Cartagena


Así les va a los vendedores en su trasegar por los barrios de Cartagena

Los vendedores de frutas y hortalizas, en época del coronavirus, son unos supermercados ambulantes que la gente espera desde bien temprano. Las cosas han cambiado, porque llegaron muchos neófitos a aumentar la oferta de quienes llevan años en esto.

ANDRÉS FRÍAS UTRIA

13 de mayo de 2020 12:00 AM

Plátano, a $1.500; 5 guineos en $1.000; 6 mangos de clase en $2.000; yuca harinosa, a $2.000 el kilo; ñame, a $3.500 el kilo; 6 limones en $1.000; aguacate, a $2.000.

Con esos pregones amanece el día en los barrios de Cartagena. Los vendedores ambulantes, algunos con tapabocas, otros con guantes, se estrellan unos a otros en las pequeñísimas calles de los barrios de la ciudad.

Son los únicos, aparte de las tiendas y supermercados, que trabajan desde bien temprano de la mañana.

Algunos ya son conocidos -los llaman caseros-; ellos responden muy elegantemente con la palabra, patrón o patrona.

(Lea: Con 79 contagiados y 1 muerto, Cartagena llega a 768 casos de COVID-19).

La pandemia del coronavirus ha obligado a que la Alcaldía decrete un aislamiento total y se han cerrado de esta manera muchas empresas, tampoco los mototaxistas, carperos, vigilantes, pintores, mecánicos, entre otros, laboran; ello ha originado una avalancha total de vendedores y vendedoras.

Algunos vendedores que toda la vida tienen como sustento diario este trabajo, aseguran que ya no les va tan bien como antes. “Compa, esto se puso duro, mira como hay el vendedor, los carperos de la playa, los mototaxistas y también los venezolanos y venezolanas, nos están quitando el trabajo por esto del coronavirus”, asegura Yamil Beleño Figueroa, villanuevero de 40 años.

Asegura que cuando comenzó la cuarentena se quedó en su casa; “pero tengo 2 hijos y todo lo que tenía se me acabó, por eso tengo que salir a buscar la plata para llevar a la casa, cómo hago, estoy ‘forrao’ con tapabocas, guantes y una muda de ropa para cuando llegue a la casa, me quito esta”, dice.

La grave situación

La verdad es que todos los vendedores llegan preparados para evitar el contagio. La situación económica es la que impulsa a estos ciudadanos, la gran mayoría de barrios vulnerables de la ciudad y otros de los municipios aledaños como Arjona, Turbaco, Arenal, Villanueva y Santa Rosa, a medírsele al trabajo. Sí, un trabajo honrado en el que el dinero se ve día a día, pero sin las prestaciones sociales, seguros, ni primas.

Eneida Rosa Taborda Anaya, otra villanuevera de 67 años, pero que se espanta solita, maniobra sus carretilla, atestada de yuca, ñame, bollo de mazorca, de coco y limpio. “Tengo 50 años de estar vendiendo aquí en Cartagena. La barriga de mis 7 hijos la pasee por las calles de estos barrios, como Los Calamares, La Campiña, Chiquinquirá, Las Gaviotas, uff, la lista es larga. Mi primera hija tiene 50 años”, recuerda entre risas.

Eneyda no representa la edad, pero sí se le observa el rostro quemado por el sol. “Antes yo ganaba, con este trabajo levanté a mis hijos. Pero ahora, con esta carrandanga de vendedores, ya no se gana mucho”.

Pepe Vargas es otro vendedor, tiene tres hijos a los que debe levantar. Antes de la cuarentena trabajaba en el Centro en turismo. “Aquello era bello”, dice.

“Me levanto diario 25 barras (25 mil pesos). Esto no da mucho, pero es algo. Es para el medio sustento. Cuando no se había metido esto del coronavirus, yo ganaba bien con el turismo en el Centro”, recuerda.

Rafael Liñán, de 26 años, otro villanuevero, tiene 2 hijos, de 6 y 5 años. Tiene la voz como un trueno y grita a todo pulmón: “Patilla, yuca sabrosa, ñame, plátano, ¿qué, no me escuchan?”.

Esa última frase parece enamorar a los clientes. “Yo me ganó 30 , a veces 40, pero tengo que pagar los pasajes. Traigo dos gorras, dos pares de guantes, dos tapabocas y una muda de ropa pa’ cambiarme antes de llegar a la casa. Compa, ese coronavirus no cree en nadie”.

En las tardes llegan a los barrios otros vendedores, la mayoría exhibiendo sus productos, como bollos, bola de chocolate, tamarindo, chicharroncitos, morcilla, queso, buñuelos de maíz verde, entre otros, con frases contagiosas. “Bollo de mazorca light, queso light, bola de chocolate light”. Es tan célebre este vendedor que a veces lo esperan y le hacen filas para comprar. Todos lo llaman Light arjonero, tiene 48 años.

“Antes yo hacía plata, pero ahora con tanto vendedor, menos mal que todo lo que yo vendo es light y mi clientela lo sabe”, dice con una seriedad infinita. Los domingos, desde temprano, se le escucha gritar: “cerdo light, la masa, los codillos, chuletas light, ¿qué no me oyen?”.

Medidas

Muchos moradores de los barrios quieren tomar algunas medidas para evitar tanta venta. “Con este virus tenemos la idea de ponerle talanquera a la calle como lo han hecho otros barrios. Así ayudamos al alcalde William Dau para detener la propagación del coronavirus porque uno no sabe quién puede traer esa infección “, asegura la gran mayoría de los habitantes del barrio Los Calamares.

“Cuando compro, lo mínimo lo lavo con buen jabón”, asegura Mónica Caicedo. “Hay que hacer el protocolo porque uno nunca sabe”, recalca.

Lo que venden

Yuca, ñame, plátano, cebolla, tomate, aguacate, papaya, patilla, guineos, corozo, pescado, ajo, pimentón, guayaba, limón, ahuyama, papas, compuesto verde, zanahoria, remolacha, suero, mango, piña, coco, cuatro filos, cerdo, bolsas para la basura, suero, bollos de mazorca, de coco y limpio, entre otros. En verdad son unos supermercados ambulantes que la gente espera desde bien temprano. Lo más barato es la papaya, el plátano, aguacate y el mango.

Lo más caro el limón, el ñame, la patilla.