Hace dos años, Jaime Antonio Rosales Gutiérrez dejó atrás su tierra, su familia y su vida en Cartagena de Indias y Colombia. No fue por elección, sino por obligación; fue por salvaguardar su vida y la de su familia.
Amenazas, extorsiones y el asesinato del comisionado en el departamento del Atlántico lo obligaron a exiliarse en Estados Unidos. Hoy, desde su cargo como director de la Comisión Latinoamericana de Derechos Humanos “Cónsules de Paz Mundial” en EE.UU., sigue luchando por la paz y la justicia, pero desde un país que lo protege de la persecución que casi le cuesta la vida.
Durante 4 años trabajó de manera desinteresada por buscar el anhelo de millones de colombianos: la paz. Paz que le fue arrebatada a pesar de haber ayudado directamente a más de 100 personas y sus familias.
Amenazas y persecución: la razón detrás de su salida de Cartagena
Rosales Gutiérrez no es solo un activista. Como líder en procesos de paz en Colombia, trabajó en acercamientos con grupos armados que buscaban deponer las armas y negociar con el gobierno. Sin embargo, sus esfuerzos no fueron bien recibidos por todos. “No eran los grupos que querían hacer la paz los que nos amenazaban, sino los que estaban en contra de que esto sucediera”, explica.
La violencia escaló cuando Elkin José Romero Cañizares, director de la sede del Atlántico de la Comisión Latinoamericana de Derechos Humanos “Cónsules de Paz Mundial”, fue asesinado en Barranquilla, el 27 de enero de 2023.
Rosales, quien dirigía la sede en Cartagena y tenía vínculos personales y laborales con Romero, se convirtió en el siguiente objetivo. “Después de matarlo, empezaron una cacería contra mí y mi familia. No teníamos opción: o huíamos, o corríamos la misma suerte”, relata el hombre de 42 años.
De activista en Colombia a defensor de derechos humanos en EE.UU.
Desde su llegada a Estados Unidos, Rosales Gutiérrez ha intentado reconstruir su vida y seguir su labor. Hace cuatro meses fue nombrado director de la Comisión Latinoamericana de Derechos Humanos en EE.UU., y ahora lidera iniciativas para proteger a los inmigrantes latinos, especialmente en tiempos de incertidumbre política.
“El panorama cambió drásticamente con las políticas migratorias de Donald Trump. Nuestra prioridad es ayudar a los latinos a legalizarse, brindar asesoría gratuita y garantizar que tengan una voz en este país”, afirma Rosales.
La Comisión ha abierto sedes en California y Florida, con planes de expansión a otros estados. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, más de 800 defensores de derechos humanos han sido asesinados en Colombia desde 2016, lo que subraya la peligrosidad de esta labor y la urgencia de apoyo internacional.

El precio del exilio: la nostalgia de un hogar que quedó en el pasado
A pesar de su posición y del reconocimiento internacional, Rosales vive con la certeza de que su vida en Colombia quedó en el pasado. “No volvería jamás”, dice sin titubeos. Aunque agradece la seguridad que EE.UU. le ha brindado, el dolor de haber sido forzado a abandonar su hogar es imborrable.
“Nos persiguieron hasta sacarnos del país. Nos quitaron todo, excepto la voluntad de seguir luchando”, concluye con la firmeza de quien ha sobrevivido a la adversidad, pero con la nostalgia de quien nunca debió haber tenido que huir.
Jaime Antonio Rosales Gutiérrez, cartagenero acérrimo, junto a sus hijos y esposa, ahora se dedica a ayudar a colombianos y latinos en busca de una solución legal y pacífica que contrarreste los conflictos e intereses malintencionados de grupos armados colombianos y latinoamericanos; quienes forzaron a migrar a miles de personas en busca del sueño americano. Le puede interesar Robert Niño vino de EE.UU. para casarse con su novia y lo mataron
La lucha por la paz continúa
La historia de Jaime Antonio Rosales Gutiérrez es el reflejo vivido de lo que ocurre en Colombia y es un recordatorio del costo social y humano de la lucha por la justicia y la paz.
Su compromiso con los derechos humanos, incluso desde el exilio, resalta la necesidad de solidaridad internacional con quienes enfrentan persecución a los líderes y activistas sociales. Por fortuna, él pudo escapar y exiliarse; y como él mismo dice: “¿Cuántos quedan atrás sin garantías ni protección del gobierno?”.
Para este administrador de comercio exterior, egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano con diplomado en habilidades gerenciales, especialista en marketing y relaciones diplomáticas internacionales, nada lo detendrá en la búsqueda de la paz.

