“Todo tiene su final, nada dura para siempre. Tenemos que recordar que no existe eternidad”. Bien lo dijo Héctor Lavoe en su salsa. Y desde el lirismo a la ciencia y la tecnología, el adagio también se cumple. La potencia innovadora de instrumentos astronómicos como el telescopio James Webb, el más avanzado y caro jamás construido, siempre vendrá con fecha de caducidad. (Lea: ¿Se logró desviar al asteroide? James Webb y el Hubble tienen la respuesta)
La NASA y sus socios de la Agencia Espacial Alemana (DLR, por sus siglas en inglés) han decidido que es el turno de jubilación para el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja, más conocido como SOFÍA, tras 8 años de servicio.
Se trata de un avión Boeing 747SP modificado para llevar un telescopio reflector y que comenzó su desarrollo en 1996. Se entregó en 2010 y comenzó sus operaciones en 2014. Gracias a este artefacto aéreo, en 2020 se detectó agua en la superficie de la Luna. Un hito en su momento.
Durante su periodo de actividad, SOFÍA realizó observaciones de la Luna, planetas, estrellas y regiones de formación estelar además de medir campos magnéticos de distintas galaxias y detectó agua en ciertas áreas de la Luna iluminadas por el Sol, su principal misión y posiblemente su logro más importante.
No obstante, pese a todas estas misiones, un análisis de la NASA advirtió que solo llevó a cabo unos 178 artículos durante sus primeros 6 años de vida, una cantidad notablemente menor en comparación con los 900 logrados por el telescopio espacial Hubble en el mismo lapso. Con la finalización de sus actividades, la agencia espacial ahorrará una cantidad significativa de fondos.
El funcionamiento de este instrumento astronómico requería la participación de pilotos y mantenimiento constante al estar anclado a una nave por lo que solo registró unos 800 vuelos científicos. En el futuro, los datos obtenidos por SOFÍA serán expuestos en los archivos públicos de la NASA para que astrónomos de todo el mundo puedan usarlos, avanzando con el descubrimiento científico en astrofísica infrarroja.
SOFÍA siempre será recordado por haber presenciado por primera vez agua en la superficie lunar iluminada por el Sol, tal como informó la NASA el 26 de octubre de 2020. En concreto, el telescopio detectó moléculas de agua en el cráter Clavius, uno de los más grandes del astro ubicado en su hemisferio sur, que se puede ver desde la Tierra.
“Este descubrimiento desafía nuestra comprensión de la superficie lunar y plantea preguntas intrigantes sobre recursos relevantes para la exploración del espacio profundo”, expuso Paul Hertz, director de la División de Astrofísica en la Dirección de Misiones Científicas de la NASA.
Los datos obtenidos por SOFÍA se basaron en investigaciones previas que también consistieron en examinar la presencia de agua en el satélite de la Tierra, proporcionando además un nuevo modo de observar el satélite y captando la longitud de onda específica para las moléculas de agua.
Naseem Rangwala, científico del proyecto SOFÍA en el Centro de Investigación Ames de la NASA, resaltó: “Fue la primera vez que SOFÍA miraba la Luna y ni siquiera estábamos completamente seguros de si obtendríamos datos fiables, pero las preguntas sobre el agua de la Luna nos hicieron intentarlo. Es increíble que este descubrimiento surgiera de lo que no era más que una prueba”.
La jubilación de las actividades de SOFÍA por el excesivo presupuesto que requiere y el poco rendimiento científico que otorga ha sido criticada por diversas voces. Algunos mencionan que el artefacto aéreo tenía una vida útil de 20 años, pero terminaron siendo 8 los que permaneció en servicio, aunque entienden que los alemanes y la NASA les preocupe su sostenibilidad financiera al haber gastado en él cerca de US$85 millones y un porcentaje de los fondos del Centro Aeroespacial Alemán.
Entre los descontentos está Walther Pelzer, jefe de la agencia espacial alemana, quien expresó que SOFÍA es un recurso “único a nivel mundial” debido a que se modificó para contar con un orificio en su costado y acoplar el telescopio de 17 toneladas para estudiar el Universo durante los vuelos a un rango de altitudes para aprovechar la falta de vapor de agua.
Por otra parte, Paul Lucey, científico de la Universidad de Hawái, explicó que “el cierre es desafortunado para la ciencia y la exploración lunar. No hay observatorios o naves espaciales capaces de mapear la molécula de agua en la Luna iluminada”, resaltando así que no existe otro instrumento espacial que sea capaz de realizar sus misiones.

