La nave OSIRIS-REx inició en 2021 su regreso a la Tierra portando “la primera muestra” que se recoge de un asteroide, 60 gramos de la masa de Bennu que pueden dar pistas sobre la formación de los océanos y el Sistema Solar, explicó el experto de la NASA, Gerónimo Villanueva. Lea: Tiene pocos días en la Luna y ya el rover indio hace su primer hallazgo
Esta nave no tripulada partió de Cabo Cañaveral (Florida, EE.UU.) en 2016 con rumbo a Bennu, empezó a orbitarlo en 2018 y en cuestión de segundos “tocó tierra” y recolectó la muestra en 2020.
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OSIRIS-REx.
Después, la nave continuó dándole vueltas al asteroide hasta el 12 de mayo de 2021, y comenzó su largo viaje a la Tierra que concluirá este año.
“Hoy prendemos los motores y nos alejamos del asteroide y empezamos el camino de regreso a la Tierra”, manifestó Villanueva, astrónomo de origen argentino que trabaja en el Centro Espacial Goddard de la NASA.
La comunidad científica está ansiosa de recibir la muestra de unos 60 gramos, la cual llegará el próximo 24 de septiembre con la ayuda de un paracaídas en el desierto de Utah, Estados Unidos. Se guardará un 75% de la muestra para los investigadores del futuro.
En su regreso, la nave le dio la vuelta al Sol dos veces, cubriendo 2.300 millones de kilómetros (1.400 millones de millas) durante dos años y medio para alcanzar la Tierra.
Bennu, un asteroide clave
Hay más de un millón de asteroides conocidos en el sistema solar, pero Bennu es el candidato ideal para un estudio más detenido debido a su tamaño, composición y su proximidad a la Tierra, según la NASA.
“Ese color es porque es carbonoso y es un tipo particular de asteroides que nos habla mucho de la posibilidad de que tengan los elementos primordiales del origen del Sistema Solar”, precisó Villanueva.
Además de las muestras, también hay material fotográfico tomado desde la órbita que ayudará a entender la topografía de la superficie del asteroide y cómo el Sol impacta el comportamiento de esos cuerpos, dijo.
“Nunca nos imaginamos, pensábamos que íbamos a encontrar una superficie como lunar, el polvillo, pero es una superficie con grandes bloques de piedra y además está como largando (desprendiendo) piedras constantemente de su superficie, lo cual es impactante”, manifestó.
A diferencia de las misiones que buscan vida en Marte, la idea en este asteroide fue buscar “los elementos fundamentales del sistema solar y también entender cómo se mueven los asteroides”, indicó el argentino.
“Estamos tratando de entender de dónde vienen los océanos de nuestro planeta y también el origen de la vida en nuestro planeta (...), qué tan única es la vida y el agua”, agregó Villanueva.
Una muestra suficiente para el mundo
Sobre la recogida de muestras en 2020, Villanueva dijo que fue cuestión de segundos, porque debieron usar la energía del aterrizaje para el mismo despegue, es “tocar e irse”.
“Tenemos instrumentación tan poderosa que con 60 gramos lo podemos dividir entre 60 equipos y podemos sacar millones de mediciones”, detalló.
Explicó que históricamente se recogen miligramos de un objeto del espacio y que en esta ocasión incluso se cree que hay hasta un kilogramo, del cual se va a “preservar la mayoría para el futuro, para próximas generaciones”.
La idea es que en 50 años habrá mejores instrumentos y seguir así el modelo de las muestras tomadas en la Luna hace más de medio siglo, que hoy se analizan con instrumentos que ni “imaginábamos”, indicó Villanueva.