 de la tarde de ese domingo, Arnold la llamó varias veces para decirle que se sentía muy mal. Ella dio varias alertas al personal médico.

“A la 1 de la mañana –del lunes 16 de marzo– mi hermano me llamó por el celular a decirme que se sentía mal y no lo atendían, cuando yo aún estaba en urgencias. Yo no aguanté más y por eso salí corriendo del cuarto. Apenas salí del cuarto, todo el personal se escandalizó y empecé a decir que por favor atendieran a mi hermano. Dejaron que la fisioterapeuta resolviera la situación de urgencia; cuando se le complicó la situación respiratoria, como la ‘fisio’ no pudo, fue cuando intervinieron los médicos y lo pasaron a la UCI; dicen ellos que lo pasaron a UCI, porque no me consta, no me informaron de nada”, explicó Liliana.

Agrega que la mañana del 16 de marzo le recomendaron aislarse en su casa y ponerse en cuarentena. “No me confirmaron si tenía coronavirus o no, pero me dijeron que existía la posibilidad”. La mujer relata que en la mañana estuvo pidiendo información de su hermano, pero no se la daban.

“Estaba en el lobby de la clínica, eran las 12:30 p. m. y yo seguía insistiendo que me dieran noticias de mi hermano, cuando me dieron la noticia de que había muerto. Me volví como loca, se me vino la película desde que empecé a llevar a mi hermano, lo veía sentado en ese bordillo. Como me iba a imaginar que mi hermano iba a terminar muerto. El dolor fue grande, pero estoy luchando contra eso para no decaer. A mí hermano debieron ingresarlo a UCI de inmediato para que tuviera un neumólogo y todos los médicos necesarios, y que a mí me dejaran en una habitación en cuarentena. Eso fue lo que debió pasar. Un médico me dijo que cuando llegó a la UCI, ya tenía los pulmones muy comprometidos”, expresó Liliana.

Compungida, la mujer debió atender las recomendaciones médicas y se marchó su casa para cumplir con la cuarentena. Dice que se siente mucho mejor y que está tomando varios medicamentos.

Dice que le es difícil recordar esa forma en que sufrió su hermano cuando decía que no podía respirar con la afectación del virus. Su hermano está muerto a causa de esto y por ello no entiende cómo muchas personas no toman en serio las medidas de precaución que han impartido las autoridades para evitar que se propague el virus.

“Mucha gente no presta atención, donde se complique la situación a Cartagena le va a pasar como el 11 de noviembre, cuando tuvieron que tomar orines y comer ratas, porque la gente no quiere obedecer. Ese jolgorio por aquí, música por allá”, dijo.

También recordó ese último anhelo que su hermano tenía: el 20 de marzo cumplía 59 años y sus dos hijos mayores lo invitaron a Bogotá. Le compraron los boletos de avión, pero murió sin poder cumplir ese anhelo.

“Estaba solo cuando murió, es demasiado triste. Si lo hubiese tenido al frente en ese momento le hubiese dicho: ‘te quiero hermano; no sabes cuánto te quiero’, aunque yo se lo demostré en vida”, concluyó Liliana.

Arnold Ricardo, taxista que murió por coronavirus.
Arnold Ricardo, taxista que murió por coronavirus.
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