Bajo el lema “Quien viola un animal puede violar un niño”, fue radicado en el Congreso de la República un proyecto de ley para castigar la práctica de la zoofilia, un trastorno mental que impulsa a las personas a sostener relaciones sexuales con animales. Lea aquí: Senador David Luna: “Le dejé de creer hace mucho al presidente Petro”
La autora de la iniciativa es Esmeralda Hernández, senadora del Pacto Histórico, quien ya ha logrado la aprobación de otras propuestas en defensa de estos seres vivos, como el rescate y atención de animales en situación de desastre y la prohibición de las corridas de toros.
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“La violación de animales es un acto de crueldad espantoso, que no es delito en Colombia. Quien es capaz de esto, es un peligro para la sociedad; no lo podemos normalizar. Con la ciudadanía, he radicado un proyecto de ley para tipificar la zoofilia y condenarla”, publicó la congresista.
“Cada día son más recurrentes las denuncias por violación de animales, perro, gatos, gallinas, incluso grandes cuadrúpedos, que son sometidos a estas torturas, se les destrozan sus órganos internos, incluso son maltratados durante largos periodos de tiempo”, afirmó. Le puede interesar: Gustavo Petro le responde a Cabal por película de jóvenes torturados en Venezuela
Añadió que esto “no existe en el Código Penal como delito” y anunció que será una lucha difícil en el Congreso, pero que dará la batalla en compañía de los colectivos animalistas, bajo la premisa que de esta manera también se podrán prevenir casos de abuso contra humanos.
De acuerdo con especialistas, la zoofilia se define como “una parafilia en la cual los animales son una parte esencial de las fantasías sexuales o de la actividad sexual real de una persona. Quienes experimentan esta atracción son comúnmente referidos como zoófilos, zoofílicos o zoosexuales. Esta atracción puede manifestarse en un espectro que va desde la mera fantasía, sin acciones físicas, hasta la participación en actos sexuales con animales”.
En áreas rurales de Colombia y pueblos de la Costa Caribe son comunes los relatos de abusos de gallinas, cerdos, mascotas y burros. La industria de la pornografía, en algunos casos, también se ha encargado de comercializar dicha práctica.