En 1972 pasaron muchas cosas. En ese año, Antonio Cervantes “Kid Pambelé” ganó el primer título mundial de boxeo para Colombia cuando un noqueado Alfonso ‘Peppermint’ Frazer se abrazó a su pierna derecha. Además, en la cordillera de los Andes se estrelló el avión que transportaba a un equipo uruguayo de rugby; y Richard Nixon realizó la primera visita oficial de un presidente estadounidense a China. (Lea: El telescopio James Webb revela imágenes maravillosas de Júpiter)
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El 11 de diciembre de ese año aterrizó en la Luna la misión Apolo 17, la última vez que el hombre caminó por sus cráteres. 50 años después, la NASA tiene todo listo para lanzar el cohete más poderoso jamás construido y que se dirigirá pronto a la Luna, llevando consigo un tesoro de satélites y experimentos de radiación.
Si todo sale según lo planeado, según precisa la revista Nature, el SLS despegará de su plataforma de lanzamiento el 29 de agosto y propulsará al espacio una pequeña cápsula sin tripulación capaz de transportar astronautas. Esa cápsula, llamada Orión, volará alrededor de la Luna, más lejos que cualquier nave espacial construida para humanos, y regresará a la Tierra 42 días después.
El vuelo de prueba es crucial porque la NASA planea usar la cápsula para enviar astronautas a la Luna en los próximos años . Cuando esto suceda, será la primera vez que los humanos viajarán más allá de la órbita terrestre baja desde que los astronautas del Apolo 17 regresaron de la Luna en 1972.
Una apuesta estratósferica
Estratosférico es un término utilizado cuando algo es muy caro. Pues sí, Artemisa entra en esta categoría pues tiene un costo de 35.000 millones de dólares que para EE. UU. pasan a un segundo plano ante la apuesta de volver a poner astronautas en la Luna.
La producción del primer vuelo de prueba, Artemisa 1, asciende los 4.000 millones de dólares. El cohete, además de llevar proyectos biológicos, también transportará otras cargas útiles científicas que incluyen dos pequeños satélites que mapearán el hielo en la Luna, una vela solar que se dirigirá hacia un asteroide y maniquíes humanoides que medirán cómo la radiación afecta los órganos internos del cuerpo.
“Se llevarán a cabo algunos experimentos alrededor de la Luna y de regreso; otros serán desplegados en el espacio. Uno, un pequeño módulo de aterrizaje de Japón, incluso tiene la intención de aterrizar en la Luna: si el intento tiene éxito, la nación asiática se convertirá en la cuarta en aterrizar suavemente en la Luna”, explicó Nature.
Tras la pista del hielo
Este vuelo es el primero del programa Artemisa. Artemisa es el nombre de la hermana gemela de Apolo en la mitología griega, para indicar que es la encarnación moderna del programa Apolo de la agencia, que envió astronautas a la Luna por primera vez. Artemisa 2 llevará astronautas alrededor de la Luna, no antes de 2024. Y Artemisa 3 llevará una tripulación cerca del polo sur de la Luna; esta misión, prevista para 2025 o más tarde, incluirá a la primera mujer en pisar la superficie lunar.
En el camino, se pondrán en marcha experimentos científicos o, al menos, los científicos esperan que así sea. A las pocas horas del lanzamiento, la nave espacial desplegará diez pequeños satélites ‘cubesat’ en el espacio. Pero las baterías de cinco de estos no han sido cargadas desde que se acoplaron al cohete en Florida, en algunos casos hace más de un año. A algunos investigadores les preocupa que las baterías no tengan suficiente energía para que los cubesats comiencen a funcionar según lo planeado.
“Suponiendo que se desplieguen con éxito, dos de los cubesats mapearán el hielo en la superficie lunar, de diferentes maneras. La NASA está interesada en el hielo lunar porque conserva un registro congelado de la historia del Sistema Solar y porque podría servir como recurso para futuros exploradores humanos. Las naves espaciales en órbita ya han demostrado que las regiones polares de la Luna contienen hielo en cráteres oscuros. Artemisa 3 tiene como objetivo aterrizar a su tripulación en el polo sur para estudiar este hielo, probablemente en una de las 13 regiones designadas por la NASA como de interés. Pero los científicos lunares no saben exactamente dónde se encuentra el hielo o cuánto hay”, estableció la revista científica.
Uno de los cubesats de mapeo de hielo que se lanzará en Artemis 1 volará bajo sobre el polo sur de la Luna, buscando agua en forma de hidrógeno. Conocido como LunaH-Map, creará el mapa de neutrones de mayor resolución hasta la fecha que indica dónde se encuentra el hidrógeno. “Eso nos dirá dónde está el hielo de agua”, develó Craig Hardgrove, científico planetario de la Universidad Estatal de Arizona e investigador principal de la misión.
El segundo cubesat, llamado Lunar IceCube, mapeará el hielo usando un espectrómetro infrarrojo para buscar señales de agua en la superficie. Complementará los mapas de neutrones de LunaH-Map proporcionando otra vista de dónde se distribuye el hielo.
Otras apuestas
Un tercer cubesat es el módulo de aterrizaje japonés, llamado Omotenashi, esta nave espacial volará directamente hacia la superficie lunar y, unos cientos de metros por encima de ella, lanzará una pequeña sonda amortiguada por una bolsa de aire. La sonda caerá libremente y golpeará la superficie, luego intentará comunicarse con la Tierra y medir el entorno de radiación. Con solo 700 gramos, será el módulo de aterrizaje lunar más pequeño de la historia, según Tatsuaki Hashimoto, gerente de proyectos de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón.
Un cubesat diferente, llamado Near-Earth Asteroid Scout, se dirigirá a un asteroide en lugar de a la Luna. Desplegará una vela solar de 86 metros cuadrados, esencialmente una membrana delgada como un tejido, y navegará por el espacio utilizando la presión de la luz solar, como un barco navega con el viento. Su objetivo es un pequeño asteroide llamado 2020 GE. Si la misión llega allí con éxito, meses después del lanzamiento de Artemisa 1, el explorador volará lentamente más allá del asteroide, lo fotografiará y estudiará de qué está hecho.
Otro de los objetivos de Artemisa 1 es leer la radiación en la Luna y sus efectos en los organismos vivos. El primero de ellos será exponer un cultivo especial de levadura liofilizada. “La levadura crecerá hasta que haya consumido todo el líquido, lo que tardará unos tres días, y luego morirá. Cuando Orión regrese frente a la costa de California, los científicos recuperarán las bolsas y estudiarán cómo la exposición a la radiación afectó el ADN de la levadura”, explicó Nature.
En 2023, realizarán un experimento similar en la Estación Espacial Internacional, que está expuesta a menos radiación, para comparar los resultados. Estudiar qué genes son los más afectados y si el ADN de la levadura tiene formas de reparar el daño por radiación podría ayudar a los futuros astronautas a mantenerse saludables en viajes largos al espacio profundo. La levadura comparte el 70% de sus genes esenciales con los humanos.
Por otro lado, dos maniquíes “femeninos”, Helga y Zohar, volarán a bordo de Artemisa 1 como parte de un experimento para probar los efectos de la radiación espacial en las mujeres. Zohar usará un chaleco protector, mientras que Helga no lo hará.
El experimento, dirigido por el Centro Aeroespacial Alemán en Colonia, tiene como objetivo cuantificar mejor los efectos de la radiación en el cuerpo humano, especialmente en las mujeres, cuyos cuerpos son más vulnerables a la radiación del espacio profundo que los hombres.
El límite de radiación actual de la NASA para los astronautas, en el transcurso de su carrera, brinda a los astronautas masculinos más oportunidades de volar porque las mujeres alcanzan el umbral de exposición antes. La agencia está trabajando para adoptar un nuevo estándar que discrimine menos a las mujeres astronautas. “Eso será crucial si la NASA quiere lograr su objetivo de permitir que las mujeres se involucren más en la exploración lunar”, concluyó Nature.