Ingenieros de la NASA desarrollan un robot con forma de serpiente concebido para atravesar terrenos extremos en misiones destinadas a otros mundos. Llamado EELS (abreviatura de Exobiology Extant Life Surveyor) -que significa anguilas en español-, el robot autónomo autopropulsado se inspiró en el deseo de buscar signos de vida en el océano que se esconde debajo de la corteza helada de la luna Encélado de Saturno. (Lea: James Webb habría descubierto un sistema planetario oculto)
El artefacto es capaz de descender por estrechos respiraderos en la superficie de Encélado que arrojan géiseres al espacio. Aunque las pruebas y el desarrollo continúan, el diseño para un destino tan desafiante ha dado como resultado un robot altamente adaptable. EELS podría elegir un curso seguro a través de una amplia variedad de terrenos en la Tierra, la Luna y mucho más allá, incluyendo arena y hielo ondulados, paredes de acantilados, cráteres demasiado empinados para los rovers, tubos de lava subterráneos y espacios laberínticos dentro de los glaciares.
“Tiene la capacidad de ir a lugares donde otros robots no pueden ir. Aunque algunos robots son mejores en un tipo particular de terreno u otro, la idea de EELS es la capacidad de hacerlo todo”, expuso Matthew Robinson, gerente de proyecto de EELS en la NASA.
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Su creación
El equipo del proyecto comenzó a construir el primer prototipo en 2019 y ha estado realizando revisiones continuas. Desde el año pasado, han estado realizando pruebas de campo mensuales y perfeccionando tanto el hardware como el software que permite que EELS funcione de manera autónoma.
En su forma actual, denominada EELS 1.0, el robot pesa alrededor de 100 kilos y mide 4 metros de largo. Está compuesto por 10 segmentos idénticos que giran, usando roscas de tornillo para propulsión, tracción y agarre. El equipo ha estado probando una variedad de roscas: de plástico impresas en 3D blancas de 20 centímetros de diámetro para probar en terrenos más sueltos, y de metal negro más estrechas y afiladas para el hielo.
El robot ha sido puesto a prueba en entornos arenosos, nevados y helados, desde Mars Yard en la NASA hasta un ‘patio de juegos de robots’ creado en una estación de esquí en las montañas nevadas del sur de California, incluso en una pista de hielo cubierta local.