Luego de una intensa disputa pública y judicial, Laura Sarabia y Armando Benedetti, antiguos aliados convertidos en adversarios, fueron vistos nuevamente juntos este jueves en Cartagena durante el Congreso de Asobancaria.
Ambos participaron como ponentes en el evento que reunió a figuras clave del ámbito político, económico y financiero del país. El reencuentro fue cordial: se saludaron y se abrazaron frente a testigos, marcando un momento sorpresivo tras meses de confrontación. Días antes, en el Consejo de Ministros del martes, ya habían tenido un primer acercamiento, según reveló la periodista Darcy Quinn. Lea también:Asesinan a conductor de bus para robarle su moto: así era John Arley
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Un conflicto que escaló a los estrados judiciales
La disputa entre Sarabia, actual canciller, y Benedetti, ministro del Interior, se remonta a una serie de acusaciones cruzadas que se intensificaron en mayo. Durante una rueda de prensa en la Cancillería, dos funcionarias mostraron carpetas con portadas impresas que hacían referencia a presuntos delitos cometidos por Benedetti. Los títulos sugerían un patrón de violencia y enriquecimiento ilícito, además de posibles abusos cometidos en el exterior cuando Benedetti se desempeñaba como embajador ante la FAO.
Aunque no se han revelado oficialmente detalles adicionales, Sarabia ya ha comparecido ante la Fiscalía y estaría dispuesta a aportar más pruebas, incluyendo audios que comprometerían al ministro.
La respuesta de Benedetti: ironía y silencio
Mientras Sarabia entregaba información ante las autoridades, Benedetti asistía a un foro del Grupo Prisa. Abordado por periodistas sobre las carpetas y los nuevos audios, respondió con sarcasmo: “¿Quién es Laura?”, dijo, cubriéndose el rostro con las manos, en un gesto teatral. La actitud sorprendió, considerando su historial de respuestas agresivas y declaraciones polémicas. En el pasado, incluso desestimó a Sarabia afirmando que no sabía nada de ella “desde que dejó de ser mi secretaria”.
¿Un acercamiento estratégico?
La reciente interacción pública entre ambos ministros abre interrogantes sobre la naturaleza de este aparente deshielo. ¿Se trata de una reconciliación genuina o de una estrategia frente a la presión institucional? Lo cierto es que el caso aún no ha cerrado y podría escalar con nuevos elementos en las próximas semanas.