Colombia

Hace un año fue dado de baja 'Alfonso Cano'

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COLPRENSA
02 NOV 2012 - 05:41 PM


Ha pasado un año luego de la muerte de Guillermo León Sáenz, alias ‘Alfonso Cano’, máximo jefe de las Farc. Desde el 4 de noviembre de 2011 el país ha venido decantando el hecho y hoy observa cómo se consolidan las consecuencias de esa baja, que marcó un quiebre en la historia del movimiento guerrillero: diálogo con el Gobierno, deserciones de insurgentes, resquebrajamiento militar y, eventualmente, una división que podría hacerles muy difícil una reunificación de fuerzas.
‘Cano’ era calificado como el ‘intelectual’ del Secretariado tradicional que comandó al grupo rebelde por décadas. Para analistas, tenía poca o nula experiencia militar y más bien era un ‘buena vida’. Seguramente eso precipitó su abatimiento en zona rural de Suárez (Cauca), luego de que fue obligado a salir de su zona conocida: El Cañón de Las Hermosas, en el Tolima. Pese a su característica de vida, ‘Cano’ privilegiaba con énfasis la vía armada para la consecución de los objetivos.
“Era un economista marxista-leninista que tenía unas convicciones y que, en tal virtud, había ingresado a las Farc”, recuerda Víctor G. Ricardo, excomisionado de paz del expresidente Andrés Pastrana, que lo conoció y trató durante el proceso del Caguán. “En su estructura mental no solo tenía los objetivos ideológicos, sino que consideraba que la lucha armada era uno de los caminos para obtenerlos”.
Ricardo corrobora esa tendencia del jefe guerrillero al rememorar la última conversación que sostuvo con él, también en el Caguán. ‘Cano’ le confesó que era enemigo de los diálogos de ese momento y que había trabajado internamente en la guerrilla para que no se sentaran a la mesa con el Gobierno: “Ante mi sorpresa y mi pregunta de por qué se oponía a los diálogos, dijo que en ese momento el Estado estaba débil, y que ellos habían dado golpes como Las Delicias, Patascoy y El Billar, en los que habían capturado a más de 500 soldados y policías. Él consideraba, en su estrategia interna, que haberlos sentado a la mesa paralizaba su acción. Por eso, no estaba de acuerdo”.
También Ricardo sostiene que el hecho de que ‘Cano’ no hubiera sido sobresaliente en la lucha armada no quiere decir que no considerara esa vía para llegar al poder, independientemente de que fuera catalogado como un intelectual.
“De ahí el comentario que me hizo en el sentido de que no estaba de acuerdo con el diálogo, porque consideraba que así se habían puesto en el congelador unas acciones que la guerrilla tenía y que se le había posibilitado al Estado mejorar la Fuerza Pública, como en efecto se hizo: dotarla, profesionalizarla y tecnificarla, que después fue lo que pudo garantizar los éxitos de las Fuerzas Militares y de Policía”, dice Ricardo.
Para John Marulanda, excomandante de la Aviación del Ejército y hoy asesor de seguridad, ‘Cano’ tenía una fama –que, según él, le dio más la prensa que la realidad– de ser un hombre citadino, que estuvo en la universidad y con capacidad de entender la problemática social e histórica del país. “La realidad es que ‘Cano’ era un guerrero muy radical y no creo que su muerte haya precipitado los actuales diálogos. Creo que los precipitaron la muerte de él y de los otros cabecillas”.
“Era un individuo que recibió una organización a la cual trató de hacerla renacer. Pero él repitió lo que los tradicionales jefes de las Farc habían hecho. Es decir, atacar por todos los medios a la Fuerza Pública, penetrar a las instituciones del Estado. Además, a él le tocó la vinculación de esa guerrilla al narcotráfico”, agrega Marulanda.
ANTES Y DESPUÉS
En todo caso, ‘Cano’ sigue siendo objeto de análisis relacionados con la verdadera incidencia que pudo haber tenido su muerte en la trayectoria de las Farc y, como consecuencia, en lo que es esa guerrilla un año después.
Para Víctor G. Ricardo, las Farc como movimiento antes de ‘Cano’ estaban fortalecidas, pero la muerte del jefe guerrillero fue un golpe militar y moral: “Hay que distinguir que las Farc son una organización político-militar, y por tanto los objetivos que tienen, independientemente de que mueran las personas, los siguen buscando tal como lo señale el Secretariado”.
John Marulanda coincide en esa idea, pero con una variación. Asegura que “las Farc son unas no solamente antes de la muerte de ‘Cano’, sino de Raúl Reyes y el ‘Mono Jojoy’, y otras después de la caída de estos tres cabecillas. Definitivamente, esas bajas le cortaron la cabeza a la culebra y la dejaron, militarmente hablando, sin C3, que es lo que en estrategia se conoce como comando, control y comunicaciones”.
“Esa muerte fue la puntilla que el Estado les clavó a las Farc. Así ese movimiento se dio cuenta de manera muy ruda de que no va a llegar al poder en Colombia por las armas. Todos estos señores que están por fuera del país decidieron negociar con el Estado y mantener un discurso, porque si no lo hacen lo que queda de sus huestes se puede desbaratar. Una división muy fuerte entre ellos va a acabar muy pronto con lo que queda de las Farc”, pronostica Marulanda.
En cambio, el general (r) Harold Bedoya, excomandante de las Fuerzas Militares, sostiene que no existen diferencias entre las Farc de antes de ‘Cano’ y las Farc después de él. “La actitud de las Farc en los gobiernos de Samper, Pastrana y Betancourt es la misma. No están detrás de alcaldías o gobernaciones, o cosas de esas. Piden una reforma total de las estructuras del Estado y que las Fuerzas Militares cesen el fuego. No han cambiado un ápice. Son exactamente lo mismo”.
EFECTO ACTUAL EN LAS BASES
Uno de los efectos más consolidado en los doce meses que han trascurrido desde la muerte de ‘Cano’ es el de la crisis de liderazgo en esa organización y las consecuencias en el estado de ánimo de las bases guerrilleras.
“Así ellos argumenten que tienen reemplazos y que todo está previsto, la realidad es que en guerra, cuando se pierde de manera sucesiva a jefes tan importantes como esos, la estructura se resiente mucho y esa es la situación actual de las Farc. Si hubiera sido solamente Cano el que hubiera desaparecido, las Farc no estarían tan mal como están ahora”, dice Marulanda.
En estas organizaciones altamente piramidales, clandestinas y dedicadas al culto de la personalidad de sus líderes, la muerte en combate de esos jefes las afecta mucho sicológicamente”, añade Marulanda, y explica que eso se debe a que se rompe el mito de la insensibilidad de los cabecillas y la invulnerabilidad de sus sistemas de seguridad. “Los deja desnudos. Saben que todos son vulnerables. Eso explica las deserciones de guerrilleros y levanta la moral de las tropas”.
“Las Farc tienen un liderazgo que es de varios”, acota el general Bedoya. “No es una sola persona la que manda. Tienen el concepto de una organización compartimentada. Si cae uno, pues seguirá otro. Si Colombia no se engrandece ante semejante problema, pues el problema se lo traga y seremos un país mafioso, un Estado fallido o criminal, que es para donde nos quieren llevar”.
Marulanda enfatiza que los cabecillas de las Farc han caído por la superioridad estratégica del Estado colombiano que es fundamentalmente la superioridad aérea. “Mientras las Farc no puedan igualar o superar esa capacidad aérea del Estado, jamás podrán pasar de lo que están ahora: un grupo en guerra de guerrillas. Y ahí se van a quedar”, asegura.
“Creo que indudablemente los muertos que han tenido las Farc son bajas militares y golpes morales que hacen que evidentemente entiendan que el camino de la lucha armada no es el apropiado para el éxito de sus ideas”, concluye Ricardo.
(Lea más sobre Alfonso Cano)

Guillermo León Sáenz, alias 'Alfonso Cano', durante las conversaciones del Caguán Colprensa / Archivo

Ha pasado un año luego de la muerte de Guillermo León Sáenz, alias ‘Alfonso Cano’, máximo jefe de las Farc. COLPRENSA

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