En el marco de la II Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) expuso los avances del Estado colombiano en uno de los puntos más sensibles del Acuerdo de Paz de 2016: la reincorporación de excombatientes a la vida civil mediante el acceso a la tierra.
Durante el encuentro, El Universal conversó con Alejandra Miller Restrepo, directora de la ARN, sobre los logros y desafíos de este proceso, los saltos históricos en la entrega de hectáreas, el enfoque colectivo de la política de tierras, el componente de género y las barreras que aún persisten en materia de estigmatización y reconciliación.
Según explicó la funcionaria, mientras en gobiernos anteriores se entregaron cerca de 800 hectáreas a firmantes del Acuerdo de Paz, en el actual Gobierno la cifra supera las 19.000 hectáreas. En el caso de Bolívar, el avance es significativo: el departamento pasó de no registrar entregas a contar con 608 hectáreas de tierra productiva, ubicadas en El Carmen de Bolívar y San Jacinto, destinadas a proyectos colectivos de reincorporación.
¿Cómo se vincula la Agencia para la Reincorporación y la Normalización a este evento internacional?
—La ARN es una entidad del Estado que se encarga de hacer el acompañamiento a quienes dejan las armas en su tránsito a la vida civil. En este momento uno de los procesos más importantes que tenemos es la reincorporación de más de 11.000 excombatientes de las FARC que firmaron el Acuerdo de Paz y que siguen comprometidos con la paz, con su palabra y con la reincorporación. Este es el punto tres del acuerdo de paz.
¿Qué relación tiene la agencia con la reforma agraria?
—Tiene dos razones fundamentales. La primera es que muchas de estas personas se fueron a la guerra por conflictos agrarios, por la concentración de la tierra. Cuando se firma el acuerdo de paz en 2016, el punto uno es la reforma rural integral, y eso los convierte también en sujetos de esa reforma. Son personas campesinas, vienen de la ruralidad del país.
La segunda razón es que la tierra es un factor de arraigo a la vida civil. Un excombatiente que tiene tierra, vivienda y familia difícilmente piensa en volver a las armas. El que está produciendo la tierra está cultivando paz.
¿Por qué se habla de un avance tan grande en este gobierno frente a los anteriores?
—Desde la firma del acuerdo de paz, en unos seis años, los gobiernos anteriores entregaron alrededor de 800 hectáreas. Este gobierno ha entregado cerca de 19.000 hectáreas. Es un salto muy grande y se debe a una decisión política clara de implementar el acuerdo de paz, entendiendo que la redistribución de la tierra está en el centro de la paz, porque la concentración de la tierra estuvo en el centro de la guerra.

¿Cómo funciona el proceso de entrega de tierras? ¿Es individual?
—No. Uno de los mayores tesoros de la reincorporación es el proceso organizativo. Tenemos más de 400 procesos colectivos: cooperativas y asociaciones productivas de firmantes del acuerdo. La ruta de acceso a la tierra es colectiva, no se entrega tierra a individuos, se entrega a colectivos productivos.
Priorizamos procesos que ya están produciendo en tierras arrendadas. Concertamos con la Agencia Nacional de Tierras la identificación de predios para esos colectivos y sus familias, para ganadería, producción de alimentos, café, cacao, miel, entre otros.
¿Cómo se trabaja la relación con las comunidades vecinas?
—A través de las agendas de reincorporación comunitaria. Estas buscan combatir la estigmatización y generar diálogos restaurativos con las comunidades cercanas. Todavía hay personas que sienten miedo de tener un firmante como vecino. Estas agendas crean puentes para avanzar hacia la reconciliación, para que las comunidades acompañen, protejan y defiendan los procesos.
¿Qué garantías existen para que las tierras sean productivas y que de verdad se utilizan para el fin para el cual fueron entregadas?
—La primera garantía es que se entregan a procesos que ya están produciendo. Además, tenemos alianzas con el Ministerio de Agricultura, la Agencia de Desarrollo Rural, el Banco Agrario y la FAO. Hay acceso a crédito con mejores tasas, apoyo técnico y proyectos productivos que fortalecen la sostenibilidad económica. Todo esto rodea la posibilidad de que la tierra sea productiva y no se abandone.
¿Qué tipo de productos están desarrollando los firmantes?
—Hay una gran diversidad: miel, cacao, café, lácteos, cárnicos, pero también bienes industriales. Hay producción textil, cerveza artesanal como La Roja, y marcas como Pasate. Es una infraestructura productiva amplia.
¿Colombia es vista como referente internacional en este proceso?
—Históricamente ha sido un mal referente por la alta concentración de la tierra, una de las más altas del mundo. Pero hoy también se está convirtiendo en un referente positivo por la implementación de la reforma agraria y el acceso a la tierra como eje de paz.
¿Cómo se incorpora el enfoque de género en la reincorporación?
—Es un eje fundamental. Trabajamos para fortalecer la participación de las mujeres en las cooperativas y para reconocer el trabajo del cuidado que realizan. Para acceder a recursos de la agencia, las asociaciones deben tener una apuesta clara por el enfoque de género. Además, apoyamos de manera directa procesos productivos liderados por mujeres firmantes del acuerdo.
¿La reincorporación incluye educación?
—Sí. Tenemos un programa de reincorporación integral con cuatro aristas: económica, social, comunitaria y política. En educación, más de 5.000 firmantes ya se han graduado de bachillerato y más de 300 están en la universidad. La educación es uno de los pilares del proceso.
—¿En qué zonas del país se han concentrado los procesos de acceso a tierra para firmantes del Acuerdo de Paz?
—Los procesos se desarrollan en los territorios donde existen cooperativas y asociaciones de firmantes que ya están produciendo. Hay una presencia importante en departamentos como Caquetá, Meta, Cauca, en el Catatumbo y en la región Caribe. En esos lugares, a partir del Fondo de Tierras, se identifican predios que permitan fortalecer los procesos productivos colectivos.
¿Qué mensaje enviar a quienes aún cuestionan estos procesos?
—La reconciliación necesita diálogo restaurativo, acompañamiento psicosocial y reconocimiento de responsabilidades. También necesitamos que los medios y los actores políticos ayuden a erradicar la estigmatización. La paz debe ser un proyecto de nación, no un motivo de señalamiento eterno.
¿Qué se lleva de este encuentro internacional?
—La certeza de que los problemas son globales: guerras, hambre, crisis climática. En ese contexto, la producción de alimentos y el acceso a la tierra serán centrales. La redistribución y democratización de la tierra serán claves para evitar que los alimentos queden en manos de unos pocos.
¿Hay proyección de seguir entregando tierras?
—Las 19.000 hectáreas salen del Fondo Nacional de Tierras. Esperamos que esta sea una política que continúe en el tiempo, porque los firmantes están en todo el país y la reincorporación necesita estabilidad y arraigo.
