Luis Carlos Galán tenía claro que la visión de país que quería construir, el sueño de una Colombia nueva, debía trascender.
En febrero de 1973 rondaba en su cabeza el anhelo de servir al país aunque no tenía definida la manera cómo debía hacerlo. Ya había sido Ministro de Educación. Y ejercía como embajador en Italia. Pero quería crecer desde abajo, con toda la autoridad moral y la fuerza electoral para que su trabajo tuviera el peso suficiente para transformar la sociedad. No quería dejar cabos sueltos en ese trasegar.
"Mi primera preocupación es saber a dónde quiero llegar y, según eso, cuál de los distintos caminos es el mejor ", les decía Galán a su padre Mario y a su hermano Gabriel, en una carta, fechada el 3 de febrero, en Roma, en la que comentaba con ellos las inquietudes que lo asaltaban en esa búsqueda política, en esa en la que él quería dejar una huella.
Ya tenía criterio para opinar en diversos temas, tal como se los explicó a Mario y a Gabriel en la misma misiva: el sector educativo y especialmente la educación rural; el comercio internacional; la política exterior; la realidad de las instituciones políticas nacionales; los verdaderos intereses del sector capitalista; la Iglesia y sus contradicciones; la perspectiva de las relaciones entre los grandes bloques mundiales y la posición de América... todos eran parte de ese proyecto político que él estaba dispuesto a impulsar.
Y tomó la decisión de iniciar su actividad proselitista en Oiba, Santander, como concejal, tres años después de aquella reflexión. Lo hizo allí, en el pueblo donde nacieron los ancestros de su madre, sus tatarabuelos. Pero también como una estrategia electoral desde un municipio en el que podía sumar fuerzas liberales a su causa y vencer al anapismo.
Desde allí apoyó la segunda campaña presidencial de Carlos Lleras. Y aunque no consiguieron llegar a la Casa de Nariño, Galán se hizo senador. Lo que seguía era la Presidencia y en ese camino le arrebataron la vida ese 18 de agosto de 1989.
COHERENCIAEl exmagistrado Antonio José Lizarazo compartió con Galán en el Nuevo Liberalismo y no duda en afirmar que cuando lo escuchaba hablar, bien en la plaza pública o en otros escenarios, lo impactaba su coherencia. "Estando al lado de él pensaba que era un ser superior, porque él se transformaba en un orador inmenso... de una coherencia impresionante entre su pensamiento y su discurso. Era un hombre que decía lo que pensaba y hacía lo que decía".
La política para él, en palabras de Lizarazo, era una tarea pedagógica. Por eso en su esencia estaba la misión de formar a los ciudadanos para que participaran de manera democrática e independiente en la política. De ahí su lucha vehemente contra el clientelismo, la compra de votos y el uso de la administración para conseguir votos.
"Este país sería muy distinto si Galán hubiera ganado la Presidencia, si no lo matan. Era un hombre incansable. Vivía en función del país. Tenía un proyecto de país, de democracia, un modelo de Estado. Y toda su acción como gobernante hubiera sido en función de ese objetivo porque él se la jugaba por lo que creía. Si tenía que perder algo, lo perdía, antes de hacer transacciones contrarias a sus principios. Decía que la política no se hace para ganar, se hace para transformar y si no se es capaz de transformar no tiene ninguna importancia ganar".
