La tragedia en Amagá está lejos de terminar. Días difíciles se avecinan por el cierre de 50 minas más (ya cerraron 17) sin que aún puedan afrontar el duelo por 12 vidas perdidas en el socavón.
El rescate ajusta 10 días sin consuelo para sus familias y se prolongará más de lo estimado porque esa mina se resiste a permitir que los socorristas y sus compañeros los encuentren bajo más de 20 mil metros cúbicos de agua, lodo y carbón.
La topografía del socavón y los escasos 70 centímetros de altura conspiran para avanzar en la extracción del agua. Los rescatistas tienen que moverse arrodillados o en cuclillas con las bombas y mangueras. Ayer interrumpieron el bombeo una hora para ventilar y evitar la acumulación de gases.
La ingeniera Catalina George, gerente del grupo de salvamento de la Agencia Nacional Minera, reconoce avances menos de lo deseado. "Hemos descendido 24 metros por dificultades para extraer el agua y porque el 95 por ciento de la mina (900 metros de profundidad) tiene 70 centímetros de altura y 35 grados de inclinación". Admite que no pueden anticipar cuánto tiempo tomará encontrarlos.
Familias sin sustento
La dificultad del rescate la conoce Javier, un minero de 44 años y los últimos 30 ganándose la vida arrancándole carbón a la tierra. "En estas minas toca arrastrarse y trabajar arrodillado. Si me cuesta, que soy bajito, más a los rescatistas altos".
Sufre al saber que se queda sin trabajo por el cierre de 67 minas y se lamenta: "Este pueblo vive de la minería y centenares de familias se van a quedar sin sustento".
El alcalde de Amagá, Juan Carlos Amaya, ve días difíciles porque son 366 mineros identificados que se quedan cesantes y 1.518 personas que dependen de ellos. Insiste en que se creen zonas especiales de reserva con seguridad y así lo pedirá en reunión la próxima semana con el Ministerio de Minas.
