Simulaciones sugieren que varios agujeros negros se esconden en el cúmulo de las Híades, el más cercano a nuestro sistema solar, lo que los convertiría en los más cercanos a la Tierra jamás detectados. El estudio surge de una colaboración entre un grupo de científicos liderado por Stefano Torniamenti, de la Universidad de Padua (Italia), junto con Mark Gieles y Friedrich Anders, de la Universidad de Barcelona. Lea: Gobierno de EE. UU. vs. Elon Musk: sus cohetes no podrán lanzarse
Publicada en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, la investigación utilizó simulaciones que rastrean el movimiento y la evolución de todas las estrellas de las Híades, ubicadas a una distancia del Sol de unos 45 pársecs o 150 años luz, para reproducir su estado actual.
Los cúmulos abiertos son grupos vagamente unidos de cientos de estrellas que comparten ciertas propiedades, como la edad y las características químicas. Los resultados de la simulación se compararon con las posiciones y velocidades reales de las estrellas de las Híades, que ahora se conocen con precisión gracias a las observaciones realizadas por el satélite Gaia de la ESA.
“Nuestras simulaciones sólo pueden igualar simultáneamente la masa y el tamaño de las Híades si en la actualidad (o hasta hace poco) hay algunos agujeros negros en el centro del cúmulo”, afirma en un comunicado Stefano Torniamenti.
Las propiedades observadas de las Híades se reproducen mejor mediante simulaciones con dos o tres agujeros negros en la actualidad, aunque las simulaciones en las que todos los agujeros negros han sido expulsados (hace menos de 150 millones de años, aproximadamente el último cuarto de la edad del cúmulo) todavía pueden dar una buena coincidencia, porque la evolución del cúmulo no pudo borrar los rastros de su anterior población de agujeros negros.
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Los nuevos resultados indican que los agujeros negros nacidos de las Híades todavía están dentro del cúmulo, o muy cerca de él. Esto los convierte en los agujeros negros más cercanos al Sol, mucho más cerca que el candidato anterior (es decir, el agujero negro Gaia BH1, que está a 480 pársecs del Sol).
“Esta observación nos ayuda a comprender cómo la presencia de agujeros negros afecta a la evolución de los cúmulos estelares y cómo los cúmulos estelares, a su vez, contribuyen a las fuentes de ondas gravitacionales”, afirma Mark Gieles, miembro del Departamento de Física Cuántica y Astrofísica de la Universidad de Barcelona, donde se produjo la investigación.
“Estos resultados también nos dan una idea de cómo se distribuyen estos misteriosos objetos
por la galaxia”. El nuevo estudio es el resultado de una estrecha colaboración entre la Universidad de Padua, el ICUBB-IEEC, la Universidad de Cambridge (Reino Unido), el Observatorio Europeo Austral
(ESO) y la Universidad Nacional Sun Yat-sen (China).