Sí. Todo es muy bonito. Las imágenes espectaculares que el telescopio James Webb brinda maravillan a todos los interesados en el Cosmos. Haber llegado a la Luna y ahora volver a ella es una misión ambiciosa. Pensar que en unos años habrá gente que pueda decidir si embarcarse en un crucero por el Caribe o ir al Espacio es extraordinario. En todos esos ámbitos emocionantes la NASA tiene gran parte que ver. Sin embargo, no es su meta principal. (Lea: China lanzará un artefacto con el que pretende resolver los misterios del Sol)
Tanto Bill Nelson, director de la agencia espacial estadounidense, como cualquier fanático del Espacio saben que la principal motivación de la astronomía es hallar vida o lugares habitables fuera de la Tierra, mientras se conoce el origen del Universo.
El satélite, descubierto en 1789 por William Herschel, lanza al espacio enormes chorros de vapor de agua y cristales de hielo que, posteriormente, se incorporan al extenso anillo E del gigante gaseoso. El agua proviene de un océano salado oculto bajo el hielo de la luna.

Los chorros de vapor de agua y cristales de hielo.
Cassini, el reportero
La sonda Cassini de la NASA, llegada a Saturno en 2004 tras siete años de vuelo, ha documentado que las nanopartículas de dióxido de silicio, analizadas por su detector de polvo, comprueban que en el lecho oceánico las temperaturas superan los 90 grados Celsius y alcanzan valores que tal vez lleguen a los 200 grados. El pH presenta valores alcalinos.
Escenarios similares, según muchos investigadores, hay en la Tierra y donde pudo originarse la vida en regiones del fondo oceánico con condiciones muy similares a las aguas de Encélado. Ello ha puesto a la distante luna en el punto de mira de los astrobiólogos.
En las profundidades del océano Atlántico, la naturaleza ha erigido unas peculiares torres. Se alzan hasta 60 metros por encima del fondo marino, como si se tratase de los edificios abandonados de una ciudad bajo el agua. Solo los robots pueden acceder a este insólito paraje, situado a 4500 metros bajo el nivel del mar. Sus focos disipan la oscuridad eterna y revelan la existencia de todo tipo de seres vivos, especialmente crustáceos.
Según paleontólogos y biólogos marinos, este tipo de lechos marinos tienen semejanzas con el océano subterráneo de agua líquida en Encélado. “Probablemente es calentado por muchas fuentes hidrotermales, lo que desata la esperanza de la ciencia por denotar la existencia de las condiciones necesarias para la vida.

Antes de jubilarse en 2017, Cassini voló a apenas 50 kilómetros sobre la superficie de Encélado. La nave atravesó a 19.000 kilómetros por hora las enormes columnas de hielo vaporizado que escupen los géiseres que hay en el polo sur de esta luna.
Un fósforo escurridizo
En abril de 2017, la agencia espacial precisó que en la superficie de esa Luna existen géiseres y fumarolas que expulsan vapor de agua desde su océano. Según los científicos este vapor expulsaría elementos químicos entre los que se encuentra el hidrógeno, lo que haría factible la posibilidad de vida microbiana.
En el satélite hay multitud de elementos como el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno y el azufre, componentes que junto al fósforo integran el 96% del cuerpo humano; sin embargo, el fósforo ha escapado de ser detectado en Encélado.
“¿Cómo encontrar lo que no podemos ver? La estructura de Encélado es semejante al de otras lunas heladas: un núcleo rocoso cubierto de un océano de agua líquida recubierto a su vez de una capa de hielo. Científicos han creado modelos que simulan la estructura geoquímica de la Luna y así comprobar la existencia del fósforo”, precisó el periodista científico Pablo Martínez-Juarez.
Y agregó, en una publicación del medio Xataka: “En ellos han constatado que ésta el fósforo, de existir, se hallaría principalmente en la forma de ortofosfatos. Estas moléculas se mantendrían en las profundidades del océano y sería por eso que no se han detectado hasta ahora. Esta explicación es compatible tanto con los datos recogidos por Cassini como con la existencia de vida en la luna de Saturno”.
Cabe resaltar que los expertos aseguran que la vida en esta luna depende en cierta medida de la actividad geotérmica que se da en el fondo oceánico, donde se concentrarían no solo nutrientes básicos sino también la energía necesaria para la existencia de vida.
Ya hay muchas voces influyentes en el medio que piden una misión especial a Encélado. No obstante, tanto la NASA como la agencia espacial europea (ESA) están planificando solamente el envío de sondas a Júpiter, y es probable que no lleguen a su destino hasta 2030 o más adelante.
La luna es el sexto satélite más grande de Saturno con algo más de 500 km de diámetro, aproximadamente la décima parte de la de Titán, el mayor satélite del planeta.. Está cubierto por una capa de hielo reciente y limpio que refleja casi toda la luz solar que incide sobre él, por lo que la temperatura superficial es muy baja, solo alcanza los –198 °C a mediodía.
A pesar de su pequeño tamaño, tiene una amplia variedad de rasgos superficiales que van desde regiones antiguas y craterizadas a terrenos jóvenes y deformados tectónicamente que se formaron hace apenas cien millones de años.
Fue descubierto el 28 de agosto de 1789 por William Herschel, pero se sabía muy poco de él hasta que las sondas Voyager pasaron muy cerca a en la década de 1980.
